Los sanjuaninos hemos vivido entre la euforia y el pesimismo. Poca cabida han tenido los que basan sus análisis en la realidad. Nuestro futuro depende de éstos.

San Juan... ¿tiene futuro?
La pregunta uno la escucha a diario.
Básicamente los sanjuaninos se dividen en cinco posiciones.

»» Por un lado están los fatalistas. Es decir, los que piensan que “nada va a cambiar, acá todo seguirá igual”. Estos no son ni optimistas ni pesimistas. Creen que “nadie escapa a su destino”. Y que nuestro destino es ser un pueblo pobre y decadente.

»» Luego vienen los “buscavíctimas”. Estos no analizan la situación sino que hacen depositarios de las frustraciones a quienes están en el gobierno, cualquiera estos sean. El culpable siempre tiene nombre, llámese Bravo, Escobar, Avelín  o Rojas.

»» Por otro lado, están los verdaderos pesimistas. Son los que dicen que tenemos un sólo río —mientras Mendoza tiene cinco—, no poseemos petróleo en nuestro territorio ni se ha detectado uranio, no podemos alardear de una clase empresaria pujante (“acá sólo hay bolicheros”, se suele escuchar), tenemos una dirigencia de muy bajo nivel y que sólo busca el beneficio personal, etc. En una palabra: “En el futuro seremos sólo un departamento menor de Mendoza”, saben decir quienes adscriben a este pensamiento.

»» Luego vendrían los “optimistas fáciles”. Son los que piensan que el optimismo es un condimento. Y que si a la preparación le echamos una dosis de optimismo las cosas andarán bien. Basta con que se paguen los sueldos en término o  se radiquen algunas empresas para que la euforia los gane. “Se está produciendo un cambio fenomenal”,  afirman exultantes.

»» Finalmente, en absoluta minoría, están los “realistas”.
El realista corre el riesgo de ser confundido con un pesimista o con un optimista. A veces puede parecer oficialista y otras, opositor.
Y esto es así porque el realista parte de tres o cuatro preguntas básicas:
» ¿Cuáles son nuestras ventajas?
» ¿Cuáles nuestras desventajas?
» ¿Qué debemos cambiar?

» ¿Podemos hacerlo?


Explicada la línea de razonamiento, la pregunta inicial de esta nota, adquiere otro sentido.
—¿San Juan es viable?
—Sí, es absolutamente viable.

—¿Por qué?
—Y acá comenzamos a detallar nuestras ventajas. ¿Cómo no va a poder crecer una provincia que tiene recursos naturales, una oferta laboral y profesional amplia y no satisfecha, un mercado interno abastecido desde afuera, que ni siquiera ha incursionado masiva y seriamente en una política exportadora, que sólo agrega un 35 por ciento de valor (poco más que los salarios) a sus productos industriales, con un sector servicio (con excepción del comercio) marcadamente deficitario en su oferta...?.

—Entonces... ¿por qué el pesimismo?
Tenemos entonces que detallar nuestras desventajas. Y decir que:
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Hemos vivido aislados;
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Hemos transformado al Estado en el centro de la vida provincial;
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Hemos creído —y muchos siguen creyéndolo—  que todos podemos vivir del Estado;
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Buena parte de la clase dirigente muestra evidentes signos de inmadurez y falta de preparación;
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El empresariado que supo ser pujante ha perdido fuerza;
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La universidad ha vivido muchos años desconectada de la realidad;
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Hay una alarmante descapitalización en sectores que fueron dinámicos y con la actual estructura productiva el ahorro interno es casi nulo;
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Tenemos limitación en materia de agua para riego, de calidad en el suministro de energía y en vías de comunicación (caminos, aeropuertos, acceso al mar).

—¿Qué nos falta?
Cambiar. Y ojo: acá es cuando aparece el realista. Porque el futuro no depende sólo de nuestras ventajas o nuestras desventajas.
Depende de nuestra capacidad de cambio, de modificar actitudes, de aprovechar decididamente las ventajas.

La vida de las sociedades no puede ser una fotografía. Es una película. Es decir, las imágenes están en movimiento, se modifican a cada momento.

Cambiar significa, por ejemplo...
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Estructurar un nuevo modelo de provincia. Algo que no hará el mercado por sí solo. En los últimos años San Juan ha crecido tanto en su economía como en su infraestructura. Pero necesitamos un proceso sustentable en el tiempo, que dé respuestas a las nuevas tendencias y que asegure salarios equiparables al primer mundo.

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No podemos apostar todo a unos pocos sectores, como la minería o el agro. Eso es fácil pero insuficiente. Significa tener claras políticas industriales, agrícolas, mineras, educativas, turísticas, culturales...

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Saber que el cambio no se hace con leyes y decretos. Debe ser cultural, debe meterse en la piel de cada sanjuanino.

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Asegurarnos de tener una excelente conectividad: buena telefonía, la mejor internet. Y una universidad que forme no sólo como profesionales si no también como emprendedores a las nuevas generaciones.

Para alcanzar esto es necesario, indispensable, urgente, que los más lúcidos y con mayor capacidad de comunicación impongan los temas que debemos debatir. No podemos distraernos y caminar a la deriva. O dejar que la agenda la manejen algunos medios de difusión.
Y basta.
Si tenemos las cosas claras, sólo hay que hablar y especular menos y trabajar más.

 

 

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