Artículo de Juan Carlos Bataller. Publicado en El Nuevo Diario, edición 1519 del 20 de marzo de 2012

—Y vos… ¿De cuál de los Bataller sos hijo?
Era la pregunta obligada a cualquier chico que visitaba por primera vez una casa.
La escuchábamos cuando la visita era para jugar con otros niños. Y también cuando llegábamos atraídos por las pecas de alguna vecinita que nos comenzaban a importar más que el partido de futbol con los amigos. Aquel San Juan de los 60 era una ciudad hecha a nuestra medida, con niños jugado en la vereda, con madres que salían a pasar el lampazo sin temor a ser asaltadas, con casas grandes donde generalmente convivían abuelos, padres e hijos.
Aquella pregunta tenía una razón de ser. Era una ciudad de inmigrantes y la gente se conocía. O quería conocerse.
—Ah, vos sos hijo de Juan y de la Ruth… Al que conozco mucho es a tu tío Emilio…
Esas palabras eran el pasaporte de entrada. A partir de ese momento “eramos de la casa”.

Me recuerdo niño y advierto que poco tiene que ver este San Juan con aquella ciudad chata y con baldíos que daban testimonio del terremoto.
Pero no sólo los baldíos, el viento zonda en agosto y el agua hecha escarcha en el mes de julio, quedaron fijados en la memoria.
Decía que aquella era una ciudad de inmigrantes. Y los niños de aquellos años teníamos un padre o un abuelo que hablaba un castellano con tonada extranjera.
En una misma cuadra podíamos encontrar al italiano con un infaltable toscano en la boca, charlando en su idioma con algún “paisano”. O a los valencianos discutiendo en la puerta del Olimpia sobre la última partida de Trinquete.

En mi zona de Trinidad eran comunes las familias libanesas, que para nosotros eran “turcos” y que, en su mayoría, ya había dejado atrás la algarilla y fruto del esfuerzo personal se habían instalado con tiendas multirubros.

El periodista Elías Assaf contaba que los primeros libaneses que llegaron a San Juan, para quedarse y trabajar lo hicieron alrededor de 1885. Parece muy probable que don Nehemtala Nehín haya sido el primero que se quedó.
A Nehín le siguieron dos hermanos: Alejandro y Julio Adem. Aquí se establecieron y aquí trabajaron durante algunos años contra las ineludibles dificultades del ambiente, del idioma y de la época. Y desde aquí, constituídos en sanjuaninos para los libaneses, hicieron —en sus cartas— conocer a San Juan en el Líbano. Lo concreto es que en poco más de una década fueron muchos los libaneses que se radicaron. Assaf , en un trabajo que escribiera en 1949 da nombres de aquellos pioneros:
Como un homenaje a aquellos “turcos” que despertaban mi curiosidad de niño y cuyos descendientes hoy son destacados empresarios o profesionales, les dejo una lista que elaborara Aseff y que, sin duda, constituyen un rescate de parte de nuestra identidad. Dice Assaf:
“La lista de 1889, resulta bastante numerosa. Don Elías Abichacra, fallecido años después en Tucumán, se radicó en San Juan por entonces, lo mismo que don Elías Assaf. Miguel Marún, Antonio Marún, Elías Marún y José Marún son también del mismo año. Miguel y Salomón Samaja, Pablo Pósleman, Jorge Bacha, Jorge B. Saleme, Ramón Barud, Simón Sefair, Alejandro Norte, Moisés Yapur, Felipe Mattar, Elías Bacha, Pedro Pósleman, Daniel Flores y Miguel Salé engrosaron entonces la naciente colectividad.
Pero hubo mucho más. Francisco Amado, padre del doctor Elías T. Amado, vicegobernador ministro de Hacienda de la provincia; Salomón Carubín, Jorge Carubín; Pedro Vicente Yunes; los hermanos Dáher y Juan Yunes; Antonio y Simón Saleme, Antonio Mattar, José Amado Yapur y Félix Amado; Faragala y Amado Nehím; Jorge Saffe, Elías Fraifer y Elías Purés; José Huequín Adem y Abdo Purés; tres Ráched, Salomón, Jorge y Said; y por último, terminaremos la incompleta lista de 1889 con los nombres de Fortunato y Abdala Nacif”.

“José Fáger (hijo) llegó en 1891, y al año siguiente don José su padre. Otros libaneses se establecieron en San Juan en 1892. Entre ellos, Salomón Marún, que se radicó después en Buenos Aires —a principios del presente siglo— para regresar más tarde al Líbano, donde falleció. Vinieron también José Anán y Antonio Norte, Abraham Saleme, Juan Názara y sus hijos Salomón y Jalil, Rachid Mattar y Moisés Purés. Marún Nehím, Jorge Sacca, Félix Dorgan, José Samat, Elías Forzén, Félix Lechún, José Jettar, Juan Spalla, Salomón Cassab y domingo Debes son algunos de los que se hicieron sanjuaninos en 1893. Julio Mattar, padre de Enrique Mattar Morales, es de 1894, como Miguel Amado Yapur, Miguel Cháquer y Juan Norte. En 1895 se incorporaron Elías Fagale, Pedro Nehím, Nehme Nacusi y Antonio Ene”.

“Más numerosos parecen haber sido los de la camada de 1896. Jorge Elías Assaf, acompañado de su padre don Elías —que había viajado al Líbano para regresar con él—,junto con Antonio Crim y su hijo José. Pero en el mismo año adoptaron la tierra sanjuanina Félix Réstom, Vicente Sefair, Salomón Abdó, Félix Sill, Alberto Salmuni —padre de los doctores Alberto y José—, Antonio Cháquer, Miguel Daroni, Amado Máttar, Miguel Spalla, Checre Peluc y Pedro Marún Ahún.
Akl Marún, uno de los fundadores de la Sociedad Libanesa de Socorros Mutuos; don Akl Marún, padre de don Alfredo, que entre 1937 y 1939 fue también presidente de la entidad, vino en 1897, año en el cual llegaron Miguel Zeid, Jorge Crim, Félix Sosa, José Fáger y Checre Fagale, el cual estuvo poco tiempo aquí.
Antonio y David Fagale, Elías Ottán, Alejandro Cháquer, Melhem Háidar Noujaim, Jorge Carubín y Jorge Secín arribaron a este suelo en 1898. En 1899 llegó el doctor Julio Nehme, que más adelante fijó su residencia y actividad de médico en Mendoza”.

Y terminaba el artículo de Assaf diciendo: “Hemos dado poco más de cien nombres, pero entre 1886 y 1899 han de haber llegado a San Juan no menos de doscientos libaneses y seguramente más. Los datos que consignamos no representan una tentativa de hacer historia, sino el fluir de un cristalino y nostálgico manantial de recuerdos, que dejamos correr como transcurren las palabras del homenaje, del agradecimiento y la plegaria”.

Fuente: El Nuevo Diario – Edición 1519