La historia ya la hemos contado pero adquiere mayor valor en estos tiempos de grandes cambios e incertidumbre.
Se
llamaba «La Oriental» y llegó a tener hasta 100 carros tirados por mulas y
bueyes. Esta tropilla era la más grande que jamás existiera en San Juan y
realizaba viajes de intercambio de mercaderías y cargas entre San Juan y
Rosario, en la provincia de Santa Fe.
Su
propietario era Don Eladio Gigena a quién tamaña empresa transportadora lo
había convertido en el hombre más rico e influyente de San Juan.
El
capataz de la tropa era Eriberto Varas y cada vez que La Oriental reingresaba a
la ciudad, don Eladio salía a esperarla montado en su caballo. Y entraba a San
Juan enarbolando una bandera.
La tropilla de carros operó hasta poco después de 1885 cuando llegó el
ferrocarril a la provincia y se transformó en el gran medio de transporte entre
San Juan y el puerto.
Tanto
la historia como la fotografía me las proporcionó Jorge “Pachacho” Varas, gran
amigo de mi padre, eximio andinista y secretario de la primera embajada
argentina en Moscú, durante las gestiones de Federico Cantoni primero y
Leopoldo Bravo después.
Pachacho
era familiar de aquel capataz de La Oriental.
La historia se la transmití a mi hijo Mariano y cuando él asumió la dirección
de El nuevo Diario la hizo parte de su discurso de presentación, agregando un
concepto que ha marcado la existencia de nuestra propuesta periodística.
“Somos periodistas y tenemos que asumirnos como periodistas, cualquiera sea
la plataforma en la que nos desempeñemos. Que no nos pase como a don Eladio
Gigena y su tropa La Oriental que centró su propuesta en ser transportista
utilizando sólo carros. Hasta que llegó el ferrocarril…”
Al comienzo de estas líneas decíamos que en estos tiempos de grandes cambios
hay gente que pregunta qué profesiones o actividades pueden desaparecer.
El
ejemplo es el mismo. El transporte fue siempre transporte, sea de personas,
mercadería o datos. Y los vehículos pueden ser desde los antiguos chasquis
hasta las grandes tropillas, desde el tren hasta los buques, los camiones, los
aviones o la tecnología digital. Pero siempre habrá transporte.
-- La historia demuestra que la empresa Kodak desapareció con la
masividad de la fotografía digital. Pero no murió la fotografía. Hoy se toma un
millón de veces más fotos que en los tiempos de Kodak.
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Las queridas máquinas de escribir Olivetti o Remington
hoy son un recuerdo porque no supieron migrar a tiempo su precisión mecánica
hacia el desarrollo del software informático de consumo masivo.
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Hay casos paradigmáticos como el inmenso poder que
supo tener Blockbuster en el alquiler de videos físicos. Pero de pronto
apareció el streaming en línea y el gigante rechazó comprar Netflix en el año
2000. Hoy no existen los video clubes pero se ven muchísimas más películas en
los hogares.
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Lo mismo pasó con la telefonía móvil, devorada por las
pantallas táctiles. Y con tantas otras cosas.
En estos tiempos de cambios, hay que buscar la esencia de cada cosa y tener los
ojos bien abiertos. El viejo viento sigue soplando.
Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2206 del 22 de agosto
de 2026