Esta entrevista al doctor Gustavo Alcalá, fue extraída del libro San Juan 2035 de Juan Carlos Bataller publicado en 2013.

A sus
conocimientos médicos, Gustavo Alcalá suma una gran capacidad como
comunicador lo que lo transforma en
centro de consulta en los temas de su especialidad precisamente en una etapa de
la medicina donde la calidad de vida depende, en buena medida, de las actitudes
individuales. En esta nota anticipa cuál es el panorama que nos espera como
sociedad en 2035 y que deberíamos hacer.
—¿Qué pasos tendríamos que dar en las próximas décadas en
materia de salud pública?
—Durante
el siglo pasado la expectativa de vida de los países desarrollados aumentó de
45 a 75 años, la mayor parte de este incremento (25 a 30 años) se debió a
medidas de salud pública como: mejor nutrición para resistir las enfermedades
de transmisión aérea como tuberculosis, acceso al agua potable y disposición
segura de las aguas servidas que evitó diarreas y mejores viviendas con menor
hacinamiento. Los restantes 5 años que se ganaron se deberían a los
tratamientos médicos aplicados individualmente. Aunque las infecciones aún
tienen cierta importancia, como lo atestigua el brote relativamente reciente de
gripe aviar (H5N1), han dejado de ser el desafío principal. Las amenazas
modernas, principales causas de muerte en países de ingresos medios como Argentina,
en orden de importancia: la hipertensión arterial, el tabaquismo, sobrepeso y
obesidad, sedentarismo, uso riesgoso del alcohol, para nombrar las cinco
primeras. El paso más importante será aplicar la estrategia de salud pública
que resultó eficiente en el siglo pasado a las nuevas prioridades, que si bien
tienen responsabilidad individual sólo mejorarán si se modifican sus
determinantes socioeconómicos y ambientales.
—¿Hacia dónde
debería dirigir sus mayores esfuerzos el sistema sanitario: información y
prevención o asistencia?
—Probablemente la proporción deba modificarse
cuidadosamente, hoy es aproximadamente 90%
tratamiento versus 10%
prevención. Existe un imperativo moral para concentrarse en los que están
sufriendo ahora, particularmente si tienen un diagnóstico preciso y dolencias
que son reversibles; es difícil dirigir la correcta proporción de esos fondos
para aconsejar e intentar motivar cambios saludables o evaluar con marcadores
pronósticos, no siempre exactos, a toda la población para intentar ayudar a los
que podrían (o no ..) enfermarse en el futuro. Cuánto invertir y en qué
prácticas preventivas es un tema complejo. Alguien dijo que seguramente entre
las pasajeras del Titanic una no comió postre en la cena para cuidar la figura…
No siempre “es mejor prevenir que curar”, es válido con una vacuna muy efectiva
y no tan costosa para una enfermedad tan invalidante como la poliomielitis por
ejemplo, pero si nos referimos a medir el antígeno prostático el panorama
cambia: cada 100 varones mayores de 50 años en que lo medimos, 90 serán
normales, se detectarán 3 casos de cáncer, 2 casos de cáncer de próstata
pasarán desapercibidos y la determinación dirá que son normales, habrá 5 falsos
positivos en que se sugerirá que existe cáncer en personas que no lo tienen.
—Entonces…
—En un sistema de salud que
funcione bien son necesarios tratamiento y prevención, además debemos analizar
el contexto socioeconómico en el que muchos ciudadanos de menores ingresos y
limitada educación “eligen” estilos de vida no muy saludables y si un consejo
por los medios masivos desde el Ministerio de Salud Pública cambiará su
situación, sería importante evitar la tendencia a estigmatizar y culpar a los
enfermos. Tanto para la prevención como para los tratamientos que se financien
deben evaluarse prolija y periódicamente los resultados, ese debería ser el
cambio principal.
—¿Cuál será el papel del Estado y cuál el de la sociedad?
¿Perderá su poder absoluto el médico?
—Si tomamos como ejemplo el
infarto cardíaco y cerebral, su impacto en la mortalidad también comenzó a
disminuir mucho antes de la aparición de los tratamientos médicos modernos. Una
vez que quedó claro el rol del tabaco y la grasa animal en la dieta, un grupo
de la población cambió sus hábitos a partir de 1960, en parte individualmente
otros por influencia de organizaciones no gubernamentales o campañas de
difusión de las autoridades de salud. En las próximas décadas solo se obtendrá
una disminución relevante si toda la sociedad se involucra. Las medidas más
efectivas: 1) incorporar advertencias en los paquetes de cigarrillos con
imágenes, frases claras y un 0—800 para solicitar ayuda; 2) mejorar la
disponibilidad y acceso a comidas saludables a precios subsidiados que permitan
el incremento de consumo de frutas, vegetales, en escuelas y ambientes de
trabajo, reducir las comidas con exceso de sal y grasas trans mediante acuerdo
con la industria de la alimentación y leyes obligatorias cuando sea necesario;
3) un diseño urbano que estimule la actividad física, incentivos para
competencias deportivas masivas (no solo de la élite profesional), sendas
ciclísticas y peatonales, más espacio para parques, gimnasios en los lugares de
trabajo. Solo la articulación de Estado, empresas privadas y ONG pueden
intentar emprender ese desafío.
