Esta entrevista al arquitecto Guillermo Rodríguez, fue extraída del libro San Juan 2035 de Juan Carlos Bataller publicado en 2013.
Guillermo
Rodriguez, actual decano de la Facultad de Arquitectura, es partidario de un
proceso de renovación urbana que balancee y potencie lo que hoy aparece como un
problema de externalidades sumamente negativas y poco sustentable: un
conglomerado de muy baja densidad de habitantes por hectárea, no más de 25
h/ha. En ese sentido también promueve el
crecimiento vertical en la zona urbana (edificios de departamentos) y
considerar a la vivienda no sólo como un bien urbano sino como un bien cuyo
valor social de uso este garantizado por normativas claras y políticas de
Estado consolidadas.
—Es muy posible que San Juan tenga un millón de habitantes en 2035
¿Cómo imagina que se distribuirá espacialmente esa población?
—La configuración espacial del territorio es
el resultado de la articulación de los fenómenos económicos, sociales,
ambientales e institucionales que gravitan en su producción. Todo cambio en
cualquiera de estos componentes refleja modificaciones territoriales. La visión
de futuro a la que el país apueste, dependerá directamente de las políticas públicas
adoptadas.
Atento a las obras de infraestructura
producto de las políticas activas del orden nacional y provincial en materia de
Planificación y Ordenamiento Territorial para la Inversión Pública y en función
de la reflexión disciplinar que se viene alentando y garantizando en nuestras
aulas e institutos de investigación, imagino que nuestra población se
distribuirá, aun manteniendo patrones de asentamiento históricos como la actual
tendencia concentrada en el valle de Tulum, de manera más articulada e integral
en el territorio todo de la provincia. No tengo dudas acerca de que la dotación
de energía y redes de movimiento de flujos (personas, información y producción)
sumado a la valorización del territorio en términos productivos, posibilitara
una ocupación más racional de nuestros recursos territoriales y su consecuente
expresión en una red de asentamientos sustentables integrados.
–¿Es partidario de concentrar la población en el Gran San Juan o de orientar
el crecimiento hacia ciudades satélites (con sus correspondientes centros
comerciales, de servicios y de entretenimientos), separadas del gran
conglomerado urbano?
—Desde el punto de vista de la calidad de
vida urbana, el derecho a la ciudad y un uso inteligente de la infraestructura
de bienes y servicios ya instalada en el área metropolitana de Capital y el
gran San Juan, soy partidario de un proceso de renovación urbana que balancee y
potencie lo que hoy aparece como un problema de externalidades sumamente
negativas y poco sustentable: un conglomerado de muy baja densidad de
habitantes por hectárea, no más de 25 h/ha. Asimismo concibo que la
consolidación, crecimiento y emergencia de nuevos asentamientos en el
territorio provincial vendrán dotados de aquellas actividades motoras que
respondan al rol que cumplan en un sistema integrado entendidos como polos
articulados. No tengo indicios ni me parece pertinente pensar en modelos
urbanos como los de “ciudad satélite”.
– ¿Si no es partidario de ciudades satélites, qué tendríamos que
comenzar a hacer hoy?
—Descartado lo de “ciudades satélites”, creo
que fundamentalmente, una buena cobertura de salud, de educación, de vivienda y
de equipamiento cultural, deportivo y recreativo, son condiciones esenciales
cuando se aspira al desarrollo de una “red
de centros intermedios” con procesos de habilitación de los recursos de
esos territorios, potenciando sus capacidades, o definiendo nuevos roles, que
acompañados de la necesaria inversión, posibiliten su inserción efectiva en el
sistema.
Para esto deberíamos:
-- Consolidar los tejidos urbanos
completando la construcción de infraestructura y dotaciones básicas como redes
sanitarias, equipamientos comunitarios, espacios públicos, redes de transporte,
etc.
-- Fomentar de los vacios intersticiales con
densidades residenciales medias y usos mixtos que promuevan la formación de
centralidades barriales.
-- Aplicar normativas que premien el
completamiento de tejidos y graven la vacancia de usos a la subutilización de
la edificabilidad.
–¿Qué deberíamos hacer en materia de servicios, transporte,
estacionamientos, etc.?
