El ciclo "Historias de familias" del programa La Ventana, conducido por Juan Carlos Bataller, recibió el 22 de junio de 2026 a José Domingo Petracchini, director de coro, y a Marisa Edith Palacios, abogada del Ministerio Público de la Defensa.

José Domingo Petracchini y Marisa Edith Palacios junto a los conductores del programa La Ventana, Juan Carlos Bataller y Juanca Bataller durante la entrevista en el ciclo “Historias de familias”.

José Domingo Petracchini y Marisa Edith Palacios junto a los conductores del programa La Ventana, Juan Carlos Bataller y Juanca Bataller durante la entrevista en el ciclo “Historias de familias”.

 

Juan Carlos: Bueno, yo creo que a él lo conocen un poco más que a ella. José Domingo, ¿cuántos años llevamos trabajando juntos en los concursos?
José Domingo: Sí, desde el primer concurso.

Juan Carlos:
Desde el primer concurso, director de coro. Y Marisa Palacios es la domadora de Petracchini, lo consiguió domar después de todas sus andanzas. Es abogada del Ministerio Público de la Defensa. Contanos un poquito de eso, creo que es una defensora oficial.
Marisa: Somos defensores de pobres y ausentes, en realidad. En mi caso, como ocho defensoras más, somos defensores civiles y entendemos en todas las causas de familia y de derecho civil, de personas que no tienen recursos para ir a un abogado particular.

Juan Carlos:
¿Hay muchos que litigan de esa forma?
Marisa: Cada vez más.

Juan Carlos:
No sé cómo hacen, porque el trabajo se ha multiplicado por varios y el equipo sigue siendo más o menos el mismo.
Marisa: En realidad necesitaríamos más recursos humanos, porque el trabajo en la defensoría es bastante arduo. La gente que va a una defensoría son personas que necesitan ser escuchadas. Por eso todos nuestros equipos están muy bien entrenados en escucha activa y en encuadrar los conflictos.

Aída Herrera y su esposo el maestro Juan Argentino Petracchini, junto a su hijo José Domingo Petracchini, quien está acompañado de su esposa Marisa Edith Palacios, en el día del enlace.
Aída Herrera y su esposo el maestro Juan Argentino Petracchini, junto a su hijo José Domingo Petracchini, quien está acompañado de su esposa Marisa Edith Palacios, en el día del enlace.


Juan Carlos:
Ya vamos a hacer un programa dedicado a este tema. José Domingo, tu familia es conocida. Tu padre, Juan Argentino, empezó colaborando con El Nuevo Diario, pero sé que vino de Salta.
José Domingo: Exactamente. Mi padre fue seminarista diez años. A los once no le preguntaron: le dijeron que iba a ser sacerdote, porque en la familia alguno tenía que serlo y justo iba pasando por ahí él. Mi abuela iba todos los días a misa, no solo los domingos, y como él iba al colegio saleciano, que quedaba a cuatro o cinco cuadras, decidieron que tenía que ser sacerdote y lo mandaron. A los veintiuno, después de estar diez años adentro, decidió que no quería serlo. Esto fue en el año 51. La formación de esa época implicaba estar tres años sin salir del seminario; sería tema para un programa entero. A pesar de que nunca llegó a ser diácono, en una sociedad cerrada como era —y sigue siendo— Salta, dejar los hábitos significaba volverse hereje, pecador. Entonces el padre Garbini, que había sido su profesor y que hoy tiene una estatua frente al colegio Don Bosco, lo contrató como profesor de música y le dio alojamiento mientras él se ubicaba. Ahí estaba también el maestro Chiesa, que dirigía el colegio y nada tenía que ver con los Petracchini. Así empezó su tarea. Y ahí conoció a mi mamá, que también iba a misa todos los días antes de ir a trabajar a tribunales.

Juan Carlos:
¿Ella era abogada?
José Domingo: No, mi mamá era escribana, de las escribanas antiguas que estudiaban pero no eran abogadas. Era secretaria de la Fiscalía Número 3, de la doctora Aubone de Storni.

Juan Carlos:
O sea que le debemos al conservadurismo de la época, y a Salta en particular, el aporte coral que hoy tiene San Juan.
José Domingo: Exactamente. Así se escriben las historias: capaz que hubiera vuelto a Salta y quién sabe qué hubiera sido de él. En el seminario también hay una formación, y él decidió ser músico de iglesia. Estamos hablando de hace setenta años.

Juan Carlos:
Marisa, ¿tu familia cómo llega a San Juan? Son de origen español, me imagino.
Marisa: Sí, tanto mis abuelos paternos como maternos eran españoles. Vinieron alrededor de 1900, 1901. Son ambos de origen español.

