Leo los diarios. Miro televisión. Escucho las radios. Y advierto que la agenda que nos imponen está vacía de contenidos. Todo es superfluo, transitorio, efímero.

La agenda nuestra de cada día parece hecha por aburridos y oscuros relatores de una realidad sin música ni escenarios, donde reinan las ambigüedades de los lugares cómodos, fáciles o placenteros, aunque ello conlleve una angustiosa sensación de soledad.
¿Qué quieren que les diga?
Me resisto a sumarme a este coro sin voz que intenta llenar con falsetes las notas de la verdadera música.


Leo los diarios. Miro televisión. Escucho las radios. Y advierto que la agenda que nos imponen está vacía de contenidos.
Todo es superfluo, transitorio, efímero.

La agenda de cada día la hacen los medios pero también el gobierno. Las organizaciones sociales pero también la cultura.
Y lamento decirlo: hemos hecho una estructura sin alma, sin vocación, absolutamente vacía de contenido.

» Preferimos hablar del pete que una chica hizo a un alumno de la Normal antes que investigar a fondo los cambios que se están produciendo en la sociedad y en la educación.

» En lugar de hablar en serio de defensa del medio ambiente, centramos el debate en la contaminación que produce la minería.

» Publicamos los robos de cada día pero no nos interesa averiguar quiénes son los revendedores, los verdaderos dueños del negocio.

» Llamamos a conferencia de prensa porque se encontraron 700 gramos de marihuana en la Terminal o nos regodeamos hablando de los centros de recuperación de adictos pero evitamos ir al hueso del tema, desenmascarar el inmenso negocio de la droga y prevenir en serio el consumo.

» Creemos que no hablando de profilácticos y educación sexual, evitamos el sida, las enfermedades infectocontagiosas y los embarazos no deseados y que todo se va a solucionar con una pastilla mágica llamada amor pero que lamentablemente no está en venta en las farmacias.

» Nos parece normal que corten las calles veinte autollamados piqueteros a los que les han dado casas, jubilaciones sin aportes, planes para no trabajar y copa de leche, embromando a cientos de miles que van a trabajar cada día.

» Buena parte de los políticos –y también algunos representantes eclesiásticos-, se rasgan la vestidura hablando del escándalo de la pobreza, que realmente es un escándalo pero ninguno se atreve a decir abiertamente que la pobreza ha perdido su dignidad y se ha transformado en un negocio económico y político y que hay miles que lucran con ella y apuestan a que nada cambie.

» Hablamos de los viejos como si se tratara de un tema laboral o de hotelería. “¿Es bueno o malo mandarlos a un geriátrico?”. “¿Deben jubilarse a los 65 o a los 70?”.  No advertimos que ya no existe una pirámide poblacional sino un rectángulo y que hasta en este San Juan nuestro ya son miles las personas que pasan los 80 años. Tenemos que pensar en cientos de clubes, escuelas, animadores culturales, que trabajen con ellos, que les den un sentido a la existencia. Es absurdo dejarlos deambular por la vida o acallar la conciencia porque existe un asilo.

» Seguimos hablando como en 1.920 del ingreso libre, gratuito e irrestricto a las universidades sin tener en cuenta que el 80 por ciento de los ingresantes no termina su carrera, que se dictan algunas carreras que no tienen en absoluto futuro laboral, que estamos financiando a extranjeros que vienen a estudiar porque acá es gratis y en sus países no y que menos del cinco por ciento de la población activa de Argentina tiene un título universitario. ¿Por qué no nos planteamos en serio un proyecto de universidad ligado a un proyecto de país?

» Gastamos miles de millones de pesos en medicamentos, prácticas médicas y hospitales pero nos olvidamos de hacer prevención para la salud y empezar por lo más elemental: enseñar a comer y a preparar la comida.


Sí, mis amigos el gran tema de San Juan pasa por la carencia de un ámbito de debate. Y no estamos hablando de un lugar físico sino de personas e ideas.
Necesitamos intelectuales alertas y comprometidos con su provincia y con la suerte de la humanidad, no situados de espaldas a quienes gobiernan, pero tampoco echados en los brazos de éstos; propietarios de una reserva de análisis crítico y de propuestas innovadoras a la que siempre es preciso atender.

Hay debilidades profundas del pensamiento contemporáneo, sobre las que convendría reflexionar.
En nuestras sociedades hay cada vez mayor información disponible sobre los temas de interés público, lo cual debería ir de la mano con una creciente mayor capacidad analítica de los ciudadanos para entender la realidad.

Sin embargo, enfrentamos también fenómenos que entorpecen una mayor información y capacidad de examen de los ciudadanos.

» Uno es la simplificación en que a menudo incurren los medios al difundir asuntos de interés público de una manera que parece más preocupada de incrementar las audiencias o complacer al poder que los sostiene que de ilustrar verdaderamente al público.

» Otro es la tecnificación de la discusión de los asuntos públicos, la que tiene lugar en pequeños grupos estratégicos que carecen muchas veces de representatividad y no rinden cuentas a nadie.

» Finalmente, la discusión pública también se empobrece como resultado de la renuncia al uso del razonamiento por grupos o sectores que prefieren posiciones apriorísticas, o que adoptan posiciones nihilistas. En la práctica, ellos se suman a quienes siempre desconfiaron de la razón. Entre estos un ejemplo contundente son los que reducen todo a una frase: que se vayan todos.

Una de las estupideces más grandes que haya salido alguna vez de una boca humana.

 

 

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