Artículo de Juan Carlos Bataller. Publicado en El Nuevo Diario, edición 1512 del 16 de diciembre de 2011

Dicen que lo van a hacer donde estaba la estación.
¡Un Shopping!
¡Qué lindo!
Al fin vamos a entrar en el primer mundo.
Pero un shopping en serio, con microcines, patio de comidas, entretenimientos, en un ámbito cerrado. ¡Cómo debe ser, que caramba!

Hasta aquí todo bien.
Al final de cuentas el shopping forma parte esencial de la cultura de fin del milenio.
Y si no lo teníamos nos íbamos a agarrar un complejo grande como una casa (mirá vos el shopping que tiene Mendoza y nosotros nada...!)


El problema no es, pues, el shopping.
Bienvenido sea.
El problema es la ciudad que estamos haciendo: sin planificación, a la que te criaste, privilegiando los intereses inmobiliarios por sobre los generales.
Eso es lo preocupante.
Porque si seguimos así, cualquier día se va a armar una galleta con el tránsito que no va a poder desatar nadie. ¡Van a tener que venir helicópteros a levantar autos para restablecer la circulación!

Fíjese como es San Juan.
Viene alguien y dice que tenemos que tener un solo gran hospital y que, ese es el Rawson.
Perfecto, desde el punto de vista hospitalario no entramos a discutir la decisión.
Pero al lado del Hospital hay una gran estación de servicios. Y si uno de esos grandes camionazos que traen nafta, haciendo maniobras se atravieza durante quince minutos en la Avenida Rawson... ¿me quiere decir por dónde pasan las ambulancias?

Por otra parte, hasta ahora han opinando los médicos, los enfermeros, los funcionarios. Pero no han opinado los urbanistas. ¿Es correcto centralizar en cinco o seis manzanas la terminal de ómnibus, el más grande hospital, dos estaciones de servicio, varios comercios, un museo, tres o cuatro colegios, las rutas de salida a Buenos Aires, a Mendoza, a Jáchal?
Los urbanistas nada dicen. Y el silencio puede tener dos razones: o están de acuerdo o no tenemos urbanistas.

Pero dejemos lo que ocurre con el sector este de la ciudad. Vamos al oeste.
Que tiene mucho de conquista del oeste porque las vías del ferrocarril actuaron durante un siglo como una muralla que sólo posibilitaron el desarrollo urbano de determinadas calles. Ahora se les ha ocurrido ocupar el espacio de las vías. Cuando más necesitamos las vías.
Porque insistimos: el tren no es el transporte del pasado. En todo el mundo es el transporte del futuro. Acá estamos levantando vías para construir villas miserias, ferias o shoppings.

Y qué ocurre?
Imagine una Exposol en el Predio Ferial.
Si se presenta un buen espectáculo pueden concurrir 30, 40 o 50 mil personas.
Lo que significa mil remises, cien taxis y 250 ómnibus entrando y saliendo en la zona. Y cinco o diez mil autos intentando estacionar.
¿Adónde van estacionar? Donde puedan. Lo lógico es que ocupen el parque, los alrededores de las plazoletas España y Julieta, las tranquilas callecitas de los alrededores, como Maipú, Pedro Echagüe, 25 de Mayo, etc, etc. Y por supuesto, todo el movimiento por la avenida Libertador, que es una de las dos únicas vías de comunicación con Rivadavia.

Pero a pocas cuadras está el estadio cubierto del Parque de Mayo. Y el estadio abierto con el Velódromo. En cada uno de esos campos deportivos entran diez mil personas. Y ninguno de los dos tiene playa para estacionar un solo auto. Y está Inca Huasi, que tampoco tiene estacionamiento. Y el Lawn Tenis club que reune a 200 familias socias y tampoco dispone de estacionamiento. Y las facultades de la Universidad Nacional, donde concurren centenares de alumnos y profesores.
Y está el complejo Eva Perón o Ferrourbanístico.
Ahora han licitado el casino.
Pero en lugar de reservar el edificio para otro fin y exigir a los futuros adjudicatarios la construcción de uno nuevo en las afueras —entre otras cosas para desalentar el alma timbera de los más necesitados— los obligan a seguir construyendo en el mismo predio, que no tiene estacionamiento.
Como tampoco lo tiene la Cámara de Diputados, donde trabajan centenares de personas todos los días.
Todos los escenarios que hemos nombrado están en un radio de diez manzanas.
Si a esa misma zona le agregamos el Centro Cívico —donde trabajarán algún día o harán trámites miles de personas por día— y un shopping con 120 locales y ocho cines, que convocará diariamente a muchos miles de personas y automóviles, la pregunta es obvia: ¿Algún urbanista ha pensado en los problemas que se nos vienen?
Claro, dirá usted: ¿dónde están los urbanistas?
Y podemos agregar nosotros: ¿Y dónde están los responsables del planeamiento urbano ya sea este de ámbito provincial o municipal?

Nos preguntamos: ¿no sería mejor ocupar ese inmenso terreno baldío de mil hectáreas que el Ejército posee en Marquesado para concentrar allí los grandes estadios, los shopping, los casinos? Son tierras que no sirven para el cultivo y están a nueve kilómetros de la Plaza 25 de Mayo.

O podríamos utilizar los ripiales cercanos al río, en Chimbas, que tampoco sirven para cultivo y están a 5 kilómetros del centro. O alguna propiedad sobre el Acceso Sur, que tiene rápida comunicación con la Avenida de Circunvalación.
No, preferimos seguir encerrándonos en el centro, donde todos los días llegan 90 mil vehículos y 150 mil personas que viven en el Gran San Juan.

Ante un panorama como el que hemos planteado, tanta concentración de escenarios que pueden convocar multitudes sólo podría entenderse si desde allí partieran trenes con destino a Rawson, Pocito, Rivadavia, Chimbas, Santa Lucía, Caucete. ¡Qué casualidad! Teníamos las vías para que funcionen los trenes.
Y fue lo primero que hicimos desaparecer.
Pensemos, por favor. Pensemos. O estudiemos lo que se hace en otras partes, que es más barato que pensar.


Publicado en El Nuevo Diario, edición 1512 del 16 de diciembre de 2011