Esta entrevista a Antonio De Tommaso, licenciado y doctorado en Trabajo Social, fue extraída del libro San Juan 2035 de Juan Carlos Bataller publicado en 2013.

Desde hace varios años Antonio De Tommaso viene destacándose como un certero encuestador, tarea para la que el instituto que conduce —el IOPPS—es contratado en San Juan y en distintos puntos del país. Pero además es un analista de las tendencias que van marcándose en la sociedad. En esta nota lo consultamos sobre distintos puntos de la sociedad del futuro. Temas que van desde la familia a la religión, pasando por los partidos políticos, la seguridad o el derecho a la intimidad.

—Dentro de 23 años muchas cosas cambiarán. Seguramente cambiará la familia, las divisiones sociales (¿serán por conocimiento, fortuna, cultura, intereses, miedos?). ¿Hacia qué tipo de sociedad vamos y cuál es su propuesta para ir en otro sentido si lo considera necesario?
—La familia sanjuanina del 2035 será sin ninguna duda muy diferente a lo que hoy concebimos con el concepto clásico de familia. Habrá una existencia más simbólica que material. Esto significa que la nueva familia acentuará en sus funciones los procesos de individualización por un lado y por el otro el sentido de pertenencia a ese grupo primario. Serán dos miradas que habrá que hacer muchos esfuerzos para que sus miembros puedan conciliarlos. Esto significa que los liderazgos de la nueva familia no estarán dados por el padre o madre proveedor de recursos materiales, sino por quienes acumulen  mayor caudal simbólico, conocimiento o espiritualidad.

—Al ritmo que vamos… ¿Cuáles serán los temas de debate sobre la familia?
—El 2035 nos encontrará –muy probablemente—con la continuidad del debate sobre el desencuentro del grupo familiar, puesto que en un contexto globalizado la diversidad de los sistemas familiares se hará cada día más evidente y el ritmo de los cambios en las pautas de comportamiento familiar se magnificarán. No solo estaremos polemizando sobre la constitución y reconocimiento social de la familia, sino de sus funciones sociales, de su cobertura jurídica y económica.

—Pero… ¿seguirá siendo importante la familia?
—Las encuestas de valores y actitudes de la población no hacen sino confirmar una y otra vez que para la casi totalidad de los individuos la familia tiene un significado relevante, sea como ámbito de referencia, sea como proyecto vital. Probablemente desde aquí estará la resistencia de la familia tradicional por un lado y la reivindicación del derecho a formar familia de individuos sin pareja o con pareja homosexual, por el otro. La inquietud sobre el futuro de la familia sanjuanina, no arranca tanto de la incertidumbre sobre su vigencia como de la derivada de su creciente pluralidad, porque, cada vez con mayor intensidad, en las sociedades de la segunda modernidad la vida familiar adopta formas distintas, diversas y discontinuas de realización. El debate será delinear los límites de la realidad familiar, no a definir su esencia. Esta nueva realidad de la familia estará dada a partir de la autonomía del individuo al margen de normas o modelos dictados por circunstancias externas y en función de intereses, preferencias y voluntades individuales.

—Los lazos serán más débiles…
—La familia del 2035 será una familia indecisa, incierta o precaria, en la que nada está asegurado de antemano, solo sostenida por el amor y la tolerancia, en permanente negociación. Sí estoy convencido que la lucha del ser humano por la felicidad estará cada vez más cerca, pues el hombre feliz es el que es libre en sus afectos y hacia aquí vamos. Hacia esto tendemos en nuestro futuro, haya o no familia.

—¿Se acentuarán las diferencias sociales?
—En la actualidad el campo económico tiende a imponerse ante los otros campos del espacio social. No parece ser el camino del futuro. Bordieu habla que hay una gran variedad de capitales, entre ellos el simbólico, entendiéndose por este último la reputación o prestigio. Este será el gran capital del futuro. La sociedad sanjuanina del 2035 será más unida. Algo habremos aprendido de nuestro pasado. Caro hemos pagado los sanjuaninos nuestras permanentes divisiones. Desde hace algunos años los sanjuaninos estamos más unidos que antes. Hemos comenzado a pechar juntos. Y todos sabemos que a mayor cohesión social, menores son las divisiones sociales y económicas dentro de la sociedad. La cohesión de nuestro pueblo determinará nuestra calidad institucional, y por lo tanto será una de las principales causas de desa-rrollo social y crecimiento económico, pues el siglo XXI lo comenzamos a vivir más comprometidos en una causa común, enfrentando desafíos comunes y sintiéndonos miembros de la misma comunidad. Llegará el momento en que los sanjuaninos tengamos la propensión a un comportamiento cooperativo, tal vez el 2035 sea una oportunidad para esto, tal vez hayamos comenzado a construir un sólido tejido social.

