De pronto el viejo Parque de Mayo se ha transformado en centro de una polémica.
Ahora se descubre que al espacio verde le han quitado una considerable porción en beneficio de algunas instituciones.
Esto es cierto.
Pero vamos a hacer un análisis en serio porque si no va a parecer que lo que se persigue es quitarle terreno a clubes que los mantienen desde hace décadas y que también cumplen una función social.
En realidad, el debate tendría que ser otro: ¿”agrandamos” este parque volviéndolo a su tamaño original, con lo que afectamos a muchas instituciones o hacemos otro gran parque?
¿Dónde?
Por ejemplo en las 900 hectáreas, propiedad del Ejército, en la zona del pedemonte, en Rivadavia, convertidos hoy en un páramo que afea lo que debería ser la zona más cotizada del Gran San Juan.

Como tantas otras cosas en nuestra provincia, el Parque de Mayo tiene tras si una historia de idas y venidas, de avances y mutilaciones, de robos y avivadas.
Pero allí está, como pequeño pulmón de una ciudad que creció desmesurada y caóticamente, dejándolo encerrado por sus cuatro costados.
Digamos que la iniciativa surgió del gobierno del coronel Carlos Sarmiento
El parque tenía originalmente casi el doble de superficie que el actual. Abarcaba 17 hectáreas, aproximadamente. “Declárase de utilidad pública con destino a un parque que se denominará Parque de Mayo, la expropiación y ocupación de los terrenos situados en el municipio de Desamparados y comprendido dentro de los siguientes limites: por el Norte, la prolongación al Oeste de la Avenida 25 de Mayo, de esta Capital, por el Sud, la calle que pasa por el frente Sud de las propiedades de Telésfora Benavidez de Sanchez y Eglantina Sanchez de Quiroga, por el Este l a avenida Las Heras y por el Oeste, el limite Este de la propiedad del Establecimiento La Germania y su prolongación al Norte”. Así decía el decreto de fecha 17 de mayo de 1910.
Como no podía ser de otra manera, el 25 de mayo de 1910, centenario de la Revolución de Mayo, se colocó la piedra fundamental del paseo.

La primera obra fue la construcción del pedestal que serviría de base para la estatua de la Libertad, réplica reducida de la colocada en el islote de Bedioe, en la bahía de Nueva York y llegada por error a San Juan, ya que su verdadero destino era San Juan de Puerto Rico. Pero como ustedes saben, los libros, los discos y las estatuas no se devuelven.
Pero pasó el centenario y el parque no pasaba de ser un rústico potrero donde se paseaban algunos burros y los perros hacían sus necesidades.
En 1916 se construyeron en piedra los escalones del pedestal del monumento al General San Martín en una rotonda que hoy ya no existe.
También ese año se construyeron los portones del parque colocados sobre la avenida Libertador pasando Las Heras hacia el oeste.
Esos portones, dicen memoriosos que suelen agrandar las cosas, eran tan imponentes como los del parque de Mendoza.
El caso es que en una de las remodelaciones de las que fue objeto el parque, los portones desaparecieron. Y nunca más se supo de ellos.
Un periodista enojado porque no recibía publicidad estatal lanzó el rumor que los portones se los había robado un viejo gobernador peronista. Y la especie creció como tantas falsedades que andan dando vueltas.
En realidad nadie sabe lo que pasó con verjas y portones aunque las versiones más creíbles indican que fueron a dar a una finca de 9 de Julio.

El correr del tiempo y a medida que los gobernantes se iban volviendo más demagogos, el parque fue recortando, disminuyendo su extensión original.
>>En 1951 se le adjudicaron al Club Inca Huasi 1.707,90 metros cuadrados del terreno. Eran tiempos en que un hombre ligado al club tenía gran predicamento con el gobernador de turno.
>>Al año siguiente el gobierno de la provincia cedió al Lawn Tennis, 6.598 metros cuadrados.
Como puede apreciarse en poco tiempo cercenaron el parque en más de 7.500 metros. A partir de ese momento sólo podrían ingresar a lo que fueron terremos públicos quienes fueran socios de los clubes.
>>Pero la historia seguiría. Y durante el gobierno cantonista se decidió construir el estadio abierto. Y le quitaron otra porción al parque al que redujeron a simple playa de estacionamiento cada vez que se realizaba un acontecimiento deportivo.
>>Luego, en los años 60, llegaría el turno al estadio cubierto y, habiendo tanto terreno disponible, se decidió también enmarcarlo en el viejo parque. Y dale que va.
>>El Hotel Sussex se hizo también en el parque. Fue residencia estudiantil y nunca recibió muchos turistas…hasta que terminó como sede de la Legislatura provincial. Al lado le instalaron el Casino, que se quedó con otra porción del ya menguado terreno. Hoy es el Museo de Bellas Artes
>>Otra mutilación fue la cesión de un terreno de 899,28 metros cuadrados ubicados en el extremo suroeste a Vialidad Provincial y posteriormente transferida a la Universidad Nacional de Cuyo para la Facultad de Ingeniería.
>>Y como si esto fuera poco, otro “influyente” logró que le dieran una porción más de terreno para instalar una confitería que luego vendió.

El caso es que el parque, nacido con 17 hectáreas hoy se encuentra reducido aproximadamente a 10 hectáreas, con lo que se fueron limitando las posibilidades de arbolado y parquización. Como puede apreciarse, no sólo los clubes fueron depositarios de terrenos.
Todo, todo lo que se hizo con el viejo parque, lo bueno y lo malo, lo hizo o lo permitió el Estado. O los gobernantes de turno.
Pero ahí está el parque. Transformado a veces en playa de estacionamiento. O en feria persa. Fue sede de la Fiesta Nacional del Vino en 1964, de una recordada Exposol, de paseo de miles de familias y amantes de la vida sana que a distintas horas recorren sus circuitos.
Como si algo faltara, en los últimos años también ha sido el objeto deseado de hábiles abogados decididos a hacerse multimillonarios a costa de los dineros públicos.