Juan Carlos:
¿Empezaste a estudiar abogacía de joven o de grande?
Marisa: En realidad empecé en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, en el profesorado de inglés. Hice un par de años y me di cuenta de que no era lo mío.

Juan Carlos:
Varios nos equivocamos también.
Marisa: Después empecé Derecho, que me encanta, y me gusta mucho litigar.

.


Juan Carlos:
¿Y cómo se encontraron ustedes? Porque vos venías con tus historias.
José Domingo: Sí, no es secreto para nadie: Marisa es mi tercera esposa.

Juan Carlos:
¿O sea que buscaste hasta el final encontrarla?
José Domingo: Esto tampoco es secreto. Nosotros nos conocimos por un conflicto que hubo en el centro coral, dentro de la facultad, con el entonces decano Landini, con quien hoy somos grandes amigos pero en ese momento no nos llevábamos demasiado bien. A raíz de ese conflicto, Landini buscó una mediadora. Marisa se enteró a través de un amigo y se ofreció, junto con una colega que lamentablemente después falleció. Mi grupo le boicoteó la primera reunión: no fuimos. A la segunda fuimos, pero con los tapones de punta, y yo haciéndome el pesado, que poco me cuesta cuando me esmero. La opinión general en mi grupo era: ¿qué hacen estas dos mandadas por mi enemigo, metiéndose en lo que no les importa? Yo no sabía nada de lo que era una mediación; lo aprendí después. Y Marisa, del otro lado, pensaba: ¿qué se cree el pesado este?

Juan Carlos:
¿Y era pesado o no?
Marisa: Ese día sí, se comportó como un pesado.

Juan Carlos:
Además José Domingo ya venía con carga: traía hijos.
José Domingo: Sí, pero eso no fue ningún obstáculo. Mis hijas son de mi primer matrimonio. Con su madre tengo, hasta el día de hoy, una excelente relación: nos tratamos con frecuencia por ser los padres y abuelos de nuestros nietos. Pero te diría que mis hijas adoran a Marisa. Es más, le dicen "mamastra".

Juan Carlos:
¿Mamastra?
Marisa: Sí, con todo cariño.

Juan Carlos:
¿Y cómo se llega a una familia como los Petracchini? Imagino que hay que manejarse con cierta habilidad.
Marisa: Lo que pasa es que yo llegué de otra forma: como mediadora. Tuve entrevistas incluso con el papá de José Domingo, que había sido maestro del centro coral. Así fui conociendo a la familia. Recién después de que terminó la mediación empezamos a salir, y hubo onda.

Juan Carlos:
Fue exitosa la mediación.
José Domingo: Pero voy a aclarar algo, para que vean su profesionalidad. Cuando estaba terminando la mediación, fui a su escritorio y vi una foto de un grupo de cata de vino del que conocía a la mitad. Pregunté por qué estaban todos juntos, y le pedí que me invitara. Ella se negó rotundamente: hasta que no estuviera cerrada la mediación, no me iba a invitar a ningún grupo donde ella estuviera. Salí de ahí y se lo conté a un amigo en común, que llamó a la jefa del grupo y consiguió que me invitaran. En la reunión siguiente aparecí y le dije: ya no me tenés que invitar.


Marisa Edith Palacios y José Domingo Petracchini. Él director de coro y ella abogada del Ministerio Público de la DefensaMarisa Edith Palacios y José Domingo Petracchin. Él director de coro y ella abogada del Ministerio Público de la Defensa


Juan Carlos:
Aparentemente la cata de vino fue la casamentera. ¿O el vino ya los había unido antes? ¿Vos no vendías vino en esa época?
José Domingo: Me querés pisar el palito. Pero no: algunos años antes de eso yo tenía una novia en Tucumán, viajaba para allá y vendía vino, por eso me lo preguntás (risas). Es más, le vendía vinos al doctor Batistella.

Juan Carlos:
A José Domingo lo conozco bien: es de esos tipos calientes pero leales, que nunca van a jugar mal. Contanos tu experiencia con él, Marisa.
Marisa: Llevamos dieciséis años de casados, vamos para diecisiete de convivencia, y la verdad es que todos los días lo vuelvo a elegir (risas). Esa es la verdad.

Juan Carlos:
Él me dijo lo mismo el otro día, sin que ella estuviera presente.
Marisa: ¿Sí? Es así.

Juan Carlos:
¿Y qué cambió desde que estás jubilado? Porque una cosa es la rutina del trabajo y otra verlo más tiempo.
Marisa: Mi rutina de trabajo sigue igual. Él, en cambio, se ha convertido en el "movinieto": lleva a los nietos a todos lados. Aunque también armó un pequeño coro de cámara y dos días por semana sale con eso.

Juan Carlos:
A despuntar el vicio.
Marisa: Con su coro, sí.