—¿Cómo se elegirán los dirigentes? Seguirá la democracia como hoy la entendemos? ¿Seguiremos votando? ¿Todos seguiremos votando? ¿Seguirán los partidos teniendo el monopolio de las propuestas electorales? ¿Cuál sería la tendencia y cuales sus propuestas?
—El 2035 nos encontrará con esquemas electorales muy semejantes a los actuales. Los partidos políticos van a continuar teniendo el saludable monopolio de las propuestas electorales, pues este es el mecanismo más importantes de participación ciudadana en la política, a través de ellos se posibilita en favor de los ciudadanos, el derecho de agruparse o asociarse con fines de intervenir en los asuntos políticos, con lo cual es el instrumento de participación política por excelencia, debido a que cumplen la función de mediación entre el pueblo y el gobierno.

—O sea que deberemos conformarnos con un nivel de dirigentes no muy alto…
—Es esperable, comparando con los 20 ó 30 años anteriores, que los partidos políticos mejoren la representación del ideario o pensamiento político de sus partidarios. Esto se debe a un aprendizaje lógico de nuestra evolución. Los partidos políticos están obligados desde ahora y hacia el 2035 a mejorar la representación como garantía del pluralismo político y por ende democrático. Una de las modas más dañinas que se instaló en la primera década del siglo XXI en el debate político es la de que puede existir una democracia sin partidos, que estos pueden ser sustituidos por grupos de la sociedad civil movidos por intereses específicos.

—¿Qué tipo de dirigente propiciará la sociedad? ¿Cuál debería ser nuestra prédica hoy en ese sentido?
—Los dirigentes del 2035 serán testigos de una evolución muy acentuada que se ya se viene produciendo y se profundizará en el mundo de las diferentes organizaciones de la sociedad civil. Será fundamental para el dirigente del 2035 que tenga “profesionalidad”, disponer de una cultura “muy al día”, pendientes de todos los acontecimientos que le rodeen. Las informaciones en las cuales se basará serán inmediatas. Tendrá que estudiar constantemente formas de actuación cada vez más sofisticadas para la satisfacción de sus dirigidos. Imagino al dirigente del futuro desechando muchas de nuestras actuales ideas por no ser aptas al nuevo mundo. Esta deberá ser la estrategia para no quedar desfasados dentro del nuevo sistema. El dirigente del 2035 tendrá que ser consciente que su trabajo forma parte de una realidad cada vez más compleja. Deberá aprender diariamente a negociar más de lo que lo hicieron 30 años atrás, con nuevos intereses. La humanidad en el futuro tendrá más libertad personal, más autonomía y más independencia, por lo tanto el trabajo del dirigente será más complicado y difícil, y con el riesgo de que sus ideas envejezcan más rápidamente.

—¿Cambiarán también las ideas de los partidos?
—Aquí tenemos una de las grandes paradojas del siglo: El hombre cada vez vivirá más y sus ideas menos. Si en el siglo XX cada uno de nosotros tuvimos que cambiar dos o tres veces nuestros grandes puntos de vista, en el 2035 viviremos aún más y deberemos cambiar nuestros criterios cientos de veces, pues la velocidad de la información, el cambio de demandas populares nos los exigirá. Quienes se resistan a este cambio serán jóvenes dirigentes envejecidos.

—¿A qué debemos apostar: seguridad para bienes y personas, libertad, seguridad económica?
—Primero debemos aceptar que la libertad y la seguridad son dos conceptos complementarios, no antagónicos. Pues la inseguridad no garantiza en absoluto libertad, y la libertad no tiene por qué ser sinónimo de inseguridad. Benjamin Franklin afirmaba que aquellos que sacrifican libertad por seguridad no merecen tener ninguna de las dos.

