La idea de un sistema educativo que ofrece un largo período de formación sin vinculación con el trabajo, seguido de otro lapso igualmente extenso de desempeño profesional sin volver a la educación, está en crisis.
Cuando mis hijos mayores comenzaron la escuela primaria transitábamos los últimos años de la década de 1970. Si bien la primera red interconectada nace el 21 de noviembre de 1969, cuando se crea el primer enlace entre las universidades de UCLA y Stanford por medio de la línea telefónica conmutada, podríamos decir que recién a fines de los años 90 surge un crecimiento masivo de Internet, con un nuevo perfil de usuarios. En San Juan el uso masivo de Internet se produce ya en este siglo. ¿Qué cambió en estos años? Hace unos días se conoció el ranking Best Global Brands sobre las marcas que más cotizan en el mundo. Anote:
* La empresa que más cotiza es Apple con alrededor de 120 mil millones de dólares.
* La segunda es Google, que cotiza 107 mil millones.
* Coca Colaocupa el tercer lugar pero inmediatamente se suceden otras empresas tecnológicas como IBM, Microsoft, Sansung, Intel, Amazon, Hewlwett Packard o Facebook, algunas entremezcladas con los colosos automotrices, las japonesas Toyota, Honda y Nissan, la coreana Hunday y las alemanas Mercedes Benz, BMW, Audi, Porshe y Wolkswagen.
La mayoría de esas empresas ni soñaban con existir en los años 90, cuando mis hijos egresaron de la universidad.
Pero sigamos. Cuando yo estudiaba minería en la Industrial sólo egresamos tres técnicos. En la Facultad de Ingeniería fuimos seis los alumnos que ingresamos ese año. Quienes se recibieron tuvieron en muchos casos un destino de capataz de cantera. Sólo se salvaron los que consiguieron un cargo de profesor y ahí quedaron, congelados. Un día llegó la gran minería. Aumentó la matrícula y las empresas debieron recurrir a los alumnos de los últimos años. Varios de ellos postergaron indefinidamente sus estudios.
El país seguía andando. En los años 80, cuando mis hijos pasaban de la primaria a la secundaria, los autoservicios eran pequeños y manejados por sanjuaninos: Dilbas, José Gonzalez, Tempo. Nadie soñaba con las grandes superficies que cambiaron la forma de comercializar y que hoy dominan gran parte del mercado. De aquella época sólo sobrevivió Café América.
En los años 70 yo trabajaba en Clarín, en Buenos Aires. Escribía en una máquina Olivetti, el archivo del diario debió ser trasladado dos veces porque el edificio no soportaba el peso del material acumulado (¡es increíble lo que pesa el papel!), los corresponsales se comunicaban por teléfono mediante llamadas a larga distancia tras una espera de una o dos horas, el diario se componía en plomo, los gráficos estaban totalmente separados de la redacción y constituían un mundo de tipógrafos, linotipistas, armadores de páginas en plomo, grabadores de clishé, correctores de galera… Un mundo muy distinto al de hoy donde dominan las computadoras, impresoras láser, archivos digitales, color, mucho color, procesos integrados, periodistas que trabajan en línea a distancia (algunos a 15 mil kilómetros de distancia). No sólo eso: en estos años surgieron los diarios digitales, las redes sociales, la prensa especializada en cientos de temas, las radios y canales por internet, las transmisiones satelitales etc, etc,etc…
¿Qué quiero decir con esto? Que la vida, la economía, las formas de producir y consumir, no son una fotografía estática. Cambian constantemente. Desaparecen cada día oficios, ocupaciones, carreras. Y surgen otras reclamadas por el mercado. Por lo tanto, también cambian los conocimientos que se requiere a la gente que pretende insertarse en el aparato productivo.
¡Qué curioso! Lo que menos cambió en estos años es la educación. Un profesor está formando a un chico que ejercerá dentro de 20 años, con programas que hoy ya son 20 años viejos. Muchos de esos profesores no han tenido por décadas, contacto con el mundo real. Pasaron su vida enseñando teoría en la universidad sin saber qué pasaba en la producción.
El tema comienza a ser preocupante. Es evidente que los cambios se acelerarán en el futuro, Nos guste o no, los cambios que ya están en marcha modificarán en gran medida las formas de aprender, de enseñar, de actualizar los conocimientos y de trabajar. Igual que de un día para otro desaparecieron el linotipista, las casas que revelaban rollos fotográficos, la regla de cálculo, los telegrafistas, los lecheros puerta a puerta, también desaparecerán otros y se crearán cientos. El problema es que estamos formando a chicos que deberán desempeñarse dentro de 20 años y lo hacemos a ciegas.
Hoy la educación constituye una problemática en el ámbito mundial. Nadie está satisfecho con la oferta educativa que tiene. Todos los países están intentando transformar sus propuestas para atender los nuevos desafíos que irrumpen en la sociedad. Pero hay acuerdo general en algunos aspectos. El más concreto de todos es la seguridad de que lo importante no es lo que nos enseñan sino aprender a aprender.
Para decirlo en otras palabras. Lo que hoy en día una persona aprende en su vida escolar no le va a servir para su vida profesional mucho tiempo y deberá renovar sus conocimientos permanentemente. Por lo general, la universidad se despreocupa de los egresados. Si éste quisiera actualizar sus conocimientos, no encontrará cursos ni horarios ni programas que se ajusten a sus necesidades profesionales.
Por eso, la idea de un sistema educativo que ofrece un largo período de formación sin vinculación con el trabajo, seguido de otro lapso igualmente extenso de desempeño profesional sin volver a la educación, está en crisis.
De esta crisis se saldrá con una educación diferente, aunque ello genere rispideces, enfrentamientos sindicales, posiciones encontradas. El ex ministro de Educación Juan Carlos Tedesco sostiene que “un programa que enseñe a aprender, no sólo modifica nuestra manera de programar y diseñar la currícula sino, fundamentalmente, el papel del maestro. El docente ya no es sólo aquel que transmite la información sino quien guía el proceso de aprendizaje. Se ha modificado la naturaleza de la profesión docente”.