—¿Iremos hacia un sistema más flexible en el que la
sanidad no dependa solo de profesionales de la medicina sino que habrá cada vez
mayor participación de educadores, asistentes sociales, redes sociales, etc?
—Parte del incremento en la cantidad y calidad
de vida ha tenido que ver con la mejoría en la situación económica y educativa
de una parte de la población mundial. Pero no debemos omitir en el análisis que
la expectativa de vida para el habitante de un país con 5.000 dólares de
ingreso per cápita (medido como poder adquisitivo ajustado a la inflación) a
principios del siglo pasado era 50 años y en la última década del siglo pasado
era de 75 años. ¿Cómo se explica esta enorme diferencia si el poder adquisitivo
es el mismo? La respuesta está en el conocimiento científico (no solo de las
ciencias biológicas sino también de las ciencias sociales) y su aplicación para
conocer en detalle las características de la población y facilitar la adopción
de cambios saludables en el estilo de vida. La gran asignatura pendiente que
tenemos en Argentina es llevar a cabo intervenciones bien planificadas que
vinculen la investigación psicosocial con la médica para superar los múltiples
obstáculos (culturales, políticos, económicos, psicológicos, entre otros) que
impiden un mejor estado sanitario de nuestra población. Las nuevas
enfermedades, muy dependientes del estilo de vida y el modo de relacionamiento
social, sólo pueden abordarse seriamente si se modifican sus determinantes.
Para resumirlo en pocas palabras necesitamos incorporar en los próximos años
más profesionales de las ciencias sociales en cargos ejecutivos del equipo de
salud. ¿Y si el ministro de Salud fuese un sociólogo?
— ¿Qué tipo de profesionales deberíamos ir formando?
—Muchos más especialistas en Salud
Pública para que los encargados en las áreas gubernamentales o municipales
tengan una sólida formación en gestión desde la Universidad y el posgrado
(actualmente predominan los miembros de la “amigoteca”; los ginecólogos/as de
la esposa del intendente o el cardiólogo/a de la madre del gobernante…). Muchos
más especialistas en medicina laboral, la intervención en los lugares de
trabajo resultará clave en el futuro cercano. Muchos más médicos/as de familia
con una perspectiva amplia biológica y social.
— Las poblaciones irán envejeciendo. ¿Deberán fijarse
prioridades (etáreas o por prognosis) por parte de la salud pública en cuanto a
la atención y las prácticas médicas?
—En casi todos los países del
planeta, la proporción de habitantes de más de 60 años está creciendo más
rápido que cualquier otro grupo etáreo, como resultado de una mayor expectativa
de vida y la disminución de la tasa de fertilidad. En parte esto es un triunfo de la sociedad.
El gasto en salud aumenta con la edad pero se concentra en los últimos dos años
de vida, no importa qué tantos años tenga la persona. A medida que se vive más
es imprescindible asegurar que los años agregados a la expectativa de vida sean
saludables, de otro modo los costos relacionados con la salud se volverán
inmanejables. Los ancianos saludables representan un recurso valioso para sus
familias, comunidades y economías. En los países centrales la creciente
población de ancianos saludables juegan un rol crítico transmitiendo sus
experiencias y conocimientos, haciendo trabajo voluntario, ayudando a sus
familias en el cuidado de sus miembros y aún participando de la fuerza laboral
rentada.
—Habló de ancianos saludables. ¿Cómo se logra?
—La
promoción de la salud y las actividades preventivas a lo largo de la vida
pueden impedir o postergar el comienzo de graves enfermedades como las
vasculares y cáncer. Nunca es demasiado tarde para promover cambios saludables,
por ejemplo, el riesgo de muerte prematura disminuye un 50% si alguien deja de
fumar entre los 60 y 75 años. Por otra parte ciertas enfermedades
necesitan programas de detección masiva
y tratarse en etapas tempranas para minimizar sus consecuencias, quienes
padezcan procesos avanzados necesitarán de un cuidado decente y apoyo. Que los
ancianos tengan acceso a servicios de salud de calidad y puedan costearlo es un
muy difícil desafío.