—Espere, espere… Tal vez estemos hablando de diferentes formas de seguridad…
—La seguridad del San Juan de 2035 tendrá tres dimensiones básicas, como son la integridad, la disponibilidad y la confidencialidad. Y precisamente este es uno de los elementos que más se esgrimen a la hora de hablar de libertad, cuando la confidencialidad se entiende como “privacidad” del individuo. De hecho, hay leyes que, tratando de garantizar la libertad individual, luchan por esta privacidad. Entonces, resulta que hay casos en los que libertad y seguridad no solo no son contrarios sino que parecen estar en el mismo lado (la seguridad como parte de la libertad). Entonces, ¿cuál será el problema?

—Dígamelo usted…
—El problema de fondo no será la antítesis entre libertad y seguridad, sino el conflicto entre libertad grupal versus libertad individual. La seguridad forma parte de ambas libertades, y el problema real está en el equilibrio entre ellas. En el nuevo San Juan no podremos seguir utilizando el concepto de seguridad de forma parcial, como excusa para justificar restricciones. Deberemos luchar en incrementar la seguridad, dándole al Estado la tarea de priorizar mecanismos de inclusión, para conferir a los individuos un conjunto de recursos materiales que garanticen su subsistencia y que, de este modo, los doten de niveles relevantes de poder de negociación. Esto constituirá una condición necesaria para una existencia social autónoma. Cada sanjuanino deberá contar con un poder de negociación que le permita desarrollar sus planes de vida propios.

—El interrogante es cómo lograr un San Juan globalizado y con identidad…
—Se me ocurren algunas respuestas: diseñar políticas públicas con nuestros propios criterios de desarrollo, priorizando la resolución de los problemas de la comunidad, mantenimiento nuestra propia cultura. Deberemos para el 2035 tener una planificación estratégica basado en el conocimiento, que permita valorar en su justo término los factores diferenciales. Por esto deberemos generar organismos de observación y estudio, que permitan disponer de conocimiento estratégico para la toma de decisiones, que permita valorar alternativas posibles y que facilite esbozar los tipos de escenario deseados. En el 2035 tendremos la obligación como sanjuaninos a redescubrir las capacidades de la comunidad, en función de elementos diferenciales, de fomento de la creatividad y la innovación. La base de nuestra oferta se construirá con estos factores diferenciales, pensando que nuestro fuerte estará en la calidad más que en la cantidad.

– Independientemente de las buenas intenciones en materia de inclusión social… ¿qué debería hacer la sociedad para defenderse de quienes la agreden?
—Para hablar de aquellos que agreden a la sociedad, primero quiero recordar a Michael Foucault quien afirmó que las cárceles constituyen el gran fracaso de la justicia penal,  ya que desde su génesis se ha comprobado que estas no han podido cumplir con sus funciones de control de la delincuencia y transformación de los delincuentes, a pesar de los incesantes procesos de reforma que la han acompañado; por el contrario, el encierro carcelario parece reproducir el mal que pretende eliminar. Incluso dijo que las cárceles crean una existencia contra natura inútil y peligrosa.
Hasta ahora este debate se ha llevado en los escenarios: La dimensión inclusión / exclusión social, como dos miradas contrapuestas al objetivo de prevenir la delincuencia de personas proclives a entrar en conflicto con la ley.
El enfoque inclusivo pretende asegurar que el delincuente se encuentre, tras su contacto con los órganos de control penal, en iguales o mejores condiciones individuales y sociales para desarrollar voluntariamente una vida conforme con la ley.
El enfoque exclusivo quiere garantizar que el delincuente se encuentre, tras su contacto con los órganos de control penal, en unas condiciones individuales y sociales en las que le resulte más difícil infringir la ley o evitar ser descubierto.
En el 2035 estas opciones no deberá ser consideradas incompatibles, sino ante un continuo entre los dos extremos y deberemos generar toda clase de combinaciones en esta escala de grises.