Juan Carlos:
A ver si alguien quiere opinar sobre ustedes.
Se proyectaron mensajes de sus nietos.
Luca (nieto): Hola, abu. Hola, nono. Me gusta mucho cuando el nono me va a buscar a la escuela y me cuenta versitos en el auto. Te amo mucho, nono José.
Gael (nieto): Hola, noni Marisa. Los quiero mucho. Les mando un saludo, y me encanta jugar con ustedes con mis peluches y al piano.

Juan Carlos:
¿Ya lo hiciste hincha de Boca a este niño?
José Domingo: Si me querías hacer emocionar, lo conseguiste (emocionado). El más chiquito, lamentablemente, tiene un padre hincha de River, a pesar de que mi hija es de Boca. Pero al chiquito el fútbol le importa poco: es, con todo cariño, lo más ñoño que hay. Practica aikido y, según sus profesores, es muy bueno. Tiene siete años, pero lo suyo es todo lo intelectual.
Marisa: Es brillante.
José Domingo: Es realmente brillante.


José Domingo Petracchini y su esposa Marisa Edith Palacios junto a la actriz y conductora Mirtha LegrandJosé Domingo Petracchini y su esposa Marisa Edith Palacios junto a la actriz y conductora Mirtha Legrand

Juan Carlos:
¿Cuántos nietos tienen?
José Domingo: Tres.

Juan Carlos:
¿Y los comparten plenamente?
José Domingo: Sí, totalmente.
Marisa: Sí, yo soy la nona Marisa.
José Domingo: El otro nieto ya es grande, tiene diecinueve años y está en segundo año de abogacía: Santiago.

Juan Carlos:
Y con él tenés casi una relación de amigos.
José Domingo: Es otro tipo de trato. Una vez al mes salimos a comer para que me cuente sus cosas, porque ya es un muchacho grande. Es buen chico, y no lo digo solo porque sea mi nieto: se nota en cómo lo quieren sus amigos. Es buen alumno, ya tiene todas las materias del primer año aprobadas y está al día con los parciales.

Juan Carlos:
Cuando se formalizan uniones como la de ustedes, casi en el reposo del guerrero, imagino que se comparten espacios pero también se respeta la individualidad. ¿Es así?
Marisa: Sí, sí.

Juan Carlos:
Porque debe ser difícil compartir todo a esa edad.
José Domingo: Totalmente. Nosotros nos casamos cuando yo acababa de cumplir cincuenta años y ella los cumplió dos días después. Cada uno con su vida, su pasado, sus amigos. No tenemos ese tipo de historia de "saliste a tomar un café con un amigo": no lo impusimos, simplemente surgió que los sábados y domingos estamos con la familia. Lo que cambió con los años es que cuanto más grandes nos hacemos, más queremos estar en casa. Antes volvía a las doce de la noche; ahora, salvo los martes que vengo al programa, a las nueve ya estoy en mi casa.

Juan Carlos:
Y de tanto en tanto no quiere ni salir a comer un lomo, prefiere volver a su casa (risas).
Marisa: No hay ningún problema con eso.

Juan Carlos:
Yo creo que es porque coinciden justo con los partidos de Boca. ¿Qué espacio ocupa el fútbol en tu vida, Marisa?
Marisa: Ninguno (risas).

Juan Carlos:
¿Y cómo hacen ahora con el Mundial?
Marisa: Yo soy de Racing, porque mi papá era de Racing. De fútbol, nada.
Juan Carlos: ¿Tampoco para el Mundial?

José Domingo:
En el primer partido se quedó dormida.
Marisa: Me quedé dormida.
José Domingo: Este sí lo vimos, porque era temprano. Una vez me preguntó si Perfumo había jugado en Boca, calculá (risas).

Juan Carlos:
Ha sido un gusto charlar con ustedes y conocerlos un poco más. Muchas gracias.
José Domingo: Ha sido un placer, como siempre, estar acá.
Marisa: Gracias.


Ver video de la entrevista


Galería de fotos


José Domingo Petracchini y la Asociación Coral Kennedy en la Medalla MilagrosaJosé Domingo Petracchini y la Asociación Coral Kennedy en la Medalla Milagrosa, ubicada en Santa Lucía

Marisa y José Domingo al momento de la entrevista llevan dieciséis años de casados

Marisa y José Domingo al momento de la entrevista llevan dieciséis años de casados



.



Aída Herrera y su esposo el maestro Juan Argentino Petracchini. Detrás de ellos José Domingo, hijo del matrimonio y Marisa Edith.Aída Herrera y su esposo el maestro Juan Argentino Petracchini. Detrás de ellos José Domingo, hijo del matrimonio y Marisa Edith.

.

.

.


.

.