—¿Por dónde hay que empezar?
—Es clave que más profesionales de la salud se
entrenen en el diagnóstico y tratamiento de los denominados “cuatro gigantes”
de la geriatría (pérdida de la memoria, incontinencia, depresión y caídas) así
como cardiovasculares y cáncer que son frecuentes y puede prevenirse y tratarse
mejor si se detectan precozmente. Solo a
modo de ejemplo en Australia el costo promedio relacionado con cada caída en
mayores de 65 años entre 2001 y 2002 fue de
3.611 dólares. Una de las prioridades es avanzar en hogares y ciudades
amigables para personas con movilidad disminuida para prevenir caídas. Es un
grupo vulnerable, la Organización Mundial de la Salud estima que entre 4 y 6%
de los ancianos ha sufrido de abuso (físico, psicológico, emocional, financiero
o debido a negligencia en su cuidado) una violación poco considerada de los
derechos humanos.
— Es previsible que dentro de cinco lustros deberemos
enfrentar abiertamente plagas modernas como las adicciones, los problemas
mentales (o seniles), las depresiones, etc. ¿Estamos preparándonos en ese
sentido? ¿Qué deberíamos hacer como Estado y como sociedad?
— Dos factores principales
determinan la situación actual de la Salud Mental en nuestra sociedad: primero
la sensación de enfermedad contagiosa que debe ser excluida, encerrada,
ocultada, discriminada. Segundo la falta de recursos, de acuerdo a datos de la
Organización Mundial de la Salud 30% de los países no tienen asignación
específica de recursos para esta área y de los que si tienen, 20% gastan sólo
el 1% del presupuesto en Salud Mental. En nuestro país el acceso a la
prevención, el cuidado y tratamiento de estas enfermedades sólo está reservado
a ciertos segmentos de la población. Esta situación agrava a los enfermos y así
“contagia” dolencias similares a sus familiares. Uno de los segmentos más
vulnerables de la población cuya situación mejorará en la medida en que avance
nuestra concepción de los derechos humanos, las instituciones psiquiátricas en
los países menos desarrollados históricamente han sido escenario de las más
aberrantes y toleradas vejaciones. Deberíamos entonces comenzar por las dos principales
barreras: campañas que mejoren nuestra actitudes, amplíen nuestra conciencia
contra la discriminación y formar personal capacitado para el reconocimiento
temprano de estas enfermedades y el tratamiento en la comunidad siempre que sea
posible, no en instituciones cuasicarcelarias.
—¿Es posible que en el futuro se produzca una apertura
hacia otros conceptos en el tratamiento de los enfermos? En ese sentido ¿deben
el Estado y las universidades trabajar sobre la base del monopolio de
conocimientos de la medicina occidental o deben promover una amplitud
informativa?
— El modelo científico y tecnológico occidental ha sido aceptado como
sinónimo de abordaje moderno de la salud. El marketing de la enfermedad intenta
convertir a todo ciudadano/a con poder adquisitivo en cliente del sistema de
salud. La menopausia por ejemplo pasó de ser una etapa de la vida a una
carencia, una deficiencia de estrógenos que obliga a todas las mujeres a buscar
tratamiento, la terapia de reemplazo hormonal con estrógenos resultó más
peligrosa que rejuvenecedora, ahora van por la menopausia masculina o
andropausia. Perseguir la adolescencia perpetua parece ser el mandato. Por otra
parte los principales interesados/as deberían participar activamente en la toma
de decisiones, en base a su escala de valores, en un diálogo con los
profesionales de la salud que puede protegerlos del “encarnizamiento
terapéutico”; decididamente necesitamos analizar otros modelos y otras
visiones, algunas milenarias, que no ven al envejecimiento y posteriormente a
la muerte como derrotas que deben evitarse a cualquier precio.
—¿Cuál debería ser en el futuro el papel del Estado ante
actores de la medicina tan poderosos como los laboratorios farmacéuticos, las
prácticas, las terapias intensivas, etc.?
—La
industria farmacéutica privada, y quienes venden y manejan dispositivos
diagnósticos sofisticados operan como cualquier empresa con fines de
lucro, como tales responden a la lógica
económica más que a las demandas científicas o humanitarias. Recompensan y
promueven a su personal en base a resultados. El beneficio para la población ha
sido la innovación, investigación y desarrollo de nuevos métodos diagnósticos,
vacunas y medicamentos bastante eficaces en muchas enfermedades. El desafío del
Estado es gestionar en bloques regionales, crear el ambiente legal y fiscal que
facilite el acceso de toda la población a la salud, definir las áreas
prioritarias para la infraestructura pública y las campañas de difusión para el
diagnóstico precoz y el tratamiento de dolencias que considere más necesarias.