—¿No es muy teórico su planteo?
—Deberemos aceptar que la inclusión social del delincuente es una de las más eficaces estrategias para la prevención de la delincuencia y que la profundización de la exclusión genera mayor delincuencia. Deberemos aceptar que estaremos obligados a construir un estado y una sociedad del bienestar, de los que constituye uno de sus pilares la atención específica a los socialmente desfavorecidos, entre los que se encuentran muchas de las personas proclives a entrar en conflicto con la ley penal.

—¿La sociedad irá hacia un mayor control o mayor liberalización en la intimidad de las personas? Estamos hablando de consumo de drogas, inclinaciones sexuales de todo tipo, vida virtual, etc
—El derecho a la intimidad es el derecho fundamental del futuro y como se dice, “si no hay intimidad no habrá nada”. Si no protegemos la intimidad no se protegen otros muchos derechos. Por eso se afirma que es un derecho “raíz”, pues funda, alimenta y da razón de ser a otros muchos. Siempre se ha sostenido que sin intimidad no tenemos libertad. Pero debemos comenzar a pensar también que sin libertad no hay intimidad. Es importante tener en cuenta que la libertad, y, por tanto, sus concreciones —derecho a la intimidad y la vida privada—, son necesarias para que el individuo pueda desarrollar el derecho de autonomía  y de esta forma, tomar las decisiones que más le convengan, siempre que no estén en juego derechos fundamentales de terceros o bienes y valores constitucionales.
Los sanjuaninos debemos asumir que el derecho a la vida privada es la autonomía, la libertad de que nadie que no sea uno mismo decida o imponga coactivamente lo que tengamos que hacer. No obstante debemos recordar que el ejercicio del derecho a la vida privada y a la intimidad no es un derecho absoluto, y puede traer buenas y malas consecuencias. Esto implica asumir nuestros propios riesgos y no culpar a los otros de nuestros errores.

– El hombre será más o menos religioso?
—Las religiones se debaten en dos alternativas muy fuertes. Una de ellas es lo que afirmaban Lucrecio o Epicuro, la idea de la superación de las religiones a través de la construcción de una nueva ética donde el ser humano en el artífice de su propio destino. La otra mirada es la construcción de una religión que nos ayude a la supervivencia, la libertad y la felicidad de nuestra especie.
Si el futuro involucra autodecisión, ejercicio pleno de nuestros derechos, un hombre nuevo, fuertemente responsable de sus actos, es posible pronosticar que las sociedades del futuro sean menos religiosas que hoy, o siglos atrás.
No obstante, sea cual fuere la intensidad de nuestra religiosidad en el 2035, es inevitable que deberá existir un profundo dialogo entre religión y ciencia.
Estoy convencido que si las religiones no son capaces de armonizar e iniciar un diálogo constructivo con la ciencia no tendrán futuro.
Estoy convencido que si las religiones no permiten integrar formas de vida y códigos de moralidad íntima, abiertos y plurales no tendrán futuro.
Estoy convencido que las religiones del futuro próximo deberán ser democráticas, deberán definitivamente luchar contra cualquier forma de desigualdad y dominación, deberán renunciar a la política y a la pretensión de organizar la vida pública, deberán suprimir el dualismo espíritu / materia.

Antonio De Tommaso, analista de indicadores sociales y tendencias.

PERFIL

- Tiene 55 años, hijo de madre y padre italianos, hincha de Unión de Villa Krause y confeso ateo.
- Licenciado y doctorado en Trabajo Social.
- Director de IOPPS (Investigación Social Aplicada, desde el año 1995), fundación que no sólo se dedica a las encuestas sino que además ofrece actos culturales, cine, teatro, etc.)
- Es profesor titular de las cátedras: Política Social e Investigación Social en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Juan.
- Es profesor de la cátedra Política Social de la Universidad Nacional de Lanus, junto a la Dra. Alicia Kirchner.
- Es Investigador Uno (Máxima categoría de investigador para el Ministerio de Educación de la Nación).
-  Ha publicado el libro “Mediación como Trabajo Social” Editorial Espacio.
-  Ha publicado diferentes artículos de análisis político y social, en diferentes medios del país y la provincia.
- Ha realizado cientos de investigaciones sociales y políticas referidos a la realidad actual del país.