Escribe: Juan Carlos Bataller - Ilustración Miguel Camporro

Si uno analiza cuáles fueron los períodos de mayor crecimiento de San Juan y del país, advierte que coinciden con las etapas de mayor inmigración.
—¿Nos dice algo eso?
Cambiemos la pregunta:
—¿A qué venían los inmigrantes?

La respuesta, en la inmensa mayoría de los casos, es la misma: a buscar un destino mejor, a hacer dinero. Y para lograrlo no repararon en horas de trabajo ni esfuerzos.
Ordenemos estos elementos sueltos y tendremos este resultado: cuando vino gente de afuera, con deseos de trabajar mucho y hacer dinero, el país creció.
Ninguno de nuestros abuelos vino a la Argentina para tener un empleo cómodo.
Es más, los que llegaron sin capital comenzaron a trabajar para terceros pero inmediatamente pudieron, se independizaron.

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Haga un repaso y advertirá cómo detrás de gran parte de los viñateros, los comerciantes, los industriales, los empresarios en general, hay un “abuelo gringo”.
Casi todas las empresas hoy existentes en San Juan las hicieron los “gringos” que llegaron en el siglo XX, sean estos italianos, españoles, árabes, judíos o europeos del este.

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Hace poco leía algunas publicaciones sanjuaninas de los años 20. Y cuando se referían a los empresarios —la vitivinicultura estaba en franco crecimiento—, los llamaba “pioneers” o pioneros.
Y no era para menos: más de la mitad de las empresas florecientes estaban en manos de “gringos” llegados hacía cinco, diez o quince años. Algunos eran analfabetos. Otros, ni siquiera hablaban bien el idioma español.
Algunos habían comenzado con una valija vendiendo ropa o cosméticos en el campo y ya estaban establecidos con tiendas en el centro.
Otros empezaron como contratistas, luego compraron tierras incultas e hicieron maravillosas propiedades.
Y oiga: eran tiempos en los que la energía eléctrica no llegaba al campo, los tractores no existían, los caminos eran de tierra y a veces ni siquiera estaba el puente para cruzar el río.

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Así crecimos.
Hasta que un día todo cambió.
¿Qué pudo ocurrir para que aquel espíritu pionero desapareciera?
Las explicaciones pueden ser muchas.
>Algunos las buscan por el lado de los dirigentes y sostienen que políticos y militares se las ingeniaron para matar aquel espíritu y transformarlo en otro, de seres enfrentados “al capital”, amantes del empleo público o del cargo político.

>Otros, en cambio, sostienen que el pionero, que conoció la miseria y el trabajo inmenso, en lugar de transmitir a sus descendientes esa fuerza interior, los quiso “doctores”, viviendo en las ciudades, gozando del confort. Y por eso son pocas las empresas que en San Juan han durado tres generaciones.

>Finalmente están los que piensan que aquella fuerza del pionero alcanzaba para poner en marcha la empresa. Pero el mundo de los negocios se fue haciendo cada día más complicado. Y comenzaron a faltar los conocimientos, la capacidad de organización, los contactos para advertir lo que pasaba fuera de los límites de la provincia, del país. Cambiaron las formas de producir, los modos de comercializar, las relaciones de poder. No bastaba ya con el trabajo y el esfuerzo.

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Lo concreto es que hoy tenemos caminos, puentes, viviendas confortables, tractores, energía, agua, computadora, teléfono inteligencia artificial y decenas de miles de profesionales. Pero poco queda de aquel espíritu pionero, de aquella fuerza para hacer crecer un país, una región.
Y acá estamos.
Recrear aquel viejo espíritu va a costar.
Porque igual que no se perdió de la noche a la mañana, tampoco se recuperará de la mañana a la noche.

Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2203 del 1 de agosto de 2026