Artículo publicado en El Nuevo Diario del 13 de abril de 2012 en la sección La Ventana plus

Vamos a suponer que el hombre se llama Juan.
Que era un día cualquiera y que Juan hacia sus cálculos ante un almanaque poblado de rojos.
-Viste la cantidad de feriados que tenemos este mes…
-Ahá…
-No tenemos que trabajar…
-¿Estás contento porque te vas de viaje?
-No, me quedo acá…
-¿Vas a aprovechar esos días para ponerte al día con algún trabajo atrasado?
-No, no voy a hacer nada.
-¿Estás leyendo algún libro y querés terminarlo?
-No, es sólo un feriado
-Por más feriado que sea, podés arreglar el jardín de tu casa, pintar la habitación de los chicos…
-Andááá…

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Este diálogo se puede multiplicar por cientos de miles.
Y los Juan pueden ser obreros o empleados, profesores universitarios o escolares, jueces o diputados.
Punto.
Dejemos de lado el turismo y las ventajas económicas o desventajas de que nadie trabaje.
Si quiere olvidemonos de las críticas de comerciantes y empresarios que deben pagar todo el mes de alquileres, sueldos e impuestos y para abrir sus negocios, deberán pagar triple salario la mitad de los días de este mes y encima dar francos compensatorios.
Hasta podríamos obviar la incongruencia de obligar al comercio y los servicios a cerrar sus puertas mientras se invoca que se decretan feriados para tener un mayor movimiento económico.
Lo que no podemos obviar porque es digno de análisis es el evidente desamor a las responsabilidades.
De pronto pareciera que no trabajar o no estudiar es una gran cosa.
Que no hacer nada es como alcanzar un orgasmo de felicidad.
Y que quién gobierna tiene la potestad de dar francos y feriados como si fueran privilegios de mandarines.

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El “sindicato” de los que odian el trabajo tiene cada día más adeptos.
Pero, en definitiva, siempre hubo gente a la que no le gusta trabajar.
Lo increíble es que hayan funcionarios que alientan a esta gente.
Todo parece bueno para no trabajar. El día de la muerte de un procer (nunca el nacimiento), el día de una derrota militar, el día de un golpe de Estado…
Siempre hay formas para hacer presentable lo impresentable.
Hasta estamos descubriendo hechos nuevos en la historia, casi desconocidos, que conmemoramos con otro colorado en el almanaque…
Es como si una nueva cultura hubiera desplazado definitivamente a aquella que trajeron nuestros abuelos inmigrantes.
Aprovechando esa nueva cultura, se sostienen políticos, gremialistas, ideólogos y hasta padres de familia.
Se llega al extremo de escuchar expresiones como:
-Es injusto que se les de feriado a los estatales y no a los privados. Si no nos dan el feriado vamos a hacer un “paro”.
Como tampoco se ruboriza el estudiante universitario que quiere acogerse a los beneficios de no estudiar, como si el perjudicado no fuera él mismo.

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Fíjese en algunos datos:
>En este mes de abril, hay empleados que sólo trabajarán 17 días.
>Algo peor aun: hay chicos que sólo tendrán 17 días de clases en una provincia que aun no tiene doble escolaridad, como ocurre en otras partes del mundo.
>¿Imitamos lo que ocurre en otros países? No, sólo imitamos lo peor del mundo. Por ejemplo, los feriados puente de España, una Nación en bancarrota y con un 23 por ciento de desocupados…
>Anote: Francia tiene sólo 10 feriados por año, Paraguay y Perú, 11; Sudáfrica, Alemania, Italia tienen 12. En Estados Unidos, todos tienen 6 días a los que se agregan los que se acuerden en cada empresa.
El tema es más profundo de lo que a simple vista parece.
No hace mucho un funcionario dijo que como no podían dar aumentos de sueldo iban a hacer que sus empleados trabajaran una hora menos.
Es como si el trabajo fuera cada día más una carga, una maldición, una cosa de esclavos o de gente poco cultivada.
En el mejor de los casos, se lo llega a considerar como una obligación no deseada que hay que cumplir para vivir, para conseguir lo necesario para subsistir.

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¿Sabe?
No son buenos tantos feriados.
Como diría el general, todo debe ser en su medida y armoniosamente.
Dejemos de invocar que esto conviene turísticamente porque en verdad, sólo le conviene a los grandes centros turísticos.
Digámoslo claramente: con cada feriado largo San Juan pierde dinero porque son más los que se van que los que vienen.
Además, no es más del 5 por ciento de la población el que puede participar de la “movida” turística cada 30 días.
Esto le sirve a algunos gremialistas para hacer como que luchan por justas reivindicaciones, a algunos políticos para hacer demagogia y a aquellos que consideran el trabajo como un castigo
bíblico.

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Lo peor es que este festival de feriados se inscribe en el contexto de una Argentina donde hay gente que nunca trabajó.
Hay niños que nunca vieron trabajar a sus padres.
Hay piqueteros que cortan calles para que les aumenten los subsidios por no trabajar.
Hay un millón de jóvenes que no trabaja ni estudia.
Hay gente que se acostumbró a vivir mantenida por un sistema prebendario, que paga sin contraprestación y que nació como paliativo para una situación de emergencia, pero que ya lleva más de diez años de vigencia.
Y también están los otros, gente que debería dar testimonio de aplicación al trabajo y están dando pésimos ejemplos , como los legisladores nacionales que sesionaron no más de 10 veces el año pasado o los magistrados que se toman vacaciones todo el mes de enero, parte de julio, todos los feriados y los sábados y domingos mientras aumenta la morosidad judicial.
El trabajo, el estudio, el esfuerzo por superarse, hoy no constituyen objetivos.
Las consecuencias ya están a la vista: faltan trabajadores en muchos sectores, aumentan la deserción escolar y los estudiantes que demoran 20 años en recibirse y miles de trabajadores vienen desde países limítrofes a ocupar los puestos que dejan argentinos que prefieren vivir del subsidio….