Esta entrevista a Eduardo Peñafort, licenciado en filosofía y especialistas en artes plásticas, fue extraída del libro San Juan 2035 de Juan Carlos Bataller publicado en 2013.

Eduardo Peñafort no sólo es un filósofo reconocido sino que su
experiencia como docente, su especialización en las artes plásticas, sus
incursiones en la crítica periodística y su trayectoria en diversos ámbitos, lo
transforman en un intelectual de ineludible consulta al considerar el mundo
futuro.
A diferencia con otras
entrevistas, formales, acotadas, la nota con Eduardo se basó en una charla casi
informal lo que no implica la ausencia de un
vuelo intelectual insoslayable como el lector podrá apreciar.
-¿Qué futuro avisoras para San Juan en
2035?
-Me
remito a una frase de Máximo Gorki: “¿Y qué hay en el futuro para ver? ¡lo que
quieras ver!”. Imaginar cómo será San Juan dentro de poco más de veinte años,
es saber de antemano que nuestro ejercicio oscilará entre la adivinación y el
pronóstico, pero resulta fundamental para orientar nuestra acción. La idea
resulta muy auspiciosa, puesto que ha constituido una comunidad ya que por su
intermedio se supera la ideación de futuro que realizamos individualmente en
nuestras prácticas cotidianas – incluidas, las profesionales –. La encuesta
admite respuestas en los más diversos registros desde el discurso literario
hasta las perspectivas científicas.
-Veamos…
-Mis reflexiones sobre los
futuribles tienen como antecedente una investigación ejecutada durante
2000/2003, en la que se analizó la capacidad prospectiva de la racionalidad
humana. Sus resultados fueron transcriptos en un texto que fue debatido con los
especialistas de todo el mundo para discutir el futuro del proyecto humano,
durante el II Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía.
Los estudios de futuro son un
campo especializado del saber, que cuenta con profesionales capacitados en los
aspectos más variados, como la innovación tecnológica, la economía, la
ecología, las finanzas, el armamentismo, etc., etc…. Dentro del mismo se encuentran
dos líneas: la que piensan que el presente es la causa irrevocable del futuro y
la que estima que el futuro se debe construir. ¿Cómo será el futuro? Existe un
acuerdo común en que si no se detiene la marcha de las formas de habitar el
planeta se producirá un cataclismo en un tiempo que algunos arriesgan bastante
próximo.
-Pero ese futuro se puede modificar…
-Desde mi posición se considera
fecundo idear el futuro para transformar esta tendencia. Para la
prospectiva se requiere la opinión de los especialistas – de hecho la
metodología de Delphi, uno de los recursos más utilizados en esta disciplina,
se basa en la contrastación de opiniones de personal altamente capacitado -,
pero también se tiene en cuenta la manera cómo el hombre común desea, busca,
comprende e investiga el tiempo porvenir. La corrección del presente exige la
intervención de todos.
-Bueno… siempre se dijo que son las elites las que
promueven las grandes transformaciones, no el hombre común…
-El hombre común no existe, forma
parte de grupos, sectores, estratos. La articulación de especialistas y
ciudadanos comunes es un principio ético, pero como el futuro constituye un
bien común, su construcción confronta intereses y valores. Sería absurdo pensar
que se puede eludir el conflicto presente y tratar la cuestión al margen de la
política. La prospectiva debe hacerse cargo de los conflictos entre quienes se
sienten con derecho a proponer formas de construcción de futuro.
-Hablemos de los grandes escenarios
posibles.
-Si
bien la construcción de escenarios no es mi especialidad, es necesario asumir
el riesgo de proponer algunas líneas generales posibles. Si pensamos en el
2035, los diagnósticos y pronósticos que me parecen más sólidos sostienen que
por entonces todavía perdurará el sistema capitalista, no sólo como sistema
económico, sino también como una forma de mentalidad y modo de vida. Por ello,
seguramente continuará su desarrollo irregular y atravesará las crisis cíclicas
que ya se vienen observando.
Las ciudades constituirán el medio
en el que se desarrollará la vida humana, con ello se pone de manifiesto que
ella se alejará de los ritmos naturales, será muy artificial e irrumpirán
formas de sociabilidad generadas por la existencia de la multitud y la
complejidad tecnológica creciente.
