San Juan ha dado un gran salto hacia adelante en los últimos diez años. Pero si nos quedáramos con lo hecho hasta ahora correríamos la suerte del viajero al que se le rompe el auto en mitad del camino. No puede volver atrás ni seguir adelante.

La tentación de opinar sobre todos los temas que hacen al presente y futuro de los sanjuaninos es muy grande para un amante apasionado de este terruño, al que considera íntimamente unido a su persona, tanto por nacimiento como por elección de residencia.
De hecho, la posibilidad de agregar enfoques a los temas locales, es una aspiración cumplida a lo largo de varias décadas de ejercer la profesión de periodista.


Digamos que San Juan ha dado un gran salto hacia adelante en los últimos diez años.
Ésta era una provincia a la que muchos argentinos consideraban “inviable”. Y hoy muestra indicadores que la ubican por encima de la media nacional.
Es más, se han sentado bases para el desarrollo de actividades impensables una década atrás.


Rutas y accesos forestados, escenarios de buen nivel (Museo de Bellas Artes, Estadio del Bicentenario, Teatro, centro cívico con sus diferentes espacios, mejor hotelería) constituyen un insoslayable punto de partida para comenzar a planificar seriamente la actividad turística.
Hospitales con edificios y tecnología acorde a los tiempos, erradicación de villas miserias, cobertura social y previsional para sectores dejados a la buena de Dios en otras épocas, hablan de una preocupación por integrar a todos en un proyecto común aún cuando haya gente que se aproveche de esas buenas intenciones.


Finalmente, el planteamiento de bases importantísimas para un desarrollo auto sostenido – ruta 150, conexión con Chile, línea de 500 Kva, búsqueda de alternativas en materia energética, firmeza en la defensa de la minería como actividad fundamental en una provincia enclavada entre desiertos y montañas- hablan de un San Juan totalmente distinto en sus posibilidades, aunque varios de esos temas sean controversiales y opinables.


Pero hay otros temas que debemos plantearnos con urgencia.

El primero es la comprensión acabada de lo que significa el proceso de globalización que independientemente de nuestras opiniones, ha llegado para quedarse. Ese proceso encierra para sociedades como la nuestra grandes oportunidades pero a la vez peligros que es necesario individualizar y tratar de morigerar en sus consecuencias.

El segundo tema es la preparación de los recursos humanos con que vamos a enfrentar el accionar de los próximos años. Un tema que no podemos encarar en base a frases hechas, conceptos viejos u opiniones para quedar bien. Si lo abordamos descarnadamente tenemos que decir que San Juan muestra un marcado déficit en recursos humanos, tanto en lo que hace a emprendedores como a profesionales y operarios. Pero ese déficit pasa a ser un severo condicionante cuando se advierte que tampoco hay conciencia sobre ello en los organismos que pueden modificar la situación, entiéndase gobierno, universidades, entidades empresarias, sindicatos.

El tercer tema tiene que ver con servicios fundamentales para que esos recursos humanos puedan desarrollar su tarea. En este nuevo mundo, ya en plena evolución, es indispensable contar con una excelente conectividad (telefonía, internet); con suficiente dotación de agua y energía, con servicios básicos como caminos, aeropuertos, frigoríficos y con una universidad de excelencia que, además de formar recursos, pueda transmitir conocimientos, que investigue en serio y que, conjuntamente con el Estado, sea fuente confiable de consulta en información aplicada al trabajo y la producción.

El cuarto tema tiene que ver con la calidad de vida. Hay muchas formas de medir el nivel de vida de una población. Los indicadores más modernos ya no se basan en el producto interno o el ingreso per cápita sino que tienen en cuenta otros indicadores como la sensación de seguridad, el nivel de instrucción de los habitantes, el acceso a servicios modernos y eficientes, la brecha de ingresos entre los actores del proceso productivo, la existencia o no de corrupción pública, la previsibilidad ante el futuro (estabilidad jurídica, jubilación digna, sistema de salud de nivel).
Y en este tema se inscriben fenómenos muy preocupantes como el vandalismo urbano, la violencia en sus distintas manifestaciones, la desvalorización del principio de autoridad o las diferencias culturales cada día más evidentes, algo que parecía imposible en un país homogéneo en aspectos fundamentales como raza, idioma o religión.


El resumen sería que hemos avanzado mucho pero si nos quedáramos con lo hecho hasta ahora correríamos la suerte del viajero al que se le rompe el auto en mitad del camino. No puede volver atrás ni seguir adelante. ¿Estamos dispuestos a dar la batalla?



Compartir