San Juan ha dado un gran salto como ciudad y como provincia en los últimos años. Pero hay cosas en las que no cambiamos. Si queremos buscar culpables es importante que a veces nos miremos en un espejo.

Una ciudad la conforman muchas cosas. Digámoslo en términos concretos: San Juan ha dado un gran salto como ciudad y como provincia en los últimos años. A pesar de ser una ciudad relativamente pequeña posee un auditorio importante, un estadio moderno, el autódromo, el centro cívico, avenidas parquizadas, un moderno hospital, un museo de Bellas Artes de alto nivel, sala de convenciones, una aceptable hotelería. Pero San Juan no podría figurar entre las 215 ciudades de mejor calidad de vida ranqueadas internacionalmente. Y no podría figurar porque hay cosas que al parecer no preocupan a los sanjuaninos.

La calidad de vida de un lugar –repitámoslo-, no se mide sólo en edificios o toneladas de cemento. Es fundamental la educación de la gente que la habita, el respeto a las normas básicas de convivencia, el análisis de procesos que no están bajo nuestro poder de decisión pero en los que tenemos que jugar inteligentemente para sumarnos a las sociedades que crecen y se integran sin perder su identidad.

¿Quiere ejemplos?
El mismo conductor que circula sin el cinturón de seguridad colocado, que no respeta normas de tránsito, que intenta sobornar a un agente de tránsito para evitar una multa, cruza el límite con Chile y se transforma en un ejemplo de prudencia y responsabilidad.

El mismo ciudadano que tira papeles o colillas de cigarrillos en la calle, no lo hace en un shopping.

El mismo profesional que se conforma con una universidad mediocre, se radica en el exterior y es valorado por su nivel intelectual.

El mismo trabajador que acá se ampara en ventajas laborales incomprensibles y muchas veces injustas con otros sectores, es considerado un trabajador ejemplar super responJuan Carlos Bataller [email protected] sable y dedicado cuando se ajusta a la disciplina laboral de otras naciones.

El mismo ciudadano que exige mano dura para imponer el orden es el primero que se pone del lado de los transgresores cuando actúa la policía.

El mismo peatón que se queja porque los automovilistas no respetan sus derechos, cruza a mitad de cuadra, en lugar de hacerlo en las equinas por las sendas peatonales.

El mismo hombre común que exige mayor seguridad, argumenta que las cámaras instaladas en diferentes puntos de una ciudad constituyen una intromisión en La Ventana Intimista s s Esta nota puede leerla también en: www.batallerintimista.com.ar l www.diariolaventana.com l www.nuevodiariosanjuan.com.ar l www.fundacionbataller.org l www.sanjuanalmundo.com Viernes 28 de noviembre de 2014 15 San Juan ha dado un gran salto como ciudad y como provincia en los últimos años. Pero hay cosas en las que no cambiamos. Si queremos buscar culpables es importante que a veces nos miremos en un espejo. Juan Carlos Bataller @JuanCBataller Juan Carlos Bataller la intimidad de las personas.

El mismo sanjuanino que se enorgullece con el progreso, prefiere mirar para otro lado cuando un grupo de vándalos destroza una plaza, quema un contenedor de basura o roba plantas de la avenida de Circunvalación.

El mismo político, juez o funcionario que se indigna porque una patota de jóvenes entra en una escuela un fin de semana y rompe todo, a la vez que se lleva hasta las tizas y las láminas, se llena la boca al mismo tiempo hablando de la impunidad de los menores de edad cuando a veces un correctivo evitaría que esos jóvenes se transformen en auténticos delincuentes el día de mañana. ¿Fallamos nosotros, los ciudadanos comunes? ¿Fallan los dirigentes? ¿O están obsoletos muchos de los sistemas que rigen nuestra vida?

Usted dirá: opinar es fácil. Perfecto. Pero al menos pongamos cada tema en la mesa del debate y convoquemos a los que más saben para que discutan sin concesiones. Mientras no logremos que todos los sanjuaninos -entendamos bien, todos- hagamos carne en cada uno que tenemos cosas comunes que debemos respetar, el futuro seguirá comprometido, aunque se sigan haciendo obras.

Sarmiento gobernador pintaba personalmente con una brocha y cal el frente de su casa para intentar cambiar la mentalidad pueblerina, embellecer aquella aldea, introducir pautas de higiene. Nazario Benavidez asistía a los exámenes de los chicos de la escuela primaria en pleno mes de enero, como una forma de luchar contra el analfabetismo.

Los caminos son infinitos. Lo único que no debemos permitirnos es pensar que todos los males son culpa de otros. Si queremos buscar culpables es importante que a veces nos miremos en un espejo.

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