La agenda nuestra de cada día parece hecha por aburridos y oscuros relatores de una realidad sin música ni escenarios, donde reinan las ambigüedades de los lugares cómodos, fáciles o placenteros.

El viernes 18 de noviembre de 1921, el gobernador Amable Jones presidió en el Teatro Estornell un acto político con la poca juventud que lo apoyaba. Esa noche, Jones dijo:

-¿Qué se advierte en esta provincia si se observa con un espíritu de sociólogo, aunque sea poco experimentado? No se ve ningún movimiento colectivo alrededor de grandes ideas, ninguna escuela, ningún cenáculo, ningún centro donde se debatan cuestiones trascendentes. Se percibe un gran movimiento de ambiciones y apetitos, el culto hipertrofiado de las pasiones, el triunfo de lo falso y del egoísmo ante el cual el Estado desaparece o es el pretexto. Esto tiene un origen lejano y no es extraño que los mayores cierren sus puertas cuidadosamente a la juventud y se encierren en su torre de prejuicios mientras los adolescentes los desdeñan o los creen inferiores...

Jones fue asesinado el 20 de noviembre de 1921. Fue el último gobernador asesinado en San Juan.


Si alguien me preguntara cuáles fueron las noticias a las que se les ha dado más importancia en los últimos tiempos, me costaría hacer un ranking.
Leo los diarios. Miro televisión. Escucho las radios. Y advierto que la agenda que nos imponen está vacía de contenidos.
Todo es superfluo, transitorio, efímero.
De todo el esqueleto noticioso restan sólo dos o tres huesos

La agenda de cada día la hacen los medios pero también el gobierno. Las organizaciones sociales pero también la cultura.
Y lamento decirlo: hemos hecho una estructura sin alma, sin vocación, absolutamente vacía de contenido.

Preferimos hablar del pete que una chica hizo a un compañero y lo subió a las redes sociales antes que investigar a fondo los cambios que se están produciendo en la sociedad y en la educación.

Publicamos los robos de cada día pero no nos interesa averiguar quiénes son los revendedores, los verdaderos dueños del negocio.

Llamamos a conferencia de prensa porque se encontraron 700 gramos de marihuana en la Terminal o nos regodeamos hablando de los centros de recuperación de adictos pero evitamos ir al hueso del tema, desenmascarar el inmenso negocio de la droga y prevenir en serio el consumo.

Creemos que no hablando de profilácticos y educación sexual, evitamos el Sida, las enfermedades infectocontagiosas y los embarazos no deseados y que todo se va a solucionar con una pastilla mágica llamada amor que, lamentablemente, no está en venta en las farmacias.

Nos parece normal que corten las calles veinte autollamados piqueteros a los que les han dado casas, jubilaciones sin aportes, planes para no trabajar y copa de leche, embromando a cientos de miles que van a trabajar cada día.

Buena parte de los políticos –y también algunos representantes eclesiásticos-, se rasgan la vestidura hablando del escándalo de la pobreza, que realmente es un escándalo pero ninguno se atreve a decir abiertamente que la pobreza ha perdido su dignidad y se ha transformado en un negocio económico y político y que hay miles que lucran con ella y apuestan a que nada cambie.

Hablamos de los viejos como si se tratara de un tema laboral o de hotelería. “¿Es bueno o malo mandarlos a un geriátrico?”. “¿Deben jubilarse a los 65 o a los 70?”

Seguimos hablando como en 1920 del ingreso libre, gratuito e irrestricto a las universidades sin tener en cuenta que el 80 por ciento de los ingresantes no termina su carrera, que se dictan algunas carreras que no tienen en absoluto futuro laboral, que estamos financiando a extranjeros que vienen a estudiar porque acá es gratis y en sus países no y que menos del cinco por ciento de la población activa de Argentina tiene un título universitario. ¿Por qué no nos planteamos en serio un proyecto de universidad ligado a un proyecto de país?

Gastamos miles de millones de pesos en medicamentos, prácticas médicas y hospitales pero nos olvidamos de hacer prevención para la salud y empezar por lo más elemental: enseñar a comer y a preparar la comida.

Creemos que la economía sufre retracción solamente porque se paralizó Pascua Lama y no advertimos que hemos perdido nuestra fuerza empresaria y laboral y ya nuestros productos no llegan a las góndolas y casi todo viene de afuera.

Se están yendo las empresas a las que se les terminó la promoción pero no averiguamos cómo se dieron los beneficios, quienes se enriquecieron con ellos y como evitar que se vayan.

Buena parte de las empresas que trabajan en San Juan (bancos, grandes tiendas, shoppings, bodegas, industrias son foráneas y hasta los gerentes vienen de afuera.

Queremos atraer turistas  pero los feriados largos cerramos el comercio y nos vamos de vacaciones


Si señores.
La agenda nuestra de cada día parece hecha por aburridos y oscuros relatores de una realidad sin música ni escenarios, donde reinan las ambigüedades de los lugares cómodos, fáciles o placenteros, aunque ello conlleve una angustiosa sensación de soledad.
Un paraíso donde reinan los reduccionistas, los simplificadores, los nihilistas, los militantes…

Necesitamos intelectuales alertas y comprometidos con su provincia y con la suerte de la humanidad, no situados de espaldas a quienes gobiernan, pero tampoco echados en los brazos de éstos; propietarios de una reserva de análisis crítico y de propuestas innovadoras a la que siempre es preciso atender.

¿Qué quieren que les diga?
Me resisto a sumarme a este coro sin voz que intenta llenar con falsetes las notas de la verdadera música.
Podemos dar mucho más de nosotros.
Pero nos está haciendo falta una inmensa purga que desaloje tanta hipocresía acumulada.

 

 

 

 

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