—Teniendo en cuenta que vivimos en una
“ciudad oasis”, (el 80 % de nuestro territorio es montaña, el 17 % es desierto
y tan solo el 3 % es apto para el desarrollo de la vida urbana y rural), no hay
dudas que la mayor parte de la población seguirá viviendo en el Gran San Juan,
esto requiere la concreción de procesos de ordenamiento territorial que definan
las directrices necesarias para orientar
el crecimiento de este conglomerado. Esto no quiere decir necesariamente
crecimiento hacia afuera, sino principalmente hacia adentro, preservando,
optimizando y potenciando el entorno productivo que a modo de “base económica”
opera como plataforma de sustentabilidad. Tomando conciencia que seremos en
2035 un millón de ciudadanos, deberemos poseer un servicio de transporte
público perfectamente diseñado para garantizar la calidad de traslado a los
diferentes puntos de la red de centros intermedios y de esta forma desincentivar
el uso individual del automóvil. De todas maneras la construcción de
estacionamientos, preferiblemente subterráneos, es inevitable.
– ¿En materia de viviendas, debería propiciarse un crecimiento
vertical u horizontal en la zona urbana?
—En este escenario no tengo dudas que las políticas de renovación urbana en pos
de una ciudad sustentable deben enfocarse en la producción de vivienda
colectiva con especial preocupación en la articulación con el espacio público
que, para el caso de la vida urbana, se traduce en un recurso no renovable.
Debemos alentar la densificación en vertical de nuestros “tejidos urbanos” en
pos de mitigar las “des economías urbanas” y muy particularmente prestando
atención a la función social del suelo urbano.
—¿Qué medidas deben adoptarse para preservar las zonas verdes, tanto
urbanas como rurales?
—La preservación y generación de las zonas
verdes, el sistema de arbolado público y parques y paseos en la ciudad,
involucra componentes políticos, económicos, sociales, normativos, pedagógicos
y técnicos. Requiere de políticas precisas que entiendan acerca de la
sustentabilidad en el tiempo y el aprovechamiento racional del elemento agua.
Asimismo debemos bregar por un futuro mediato donde esté claramente deslindado
en términos de “Proyecto Cultural” la importancia de entender y asumir en la
practica la “cultura de habitar el oasis”, tan caro a la tradición
sociocultural que nos identifica mundialmente y que indica con claridad
meridiana el respeto por las unidades ambientales que hacen al aprovechamiento
de los suelos fértiles productivos, hoy concretamente amenazados por el avance
indiscriminado del desarrollo urbano.
—¿Es partidario de un planeamiento centralizado y provincial o
descentralizado y autónomo en cada municipio?
—En principio, la experiencia indica como
necesario, articular al mismo tiempo: el largo plazo (visión estratégica de los
problemas) con el corto plazo (definición táctica de las intervenciones); la
gran escala (la ciudad considerada en sus conectividades) con la pequeña escala
(los proyectos localizados); los intereses más generales (el bien público) con
las acciones más particulares. Imagino un planeamiento con fuerte presencia del
Estado Provincial en la orientación de sentido, en consonancia con las
directrices del modelo de desarrollo nacional, que garantice una ejecución
descentralizada en cada gobierno local—municipal, con la dotación de recursos y
mecanismos de participación ciudadana empoderizada, que exprese las
flexibilidades y alternativas que cada realidad reclame.
—¿Cómo imagina las viviendas del futuro? ¿Qué debe hacer el Estado
en ese sentido?
—En materia de vivienda imagino cambios muy
concretos relativos a la congruencia en términos tipológicos entre modos de
Habitar/Prácticas Sociales diversas y tipologías edilicias variadas, con un
desarrollo tecnológico que privilegie el valor agregado in situ y que
básicamente estén dotadas de conectividad en red. No me imagino la vivienda
sólo como un bien urbano sino ya asumida por las mayorías como un bien cuyo
valor social de uso este garantizado por normativas claras y políticas de
Estado consolidadas. Solo el Estado con el aval social democrático creo, que
como actor, puede garantizar sacar la vivienda de “interés social” de las
lógicas del mercado. La construcción social del hábitat será una realidad
insoslayable si es que avanzamos en las concepciones de calidad de vida urbana
y el derecho a la ciudad. El estado debería en el futuro poder garantizar el
subsidio tanto a la oferta como a ciertos nichos de demanda, a partir de
políticas de fomento y claros ejes de regulación de servicios y bienes urbanos
para las mayorías que padecen de las asimetrías de accesibilidad a ellos.