En las próximas décadas será clave la alianza regional cuyana; entre estados
nacionales; la coordinación de gobiernos de países sudamericanos junto a
agencias internacionales (Organización Panamericana de la Salud y
Organizaciones No Gubernamentales Regionales).
En segundo término debería modificarse el sueldo fijo al margen del
rendimiento en el Estado y la promoción casi exclusivamente por antigüedad.
Podrían así los estados asociarse con la industria privada en acciones
conjuntas que permitan una relación equilibrada. De otro modo prevalecerá la
puja David (sin honda) — Goliat y la tendencia a privatizar las áreas rentables
y socializar las pérdidas.
— ¿El Estado debería apoyar la existencia de una Facultad
de Medicina de excelencia?
—Es muy difícil que exista una
Facultad de Medicina de excelencia en una provincia donde vive el 1.5% de una
población de 40 millones como la nuestra. Los mejores equipos de investigación
y docencia se ubican en grandes ciudades (donde aparecerán suficientes casos de
las múltiples dolencias que existen y que se necesitan para una enseñanza
basada en la práctica y no en vetustas clases magistrales teóricas), mucho
menos posible con la crónica falta de reconocimiento económico de los
docentes... La vocación existe, pero pocos tienen vocación de ser explotados.
La principal función del Estado es evaluar los espacios de formación en los que
se desarrolla parte del programa de aprendizaje (hospitales y centros de salud
públicos bajo la órbita estatal principalmente) y velar ante todo por la
seguridad y los derechos de los pacientes. Siguiendo el modelo de la aviación y
los simuladores de vuelo, para que los pilotos no aprendan poniendo en riesgo
pasajeros reales, se desarrollarán en los próximos años instalaciones para el
aprendizaje con pacientes virtuales y simuladores parecidos a un maniquí o
ciertas partes anatómicas. Se ofrecerá así un ambiente seguro en donde aprender
de los errores sin las complicaciones éticas de la enseñanza tradicional al
lado de la cama de pacientes reales.
— ¿El Estado debería promover la fabricación de
determinados medicamentos en nuestra provincia? ¿A cuáles debería apuntar?
—Sí,
el Estado sanjuanino debería participar en la fabricación de medicamentos en
San Juan. Idealmente debería coordinar las actividades con las provincias de la
región cuyana. Al margen de la ideología de los distintos países existe acuerdo
generalizado en que el Estado debe garantizar el acceso de todos sus habitantes
a los medicamentos esenciales. La salud es un derecho fundamental y el
medicamento un bien social. La diferencia entre ideologías políticas reside
entonces en la proporción en que el estado y el sector privado serán los
encargados de llevar a cabo esta tarea. El ejemplo de Lula Da Silva: La
respetada Organización Mundial de Comercio adoptó en 2001 una resolución para
que los países puedan defender el derecho a la salud de sus habitantes, la
resolución prevé la producción nacional de genéricos o la importación de
quienes lo producen más barato. En 2007 Lula por decreto autorizó la
importación desde India de un remedio para el SIDA genérico, ya que el alto
costo del original ponía en riesgo el tratamiento de una crisis sanitaria por
esta enfermedad en su país, luego de infructuosas negociaciones con el
laboratorio norteamericano que tenía la patente. El ejemplo de Laboratorio
Puntanos: El vecino estado provincial fabrica medicamentos genéricos con doble
control de calidad del Estado provincial y nacional (a través de ANMAT) y
provee a distintos organismo públicos y privados de todos el país, tales como:
Ministerio de Salud de la Nación, Ministerio de Salud de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, de la Rioja, Mendoza, Rio Negro, Río Cuarto, hospitales y
droguerías de todo el país.
— Las estadísticas son fundamentales. ¿Qué tipo de
estadísticas debería observar muy atentamente el Estado en los próximos años?
—Estamos en plena transición.
Previamente las muertes maternas e infantiles y de enfermedades
infecto—contagiosas eran las principales responsables de la carga de sanitaria
en países como el nuestro; actualmente predominan las debidas a enfermedades
crónicas, que no se contagian, aterosclerosis (con infartos cardíacos y
cerebrales) psiquiátricas (con la depresión y alcoholismo entre las
principales), enfermedad pulmonar obstructiva crónica, accidentes de tránsito y
cancer. El Estado y agencias
internacionales como la Organización Panamericana de la Salud deben controlar
los datos ya que los grupos de interés (pacientes, industria farmacéutica,
distintos especialistas) enfatizan las estadísticas que les convienen aunque se
refieran a dolencias poco frecuentes o muy difíciles de modificar. Se debe
poner más énfasis en que las estadísticas sean de dominio público. En estas
enfermedades crónicas y no transmisibles juegan un rol clave indicadores que se
encuentran fuera del ámbito del sector salud convencional tales como nivel de
educación, acceso al cuidado de la salud y distribución de la riqueza.