-Nada muy alejado a lo que hoy existe…
-Espere… Dentro de ella (la
ciudad) se incrustarán las urbes mediáticas. Dado el sistema de medios de
comunicación – digitales o no – ellos pasarán a conformar un entorno extendido
a la totalidad del planeta. Han surgido y están surgiendo las nuevas urbes
mediáticas, que vienen a ser un ámbito de existencia y relación social tan
absorbente y de consecuencias tan profundas como la existencia de las ciudades
tradicionales. La televisión, como medio hegemónico, e Internet como el gran
recién llegado representan los máximos exponentes de esta migración humana
hacia los ámbitos mediáticos. espacio y un nuevo tiempo, ambos diferentes de
los espacios y tiempos naturales.
-Acláreme un poco más el concepto…
-Estos nuevos espacios y estos
nuevos tiempos tienen naturaleza eminentemente simbólica y semiótica, y poseen
un marcado carácter imaginario y virtual frente al peso material que hasta
ahora han supuesto las urbes tradicionales. Este hecho es nuevo y reciente en
la historia humana, puesto que convertirá al ciudadano urbano en ciudadano
mediático, de habitante de ciudades a poblador
de medios de comunicación.
-¿Qué pasará con el mapa mundial?
-Estas crisis tienen
como efecto el deterioro de las reglas de intercambio internacional, con un
gran perjuicio para los países más aislados y con menor poderío militar. Es
posible imaginar una América Latina organizada regionalmente para afrontar el
futuro e integrarse a la economía mundial en términos superiores. A través de
esta estrategia se podrá superar el atraso tecnológico que da pie al chantaje
financiero y tecnológico – que constituye la nueva forma de dominación y
supremacía internacional.
-¿Y San Juan?
-Dado
que San Juan se ubica en una frontera, la articulación de los países
latinoamericanos le otorgará una posición relevante – dejará de ser terminal.
San Juan a través de la vía segura de comunicación y los proyectos
binacionales, que incluyen también túneles de menor jerarquía, se presenta como
un corredor entre la cuenca del Plata y el Pacífico. En ese escenario es
necesario pensar las alternativas para que la comunicación no la convierta en
un punto de inseguridad internacional, sino en un polo de desarrollo
sustentable. Allí es lógico pensar alternativas culturales que eviten los
efectos negativos que se observan en otras áreas análogas.
-¿Seguiremos siendo una provincia minera?
-Las
explotaciones mineras en algunos casos ya habrán agotado su vida útil, otras
atravesarán su mayor apogeo. Los capitales que desarrollan la actividad minera
pertenecen a los grandes centros económicos mundiales y esto requiere la construcción de un
observatorio permanente – del mismo modo que una revisión de los tratos de
intercambio, como se observa en los últimos meses -. Una parte importante de la
población no dependerá de la minería, pero hacia 2035, la Provincia adquirirá
ese perfil. Esto supone adoptar actitudes de defensa de intereses como
sociedad, imperativos que escapen a la
dirección de la ganancia privada exclusiva.

-¿Y cuáles serán los principales conflictos?
-Si bien todos los
pronósticos indican conflictos por alimentos y recursos, es posible que en este
plazo, la tecnología haya resuelto la escasez de recursos naturales y si bien
las diferencias socio-económicas alcanzarán desarrollos muy altos, las necesidades
básicas de la población se encontrarán satisfechas. Los problemas a resolver se
refieren la calidad de vida,
tales como la prolongación de la vida, el aumento de enfermedades hereditarias,
el tiempo libre, los problemas de las relaciones sociales.
- Por primera vez, podríamos decir que conviven en las sociedades
modernas, civilizaciones distintas. Entre el chico que vive en una villa y
limpia parabrisas y el chico que hace una maestría en Harvard hay dos o tres
siglos en cuanto a formación y conocimientos…
-Las grandes teorías del siglo XX
al respecto, han puesto de manifiesto la ambigüedad de la vida civilizada.
Estimo que es fundamental detenerse en la referencia a la coexistencia de
distintas civilizaciones en las sociedades modernas, puesto que despeja el
problema del otro, del diferente en sociedades conformadas por múltiples grupos
y con una variedad impensable de casos individuales.
