Desde la edad paleolítica la gente ya tenía la posibilidad de llegar a 90 o 100 años, igual que ahora. ¿Qué cambió? El porcentaje de la población que podía llegar a estas edades.
Esto nos enfrenta a problemas sobre los que, al menos en San Juan, nadie está trabajando.

Escucho decir:
—El hombre vive cada vez más. Al ritmo que la ciencia avanza, vamos a llegar a vivir 150 años.
Le explico: nadie sabe con seguridad hasta qué edad vivían los primeros humanos, pero en general, la evolución biológica de nuestra especie, homo sapiens, durante los últimos 100.000 años ha sido mínimo, así que, podemos asumir que
desde la edad paleolítica la gente ya tenía la potencia de llegar a 90 o 100 años, igual que ahora.
¿Qué cambió?

El porcentaje de la población que podía llegar a estas edades.


Analizar las informaciones de las que se puede disponer es muy interesante. Desde la época neolítica hasta el siglo XVIII, la esperanza de vida media era probablemente más corta que durante la edad paleolítica, debido a que la vida en sociedad había aumentado considerablemente las tasas de mortalidad juvenil. El cazador—recolector ahora vivía en ciudades y ya no eran las alimañas las que lo mataban sino las epidemias (gripe, viruela, neumonía, tuberculosis, cólera, tifus, sarampión, polio) que  diezmaban más de la mitad de niños en cada generación.


Algunas estimaciones indicaban que cada mujer tenía que tener una media de 5 hijos solo para mantener el mismo nivel de población, porque 3 de los 5 no sobrevivirían hasta la edad de reproducción. Y por supuesto, cuando más hijos tenía una mujer, mayor riesgo que se enfrentaba ella a morir durante el parto.


La Universidad de Texas ha hecho estudios sobre la mortalidad y longevidad en el Imperio Romano. Llegó a conclusiones interesantes.

» » La “media esperanza” de un bebé era solo 21 años, y tenía un 36% de probabilidad de morirse antes de cumplir un año. Sin embargo, una vez cumplido los 10 años, podía esperar llegar hasta los 44, y entre los que llegaban a 20, un buen porcentaje podían vivir hasta casi los 50. Por supuesto, también había gente que vivía más de 80 años (como bien ha sido comprobado por fuentes históricas), pero solo 1 de cada 1000.
» » Los soldados romanos normalmente se alistaron a los 18 — 20 años durante un periodo de 25 años. Sólo la mitad llegaban a ver la jubilación.


A partir del siglo XIX, aumenta la esperanza de vida, principalmente debido la construcción de alcantarillas y fuentes de agua potable en las urbes grandes, mayor entendimiento de la causa y transmisión de enfermedades y un cambio de costumbres higiénicas: como lavar las manos, que reducía mucho las infecciones.

Pero la verdadera revolución no llegó hasta el siglo XX, gracias a los grandes avances de medicina y la vacunación universal de la población contra las epidemias más contagiosas.


Actualmente, la esperanza de vida a nivel mundial se situa en unos 67 años. En comparación con los 31 años a principio de siglo XX, ha sido un avance tremendo,
pero se debe principalmente a la baja de la mortalidad infantil y juvenil más que a la extensión de la longevidad.


Morir de “viejo” dejó de ser un privilegio de unos muy pocos, para pasar a ser la norma.


Si se tiene en cuenta que cada vez más gente vive más y que los mayores de 60 años duplican a los menores de 10, se impone la duda sobre si es posible sostener un sistema con tantos adultos que viven décadas luego de jubilarse.
Es que hoy en día no puede pasarse por alto que el envejecimiento de la población puede contribuir a profundizar los problemas económicos, fiscales y previsionales.


Comparemos con la actualidad: del total de las 681.055 personas que viven en San Juan, 60 mil tienen más de 65 años. O sea, una edad en la que tanto los hombres como las mujeres ya están jubilados.
De esos 60 mil, 24.500 son hombres y 35.500 mujeres.
Pero si consideramos que las mujeres se jubilan con 60 años, San Juan tiene  48.500 mujeres que superan esa edad.
En una palabra, hoy tenemos 24.500 hombres y 48.500 mujeres con edad suficiente para ser jubilados.
¿Qué papel jugarán en la sociedad del futuro esta legión de seres que ha terminado con su vida laboral?


Pero el problema no termina con un simple cálculo numérico.
Según los datos del último Censo, 7.491 personas tienen entre 80 y 84 años. Esto significa el 1,1 por ciento de la población. Si sumamos a los que superan ese límite encontramos que en nuestra provincia residen casi
10 mil personas de más de 80 años.


La pregunta es si nos estamos planteando este problema que tendrá que enfrentar la nueva generación.
Ocurre que este envejecimiento acarrea un incremento de problemas sociales, políticos, económicos y sanitarios. Por ejemplo:

» Se pueden llegar a duplicar y a triplicar los ingresos hospitalarios, con un retraso de intensidad diagnóstica y terapéutica.

»
Paralelamente, va cambiando el concepto de familia en amplios sectores de la sociedad. Habrá mucha más gente mayor viviendo sola o con limitaciones funcionales o enfermedades crónicas o mentales

»
Este problema requerirá, por consiguiente, un mayor esfuerzo de los servicios sanitarios para ofrecer a este grupo de población más alternativas tanto en residencias geriátricas, centros de día, domicilio y hospitales geriátricos que cubran esas necesidades.

»
A esto deberemos sumar el poco acceso a la seguridad social, a la salud o a los servicios sociales más básicos por parte de una creciente población de este sector. Hoy, difícilmente un jubilado pueda pagar con sus ingresos un geriátrico decente. Mucho menos, una atención domiciliaria personal.

»
¿Quién financiará esos mayores costos de atención de los ancianos? ¿Las obras sociales? ¿El Estado? ¿Cada uno deberá arreglárselas como pueda?


Independientemente de nuestras ideas de familia, de religión o de filosofía de vida, estamos ante problemas sociales con los que no nos hemos enfrentado masivamente en el pasado.




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