—¿Qué debe irse planificando en materia vial (anillos de
circunvalación, autopistas elevadas, trenes, etc., etc.), para que el hombre
deba movilizarse poco por razones laborales o de servicios? ¿O facilitaremos
una rápida movilización?
—El sistema vial supone un aspecto
prioritario, se requiere el desarrollo de un sistema integrado de redes que
propicie la conectividad interna y externa y fundamentalmente la accesibilidad,
la conectividad y el proceso de descentralización de servicios. Esto supone
articular distintos centros del sistema, jerarquizar vías, priorizar un plan de
obras en relación con el mejoramiento de circulaciones, etc. El anillo de
circunvalación fue diseñado en 1942, como dice la palabra, para que el
transporte de carga pesado evitara el cruce por la ciudad. Hoy está desbordado
en sus límites, pero nos damos cuenta que su rol, con otro tipo de vehículo lo
sigue cumpliendo. Se puede pensar que para 2035 hubiese en funcionamiento otro
anillo circundando los límites de los departamentos que conforman el Consejo
Metropolitano.
“Los espacios comerciales cerrados periféricos impactan negativamente en la idea de ciudad y son producto, esencialmente, de una actitud mercantilista, donde el aislamiento respecto del contexto propicia el consumo”, Guillermo Rodríguez.
—¿Qué debe legislarse respecto a la subdivisión de la tierra?
—Así como lo imagino para la vivienda en el
caso del suelo urbano, por tratarse de un recurso escaso, inamovible e
irreproducible, creo que avanzaremos hacia la desmercantilización del mismo, ya
que de ningún otro modo será posible responder al déficit de viviendas y a los
desajustes funcionales de la ciudad, si continuamos con las lógicas imperantes.
No tengo dudas acerca de la necesidad de asumir esto colectivamente y
reflejarlo en políticas activas y leyes específicas. El carácter de Bien con
Valor Social de Uso para el suelo urbano es indispensable para garantizar los
escenarios de posibilidad que emergen de los estudios, planes y proyectos
enmarcados en los procesos de la planificación. Ciertamente no otros son los
argumentos que dan pie al reciente Plan de Ordenamiento Territorial para
nuestro gran San Juan. Respecto de la subdivisión específicamente, dependerá
del destino que se pretende dar a determinadas zonas rurales, urbanas y en ese
sentido se limitará o propiciará la subdivisión correspondiente.
—¿Qué debe propiciarse en materia comercial (grandes centros
cerrados, ampliación del área peatonal, zonificación por rubros, etc.)?
—Los espacios comerciales cerrados
periféricos impactan negativamente en la idea de ciudad y son producto, esencialmente,
de una actitud mercantilista, donde el aislamiento respecto del contexto
propicia el consumo. La zonificación de la ciudad por otra parte, debería
propiciar la integración de usos de suelo complementarios de manera de no
generar ‘zonas muertas’ en determinados horarios,(caso especifico edificio
Poder Judicial). Las peatonalizaciones en la medida que cuenten con equipamiento adecuado, pueden
propiciar la recuperación de las cualidades de lo urbano.
—¿Es partidario de concentrar o dispersar los servicios y las
oficinas públicas?
—La distribución de equipamientos y servicios de manera
equilibrada en el territorio, contribuye a lograr un mejor acceso a los bienes
y servicios por parte de la población, además de propiciar la jerarquización de
los diversos nodos, de acuerdo con sus propias cualidades. La excepción serían
los edificios de los tres Poderes del Estado: Legislativo, Ejecutivo (Centro
Cívico) y Judicial, este último lo plantearía como Ciudad Judicial y refuncionalización urbana de toda su área de influencia.
PERFIL
-- El decano de la Facultad de Arquitectura, Guillermo Rodríguez tiene 57 años y es arquitecto egresado de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Además, es profesor e investigador.-- Entre los diferentes cargos en la UNSJ, fue Consejero Directivo, Secretario de Asuntos Estudiantiles, Vicedecano, Consejero Superior y desde 2006 es el decano de la Facultad de Arquitectura y Consejero Superior Decano desde Abril del 2006 hasta la actualidad.
-- Ocupó cargos de presidente de ALTHEA (Asociación Latinoamérica de Teoría del Habitar) y de DISUR (Red de Facultad de Diseño de Universidad Pública).
-- Desde hace 25 años es socio del estudio de Arquitectura Velasco - Rodríguez y Asoc., que realizó una cantidad importante de obras que van desde viviendas particulares a edificios, centros comerciales y bodegas.