Las civilizaciones son creaciones
conceptuales autorreferenciales pero adquieren visibilidad en el juego del
poder. Los valores se difunden, el poder se impone. El concepto de civilización
se vuelve operativo cuando permite explicar la identidad – personal y grupal –
y su lugar en la distribución del poder. Que
una civilización avance sobre otras no quiere decir que sea más moderna o más
dinámica ya que los conceptos de este tipo no pueden dilucidarse sino después
que la civilización triunfante reescribe la historia (Norberto Emmerich).
No son las civilizaciones las que se enfrentan sino la organización política de
esas civilizaciones.
-Pero la coexistencia será cada día más difícil…
-La pregunta sería más correcta si
planteara civilizaciones diferentes,
porque de este modo se reemplazaría los clásicos tres grados de la sociedad
-salvajismo/civilización/barbarie – y su imposibilidad de compartir un espacio
democrático. La distinción termina por justificar formas de organización social
en las que se extermina alguna parcialidad o se la somete a la servidumbre.
Hablar de civilizaciones en plural desordena los prejuicios de la organización
política actual y abre nuevas posibilidades para el futuro. Sin embargo, en el
contexto de los estudios de futuro es un problema ideológicamente complejo.
Huntington planteó en “El choque de civilizaciones”, que el futuro se
encontrará atravesado por conflictos entre civilizaciones distintas - su estudio
se refiere a un objeto macro y planteó 7 u 8 civilizaciones en el universo,
considerando a Latinoamérica como una de ellas -. En cada sociedad este modelo
se podría reproducir en escala.
-No dejemos de lado la posibilidad de peligros que esa
realidad implica…
-Uno de los mayores peligros es
disimular la diferencia a partir de un sistema que tienda a inmovilizarse y
reproducirse sin cambios. Esto no es posible en los tiempos largos, pero
compromete la coyuntura de generaciones. Si pensamos el futuro como un choque
de civilizaciones, partimos de la persistencia del concepto político que
distingue al amigo-enemigo, y desde esa lógica todo lo diferente es percibido
como opuesto. Dentro de las comunidades existen elites en poder y desplazados,
diferencias entre sectores e individuales. No existe un grupo que legítimamente
se identifique con la civilización y por ello las confrontaciones se producen
entre diversas escalas de valores. Si no hay posibilidad de unidad de
contradicciones, entonces se plantea una situación de guerra. El desplazamiento
hacia el eje militar en la regulación de las relaciones entre grupos es una
situación posible. El que triunfe será el que cuente con una base mayor de
fuerza militar, pero los resultados de una guerra no crean verdades éticas.
-¿Y cuál es la alternativa?
-La alternativa la constituye el
diálogo entre civilizaciones, que admita una organización social como totalidad
contradictorias. El primer paso para ello es el reconocimiento que los valores
no son abstractos y que se elaboran políticamente, esto se advierte por la
cantidad de excepciones que se plantean.
Se puede predecir que los diálogos
intercivilizaciones serán más difíciles si se realizan desde el punto de vista
de su utilidad, universalidad, racionalidad; pero que ellos se podrán orquestar
dentro de organizaciones sociales y políticas que permitan la subsistencia de
las contradicciones.
- ¿Cuáles serían los planes concretos para superar esto,
cómo nos encontraría en 2035 y quiénes deberían ejecutarlos?
-Por ahora no hay indicios de que
no sea el Estado el factor principal de identificación, puesto que el mercado
ha mostrado su incapacidad para apoyarse en principios mínimos de ética. En la
medida que las civilizaciones se agrupan detrás de un Estado central hay una
relación estrecha entre poder y civilización. Aunque se trate de
confrontaciones de culturas, ellas se resolverán en el plano interestatal –aún
en el caso de los terrorismos–. Las
civilizaciones chocan o dialogan porque tienen responsabilidad política y
centros de autoridad, en tal sentido, los estados, aunque no son los únicos,
serán protagonistas del diálogo o el choque. Se debe comprender que cada
complejo de poder (macrocivilizaciones) abarca múltiples culturas. La
coexistencia se determina desde la definición de los peligros para la
comunidad, que deben ser avizorados desde el régimen total y no exclusivamente
desde una versión del orden social. Las unidades de pertenencia pequeñas o
débiles suelen carecer de poder pero no de legitimidad, por ello forman parte
de la totalidad.
