Todo está cambiando en el mundo. Y las comunicaciones tienen mucho que ver. Las primeras víctimas de ese cambio, paradójicamente, han sido los medios de comunicación tradicionales. El poder que representaban los medios se licuó. Cada uno lee, mira o escucha un medio distinto.

Según la Asociación de editores de Diarios Españoles (AEDE), el consumo de papel prensa está cayendo a un promedio de casi el 25 por ciento anual.

No se trata de un medio en particular. Aunque haya casos particulares donde la situación pueda ser mejor o peor, lo concreto es que la caída afecta al conjunto de la prensa gráfica, es decir, los diarios, semanarios y revistas de todo el mundo.
El periodista español José Luis Cebrián, mítico fundador de El País de España,  suele repasar estos datos: contra los 16.000 diarios que existían en Estados Unidos a principios del siglo XX hoy quedan menos de 1.500; en la Unión Europea la caída de ventas oscila entre los 500.000 y el millón de ejemplares diarios.

¿Por qué ha ocurrido esto?
En primer lugar porque el diario vende noticias viejas. La más nueva de las noticias que un señor lee a las 8 de la mañana tiene 8 o 9 horas. Algunas superan las 36 horas.
Es decir, si muere un Papa o un presidente la gente no se enterará nunca por el diario sino por la televisión, la radio, la web, la telefonía celular, los medios electrónicos o por boca de amigos.
El diario de papel ha pasado a ser un cementerio de noticias desde el momento en que los partidos de fútbol se emiten en directo, lo mismo que los acontecimientos mundiales y las catástrofes.

¿Esto significa que van a desaparecer los medios tradicionales?
No, al menos no en el corto plazo.
Pero es evidente que tienen que reinventarse. Ya perdieron la propiedad de la información. Ya no pueden armar la agenda pública. Necesitan del apoyo de todos los otros medios para difundir sus mensajes y no quedar resumidos a las noticias policiales o a ser meros comentaristas de lo que hace Tinelli o la vedette de moda.


Con los libros está pasando otro tanto.
Me contaba un amigo que le interesaba un libro que había salido en Londres la semana pasada. Pidió la edición digital a través de Amazón y la tuvo en San Juan a las 24 horas a un costo de 30 pesos.
Es evidente es que los cambios vienen más rápido de lo que imaginamos. Y están entre nosotros, aunque no nos demos cuenta.
Todo está cambiando en el mundo. Y las comunicaciones tienen mucho que ver.
Las primeras víctimas de ese cambio, paradójicamente, han sido los medios de comunicación tradicionales.
La oferta de medios ha sido tan grande en los últimos años que el poder que representaban los medios se licuó.
Ya no existen medios masivos.
Cada uno lee, mira o escucha un medio distinto.
Con lo que la era de las comunicaciones se caracteriza por la incomunicación.
Le doy un caso que todos conocemos: de tres radios que existían en San Juan hace 25 años, hemos pasado a más de cien.
El resultado es una audiencia segmentada donde un señor prefiere las noticias pero su esposa la música melódica, sus hijos optan por las que pasan rock y pop y la empleada de la casa prefiere una emisora que privilegie la música tropical.
Y el tema no termina aquí: comienzan a aparecer las radios especialmente preparadas para Internet. Una misma empresa ha lanzado 27 emisoras distintas para que el oyente tenga un “menú a la carta”.

Con la televisión sucede otro tanto. Quién contrata el servicio satelital ni siquiera se entera de lo que pasa en San Juan.
Los que optan  por el cable también muestran una imagen segmentada.

Están los que buscan una programación tipo Discovery Chanel y los que prefieren las noticias. Los que dirigen sus miradas a las películas y los que optan por los entretenimientos.
Sólo los que desistieron –por economía o gusto- de tener un sistema pago, que son alrededor de la mitad de los televidentes, se vuelca masivamente a los canales locales.


Todo el mundo de las comunicaciones está cambiando.

» Fíjese lo que ocurre con las publicaciones sobre sexo. La circulación de estas revistas convertidas en objeto de culto durante los años sesenta cayó de forma constante durante los últimos años.
Playboy tuvo un nivel de ventas de más de siete millones de números mensuales; ahora está imprimiendo dos millones. Penthouse, en tanto, de su piso máximo de cinco millones ahora saca apenas unas 500 mil piezas.

¿Quién los está matando?
Los 300 mil  sitios de sexo electrónico que componen la geografía de la web. El hombre –y también la mujer- lee y mira sexo en la computadora de la oficina.

» Lo mismo ha pasado con las revistas de deportes.
El Gráfico, una revista semanal de lectura imprescindible durante generaciones, ahora sale una vez por mes y con una tirada muy reducida.

La hirió de muerte la transmisión de los partidos en directo y los programas periodísticos de la televisión.

» Hay otros sectores de las comunicaciones que también están cambiando.

Los videos clubes –de gran auge en los años 90- tienden a desaparecer.
Hoy las películas se bajan por Internet, se ven en la televisión paga o se opta por los DVD truchos, un negocio que mueve millones de copias y que ha creado un mercado paralelo donde es más barato comprar las películas que alquilarlas en el video.

» Ni hablar de lo  que sucede en el mundo de la música.
—Yo no compro más discos, ahora bajo la música por la computadora. Incluso les regalo copias a mis amigos—, comentaba el hijo de un amigo.


En fin, el tema da para mucho.    Vamos hacia un mundo hecho a medida, un menú a la carta.
Pero no crea que todo termina ahí.
No sólo cambió el mundo de las comunicaciones  - sino que estas cambiaron todo en el mundo.
Está por desaparecer la PC, la máquina de fotos será un elemento de coleccionistas, la telefonía fija es casi un adorno en muchas casas y los chicos del mundo desarrollado van a la escuela con una tablet en lugar de una mochila cargada de libros.
Y esto recién empieza.

 

 

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