—Ante los continuos avances de todas las ciencias… ¿Es
partidario de revalidar los títulos universitarios cada tantos años?
—Si, creo que revalidar los
títulos es imprescindible, particularmente en países como el nuestro en que la
jubilación significa un enorme retroceso económico y por ese motivo se ejerce
hasta una edad bastante avanzada con los riesgos que esto implica, si la
actualización y entrenamiento continuo son voluntarios. La mayoría (autoridades
sanitarias, obras sociales y prepagas, instituciones científicas y público en
general) está de acuerdo con la revalidación periódica, el tema es cómo debe
ser el proceso. Los sistemas actuales para recertificar títulos están
absolutamente perimidos y no son relevantes, divorciados de la práctica
profesional enfatizan recordar datos de memoria en lugar de usar la información
disponible, consumiendo tiempo y recursos que se invertirían mejor de otro
modo. El requerimiento actual con exámenes que se llevan a cabo sin acceso a
fuentes externas de información pertenece al pasado, con el creciente acceso a
internet en los consultorios se recomienda justamente lo contrario al tomar decisiones
con un paciente: siempre acuda a la mejor fuente de información en lugar de
confiar en su memoria.
—¿Cómo lo haría?
—El proceso de evaluación en un
futuro relativamente cercano debería asegurar un análisis adecuado de la
habilidad para resolver situaciones reales con los medios con los que se cuenta
en los distintos casos (equipamiento, recursos humanos y presupuestarios) y
para diferentes especialistas.
Probablemente un monitoreo anual de los logros permita la corrección
temprana de las falencias, con la difusión de la historia clínica informatizada
se facilitará el mecanismo (protegiendo la identidad del paciente) y se
revisarán casos extraídos al azar de la base de datos de la práctica habitual
de cada profesional de la salud. Por otra parte se permitirá seleccionar al
propio profesional incidentes en los que los resultados crearon dudas,
presentaron una evolución inesperada, inusualmente favorable o negativa. De
estos datos derivaran cuestionarios personalizados cuyas respuestas serán
comparadas por expertos con los estándares reconocidos.
— Si buscamos una atención pública de excelencia ¿qué tipo
de especializaciones y de residencias deberían privilegiarse?
—En algunos
de los países con los sistemas de salud más eficientes y justos aproximadamente
la mitad de las residencias son de medicina de familia. Se los puede contactar
de lunes a viernes en horarios que para nuestra costumbre equivalen a: 8 a 12
hs y de 17 a 21 hs. En otros horarios y fines de semana hay médicos de familia
disponibles que van rotando y no se puede uno presentar en un hospital sin la
derivación de estos médicos, tampoco puede consultar con un especialista si
previamente no lo evaluó un médico de familia. Son responsables del seguimiento
longitudinal de personas a las que van conociendo profundamente con el paso del
tiempo, se encargan del cuidado de enfermedades agudas y crónicas, prevención,
orientación para interconsulta con distintos especialistas cuando es necesario.
También siguen a los que sufren enfermedades severas entre las crisis agudas o
las internaciones en conjunto con el especialista. Vale mencionar que reciben
buena paga, si la consulta vale 10, el
remedio en la farmacia 100 y el estudio de imágenes sofisticado 1000, los
resultados para los ciudadanos seguirán siendo desastrosos en el 2035...y en el
2055 también.

PERFIL
Nacido en San Luis en 1964, el doctor Gustavo Alcalá hizo sus estudios primarios y secundarios en su provincia natal y se recibió de médico en Mendoza en la Universidad Nacional de Cuyo en 1989.Hizo su Residencia en Cardiología completada en el Hospital Marcial Quiroga en 1993 y participó del curso para Visitantes Internacionales del Proyecto de Prevención Cardiovascular Karelia del Norte, Instituto Nacional de Salud Pública, Helsinki, Finlandia 1996.
Es médico de planta por concurso en la Unidad Coronaria del Hospital Marcial Quiroga, presidente Sociedad de Cardiología de San Juan 2010, tesorero de la Mesa Directiva Nacional, Federación Argentina de Cardiología 2012 y coordinador del Servicio de Cardiología del Grupo CIMAC