-Hábleme de pasos concretos…
-El único plan concreto que se me
ocurre se refiere al marco teórico de los planes – desde la vivienda a la
ecología, pasando por las finanzas y la organización familiar – que supone
asumir la complejidad. No se puede simplificar la realidad, porque entonces las
entidades difusas o las amenazas poco claras son demonizadas desde algún
concepto que permite resolverlas a través de una reducción a otra. Se trata sin
embargo de revertir el paradigma de superficialidad caso por caso para
arriesgar perspectivas sobre la complejidad.
- Uno de los dramas
de esta etapa es la devaluación de principios fundamentales en cualquier tipo
de sociedad: por ejemplo el de autoridad. Han perdido autoridad los padres, los
docentes, los funcionarios, los jueces, los policías. ¿Qué sociedad tendremos en
2035 según sean los pasos que demos?
-El tema de la autoridad del
futuro es uno de los más desarrollados por la literatura fantástica o los
anticipos del apocalipsis en la postemodernidad como “Blade Runner”, “Mad Max”,
“The Terminator” –. el abuso de autoridad, como resultado de la disolución
social o el avance tecnológico -. Esto parece ser un síntoma de los cambios de
época – de la monarquía a la república en Roma, del imperio al feudalismo en el
medioevo europeo, de las monarquías absolutas a las repúblicas representativas
de la modernidad -. Ciertamente en las novelas distópicas de la postguerra - “1984”, “Fahrenheit 451”, “La
naranja mecánica” – se plantea el abuso de temor al modelo del estado
soviético; en las apocaliticas postmodernas el temor radica en la
tribalización, en el dominio de un grupo de delincuentes y en el control de los
ciborg. En todos los casos, la situación actual aparece idealizada, puesto que
la autoridad estatal tiene límites, la sociedad mantiene un orden como
totalidad y se plantea la representatividad. Sin embargo, en las descripciones
sociales aparece un diagnóstico actual de la crisis de la autoridad. La
organización social actual – como toda organización – no absorbe las
inevitables diferencias del conjunto y satisface a todos los miembros.
A diferencias
de otros aspectos de la vida social, no existe una buena imagen de la autoridad
en el pasado – salvo en los pequeños tiempos y siguiendo el sentido común -. El
autoritarismo o la arbitrariedad, la anarquía o el dogmatismo constituyen la
contraimagen del control tecnotrónico, las operaciones cerebrales o el control
en el que la desobediencia y la disidencia es castigada con la muerte. En tal
caso, el presente se presenta como el mejor mundo posible. Esto debe ser
revisado.
-Mi pregunta se dirige a pensar cómo se podría plantear un
sistema donde la autoridad fuera deseable: líneas claras de autoridad y
responsabilidad, posibilidad de exigir obediencia y que se respeten los
límites.
-Creo que para pensar un futuro
sobre este tema es necesario reconocer la importancia de la autoridad y
desenmascarar el prejuicio que la autoridad tiene un sólo significado. La
definición de la autoridad no puede sostenerse sobre un modelo único. La autoridad
institucional – legado de la modernidad – plantea un poder distribuido en
relación con los roles con competencias específicas. Las estructuras de
autoridad burocráticas permiten escindir el principio de autoridad de quien la
detenta. No se trata de un sometimiento a cualquier autoridad, pero depende de
la elección y del poder de juzgar y deponer a las autoridades. Esta perspectiva
carece de eficacia en otros ámbitos donde la legitimidad no deriva del mismo
principio.
El principio epistemológico de
autoridad se refiere a una competencia que plantea una racionalidad
comunicativa muy distinta, puesto que la autoridad en este ámbito no cierra
ningún debate ni supone un sistema jerárquico estable, por ello la responsabilidad
de cada sujeto adquiere una importancia desusada en otros ámbitos.
-¿Cómo sería ese ámbito?
