¿Usted cree que alguna vez me fue útil saber que el Eufrates tenía 2.800 kilómetros de longitud y el Tigris nacía en Turquía? ¿Cree que fue importante el año que me pasé en la Escuela Industrial haciendo un tornillo?
Pienso en mi niñez.
Mis recuerdos me llevan a un San Juan sin televisión, sin computadoras, sin Internet, sin grabadores, sin DVD, sin video juegos ni teléfonos celulares…
Una sociedad sin obras sociales, sin deliverys, con muy pocas familias que tenían vacaciones en playas.
Recuerdo viviendas sin aire acondicionado, sin calefacción por gas natural, sin decenas de artefactos eléctricos que facilitan la vida en cada hogar.
Una ciudad que se paralizaba cuando llegaba la noche, sin transporte nocturno, sin negocios 24 horas ni grandes supermercados que atendieran los fines de semana, donde la comida se preparaba en cada casa y los alimentos tenían otro sabor antes que llegaran los transgénicos, las hormonas, la clonación.
Veo aquel San Juan sin jovencitos casi niños dueños de las madrugadas los fines de semana, vuelvo a escuchar los partidos de fútbol en la voz de Fioravanti a través de la radio y me emociono con la presencia de mi madre en casa, esperándome para servirme la leche a la salida de la escuela, revisándome el cuaderno, integrando la cooperadora escolar.
Y recuerdo también la educación de aquellos años.
Entre los buenos recuerdos, que me sirvieron para siempre, están aquellas maestras que nos hacían concursos de lectura y nos obligaron a leer y escribir correctamente.
Están también los principios de autoridad, de respeto a las jerarquías, que me fueron muy útiles en la vida profesional.
Y están los consejos de carácter ético, moral, solidarios, que se correspondían con la educación que uno traía de la casa.
Pero al mismo tiempo… ¡cuántas cosas innecesarias me hicieron estudiar!
¿Usted cree que alguna vez me fue útil saber que el Eufrates tenía 2.800 kilómetros de longitud y el Tigris nacía en Turquía?
¿Piensa que me sirvió de algo recitar que la superficie de los Estados Unidos es de 3.717.813 millas o 9.629.091 kilómetros cuadrados?
¿Cree que fue importante el año que me pasé en la escuela industrial haciendo un tornillo?
¿O aprendiendo en las clases de botánica que las partes de la flor son los sépalos, los pétalos, la corola, los estambres, las anteras, los carpelos…
¿Imagina que alguien –salvo los médicos- pueden recitar el nombre de los 206 huesos o los 650 músculos de contracción voluntaria, o músculos estriados del cuerpo humano, como yo tuve que aprender en anatomía?
¿Recuerda aquellas lecciones de historia en las que se enseñaban anécdotas de próceres de papel, alejados de cualquier contexto social o nacional junto a una historia universal plagada de emperadores crueles junto a pensadores que morían tomando cicuta.
Y ni hablar de las cosas que fueron superadas!
Cuando veo que mi teléfono celular tiene una calculadora aborrezco aquella época en la que debía hacer cálculos con mi regla, utilizar las tablas de logaritmo o pasarme un año haciendo mediciones con un teodolito cuando ahora todo lo mide el rayo laser.
Es a esta altura cuando me pregunto si la educación de hoy es la que necesitan los chicos que están naciendo o que se incorporarán al mundo laboral dentro de 20 o 25 años. También me pregunto si los educadores de hoy están preparados para enseñarle a ese chico.
¡Cuidado! Si esto no fuera así estaríamos enseñando a hacer un tornillo u obligando a que aprendan de memoria el nombre de los veinte mayores ríos de los Estados Unidos, algo que nunca usarán los chicos.
Y si alguna vez necesitan algo así lo buscarán en una ferretería o entrarán en Internet para saber cuáles son los 206 huesos del cuerpo humano.
¡Dejémonos de embromar!
Ya que estamos, le confieso cuales son las cosas que hubiera querido aprender en la escuela. Por ejemplo:
Que en la hora de gimnasia me enseñaran estilos de natación en lugar de mandarme a rendir por no poder hacer la vertical o hacerme saltar un cajón.
Que en anatomía me hubieran enseñado educación sexual para que no hubiera tantas chicas-niñas embarazadas ni tantos abortos; primeros auxilios o cómo actuar ante un posible infartado o como alimentarse en un mundo donde aumentan los desórdenes alimentarios como la bulimia, la anorexia, la obesidad, la desnutrición, en vez de hacerme recitar los 650 músculos de contracción voluntaria.
Que en la hora de música me hubieran enseñado a tocar un instrumento y cantar y en lo posible a bailar- en vez de hacerme repetir 6.752 veces la marcha Aurora.
Que en la universidad nos hubieran inculcado el espíritu emprendedor, a leer un balance, a hacer un cheque, a ser solidarios creando fuentes de trabajo para que no hubiera tantos compañeros míos que se pasaron la vida en empleos rutinarios y mal pagos.
Y, finalmente, que en lugar de tener tantos profesores que-todo-lo-sabían, hubiera tenido más docentes con experiencia de vida, con actuación en el mundo competitivo de la economía real y capacitados para enseñarme a aprender, a buscar lo que necesito, a comprender que no hay verdades eternas y que la capacitación debe ser permanente.
Sí, cosas como estas, prácticas, útiles para todos, me hubiera gustado aprender.
Un consejo final: le pido que no se guie por lo que ha leído.
El 90 por ciento de la gente no piensa como yo. Y si usted piensa así y lo dice ya saldrán a criticarlo.
Pero… ¿sabe? Uno se va poniendo viejo y al menos tiene derecho en nombre a lo que ha vivido, a decir cuál fue su experiencia en la vida.