Para el hombre común la economía es una cuestión de confianza. Y cuando pierde la confianza, es muy difícil querer solucionar los problemas con simples medidas.
Viene un amigo a la redacción y me cuenta tres casos que lo tuvieron como protagonista. Los cuento en sus propias palabras: Nadie discute que ante estas variaciones un kiosco lo tenga a 4 pesos. Pero ¿qué explicaciones me dio una joven que atendía un kiosco en la calle San Luis?
»» Caso 1
Yo compro normalmente unos caramelos sin agregado de azúcar. Los paquetes de esos caramelos estaban el año pasado a 2,50 pesos a comienzo de año y a 3 pesos al final. Este año aumentaron en algunos sitios a 3,50, en otros a 4 pesos y en un kiosco llegaron a 5 pesos.
Por si sirve de referencia señalo que en el hiper están a 3,55.
—Yo los tengo a 5 para redondear, porque no hay monedas….
—Está bien, no los voy a llevar…
—¿Y usted cree que va a cambiar el país así, fijándose en el peso que gana un kiosquero?
—No. Pero tampoco acepto los abusos.
Me decía mi amigo: ¿Cómo puedo explicarle a esa chica que está cobrando al menos un 25 por ciento por encima de los precios que tienen todos los otros kioscos?
»» Caso 2
Hoy me encontré con Juan quien la semana pasada estaba por pintar el frente de su casa.
—Suspendí la pintura.
—¿Por qué?
—Por la situación económica. Está la cosa muy fea.
—¿Te echaron del trabajo? ¿Te bajaron el sueldo?
—No pero como no sé qué va a pasar prefiero no hacer nada.
»» Caso 3
Un amigo quería comprar una casa. En el mismo barrio y con iguales comodidades, le pedían 750 mil pesos en un caso y 1.200.000 en otro.
Hasta acá las historias que me contó mi amigo.
Hace un tiempo apareció un libro que pronto se transformó en best seller. Fue escrito por George A. Akerlof, catedrático de Economía de la Universidad de California, Berkeley, galardonado con el Premio Nobel de Economía en el año 2001 y Robert J. Shiller docente de Economía en la Universidad de Yale. Su título: Animal spirits.
Para los autores, un espíritu animal, un pensamiento irracional, mueve los hilos de la finanzas mundiales. Pero, ¿cuál es ese espíritu? Confianza, miedo, fe. Actitudes inherentes al ser humano que determinan la economía global.
Los investigadores estudiaron las grandes crisis Y advirtieron que la psicología tiene un destacado rol en el devenir económico de las naciones; desde la fe ciega en un perpetuo crecimiento del precio de la vivienda hasta la injustificada confianza en productos financieros imposibles.
Dicen los autores: “solemos dar por sentado que las grandes decisiones económicas y financieras se toman desde el análisis y la observación de los datos micro y macroeconómicos. No obstante, lo cierto es que, más a menudo de lo que creemos, son factores psicológicos e irracionales, en forma de intuición, miedo, desconfianza, fe... los que están detrás de los comportamientos de economistas, financieros, políticos o inversores. Keynes bautizó a dichos factores como “Animal Spirits”.
Es una explicación.
Como ejemplo, vale una simple pregunta:
¿Qué pasaría si de pronto el mundo desconfiara de la economía de los Estados Unidos y saliera a vender los ahorros en dólares que hoy están guardados en cajas de seguridad bancarias o debajo del colchón?
No hay dudas que en pocas horas la principal potencia del mundo se quedaría sin moneda.
¿Quiere otra prueba?
Sube el precio del oro y aparecen grandes inversores en la minería aurífera.
Un día baja el precio y se paralizan proyectos.
¿Qué hizo que subiera y bajara en tan poco tiempo?
¿Quiere más?
Según los productores los grandes autoservicios tienen un colchón inmenso que les está haciendo ganar sumas millonarias.
El drama de esta influencia de la psicología es que todo se va literalmente al diablo. Estallan los precios relativos, aparecen diferencias de precios increíbles para un mismo producto, la gente deja de hacer pequeñas inversiones con lo que se pierden decenas y centenares de miles de empleos.
Se dirá: hay también elementos objetivos.
Por supuesto, si un mismo auto que costaba 319 mil pesos hace seis meses ahora se vende a 650 mil es por una política de gobierno. Si la nafta aumenta todas las semanas, es también por decisión de la política económica. Si algunos productos argentinos quedan fuera de los mercados internacionales, algo está pasando.
Tampoco es lógico que en muchos rubros de la economía estemos teniendo una altísima inflación en dólares, aunque se haya intentado eliminar el mercado informal de esa moneda. O que un kilo de lomo –producto de vacas argentinas— se venda a 90 pesos.
Estos que planteaba mi amigo son los problemas reales a nivel humano.
Mientras, los políticos y los economistas se enfrascan en interminables discusiones complejas y alejadas del hombre común.
Para el hombre común la economía es una cuestión de confianza. Y cuando pierde la confianza, es muy difícil querer solucionar los problemas con simples medidas.