-En las relaciones fuertemente
emocionales lo que importa es la confianza, y sobre todo la dignidad de la
confianza garantiza que son ellos quienes pueden guiar y proteger. En estos
casos se trata de comprender la obediencia como la lealtad con uno mismo y con
el grupo de pertenencia, antes que como un resabio clánico. Se trata de
comunidades emotivo/afectivo que no resulta deseable en otros ámbitos de la
vida social.
Tal vez en las instituciones
intermedias de la sociedad civil conviene tener en cuenta que resulta más
adecuado que el mero obedecer, la formulación de reglas y el compromiso de su
cumplimiento como garantía de una organización deseable de la vida en común y
sobre las acciones que se deben llevar a cabo en las transgresiones. Lo
importante en estos casos es descubrir que la desobediencia es una
incoherencia.
-¿El poder seguirá residiendo en el Estado?
-La conversión del Estado en una
institución total fue uno de los grandes temores de la post-guerra. Pero ahora
se avizora la creación de la sociedad como institución social a partir de los
medios de comunicación social y los fenómenos conexos. Esto constituye un
verdadero desafío para la educación formal e informal: mantener un espíritu
crítico frente al poder omnímodo de las comunicaciones y su apelación
permanente a valores que resultan equívocos.
-Nuestras universidades están formando profesionales con
conocimientos pero sin valores arraigados. De nuestras universidades salen los
dirigentes, los magistrados, los funcionarios, los empresarios. ¿Qué
transformaciones debería hacer la educación con vistas a 2035?
-Entiendo que un aporte sustancial para la educación del futuro lo constituyen
las propuestas de Edgar Morin, por este motivo, mi respuesta consistirá en una
paráfrasis de los problemas que el autor considera que deben estar en la agenda
educativa de cualquier nivel y en las modalidades formal/informal.
Para proponer un nuevo sistema
educativo – resulta evidente que el actual es insuficiente para atender las
necesidades y exigencias de la sociedad – se debe distinguir entre los aspectos
microsistémicos (materias, técnicas, niveles) y los macrosistémicos (relación
del sistema educativo con la conflictividad social y el futuro de
sociedad/especie).
Para plantear el nuevo sistema
educativo es imprescindible:
●
Incrementar los estudios sobre las bases cerebrales, mentales y culturales del
conocimiento, puesto que el desarrollo científico permite avanzar en la
identificación del error y la ilusión.
●
Desarrollar la aptitud natural de la inteligencia humana para ubicar todas sus
informaciones en un contexto y en un conjunto que otorgue sentido.
●
Orientar el Curriculum para que se tienda a reunir y organizar los
conocimientos de todas las ciencias. Dado el cúmulo de los mismos es necesaria
su clasificación para formular los bloques pertinentes para los diversos fines.
●
Fortalecer la identidad terrenal, mostrando que las crisis y el bienestar
planetario afectan a todos, puesto que la tierra se ha convertido en una
comunidad de destino.
● La
comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana, por ello
constituye una finalidad ineludible de las acciones educativas no sólo
escolarizadas.
●
Entender el aspecto ético de la democracia como control del individuo por la
sociedad y de la sociedad por el individuo.
PERFIL
Eduardo Peñafort es licenciado en Filosofía, egresado de la Universidad de Cuyo. Docente/investigador categoría 1. Es Director del Instituto de Filosofía de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan. Ejerce las cátedras de Estética y Hermenéutica, ha sido profesor de Lingüística y Semiótica y de Historia del Pensamiento Filosófico Argentino, Historia de las Ideas y Crítica de Arte. Vicedirector del Programa Universitario para Adultos, miembro de Comisiones Creadoras de Maestrías en San Juan y Córdoba, Director de proyectos científicos, integrante de tribunales docentes, Director de becarios, ha sido Secretario Académico de la Facultad de Filosofía de la Universidad de San Juan, Secretario del Congreso Internacional de Filosofía en San Juan en 2007 y del Congreso Internacional de Ciencia Política. También es miembro correspondiente por San Juan de la Academia Nacional de Bellas Artes.Ha publicado libros y numerosos artículos, tanto de temas filosóficos como de cine y artes plásticas. Columnista de El Nuevo Diario, Peñafort fue subsecretario de Cultura de la provincia de San Juan.