En este mundo de grandes y acelerados cambios se están dando dos procesos que van a modificar en pocos años todo lo que hoy conocemos.

▲ Por un lado, los increíbles avances tecnológicos, algunos en avanzado desarrollo y otros en fase experimental. La inteligencia artificial, la robotización de los procesos, la computación cuántica que posibilitará en el futuro procesar información a velocidades inalcanzables, la nanotecnología, los supercondensadores y la utilización de nuevos materiales, están anunciando un mundo aun no suficientemente programado.

▲ Por el otro, un imparable avance del proceso de globalización, impulsado por grandes plataformas -hasta ahora sólo contenido en base a aranceles y decisiones geopolíticas y sindicales-  que avanza en sus intentos de transformar las economías nacionales en un solo mercado globalizado.

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En un mundo de estas características es muy distinto el papel que juegan las potencias, los países centrales, las economías de países periféricos y mucho más las zonas alejadas de las grandes metrópolis.
En este entorno, la lucha por los mercados se ha convertido en una competencia feroz donde las corporaciones multinacionales y las potencias económicas disputan el control de la demanda, el talento y los recursos naturales.

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Todos advierten que hay una fuerte disputa por el mercado global.
Es indudable que las barreras comerciales tradicionales han disminuido, permitiendo que productos y servicios crucen fronteras y lleguen a nuevos consumidores de manera masiva. A veces porque es imposible negarse a procesos que mejorarán la calidad de vida como todos los que tienen que ver con las comunicaciones, la salud y los avances tecnológicos. Otras por simple y llana imposición de países más fuertes.

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Ante procesos de cambios tan drásticos y acelerados, las empresas operan bajo una presión constante para reducir costos operativos, mejorar la calidad y ser más eficientes.
Y en ese proceso no sólo están en juego los avances tecnológicos sino también los recursos humanos y materiales.

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Dejamos acá la descripción de un cuadro en vertiginoso avance o en previsible espera y vamos a datos de la realidad.
Las siguientes líneas generarán las más variadas reacciones. Lo que es lógico. Solo el tiempo tiene la respuesta definitiva. Veamos.
Hace un tiempo estuve en la Universidad de California en Los Ángeles (la UCLA) y tuve la oportunidad de charlar con un docente de alto nivel.
La UCLA es una de las universidades más importantes en tratamientos oncológicos. Me comentaron que reciben pacientes de todo el mundo pero especialmente de América Latina.
-Esto va a cambiar en poco tiempo. El paciente no va a tener que viajar a los Estados Unidos para ser atendido por nuestros profesionales.



-¿Y cómo lo harán?
-Hemos advertido que el traslado de un paciente es muy caro. Tienen que venir acompañados, pagar pasajes de avión, estadía en hoteles, internaciones si fuera necesario. Todo eso cuesta mucho dinero y la mayor parte de ese dinero no llega a la universidad, que sostiene uno de los cuerpos de especialistas en oncología más prestigiosos del planeta.

-El paciente que puede enfrentar gastos busca una atención personalizada.
-Exacto y eso es lo que estamos desarrollando. Si bien estos casos responden a un protocolo, partimos del concepto que cada enfermo reacciona en forma distinta. Por eso pensamos en un sistema donde nuestros especialistas puedan monitorear todo desde acá, mantener incluso entrevistas a distancia, ordenar los más completos estudios, afinar los diagnósticos e indicar los tratamientos.

-Siempre hará falta el trato personal del médico.
-La idea es comenzar con un centro en cada país, conducido por profesionales locales, provistos de la mayor tecnología y que trabajarán con el soporte de nuestra universidad.

-Por ley el profesional debe ser un médico argentino…
-El médico de cabecera será argentino y hará las recetas. Naturalmente, pertenecer a nuestro sistema tendrá un porcentaje del costo de cada caso. Además, las personas que adhieran a nuestro sistema pagarán una cuota de pertenencia.

Esto mismo, palabras más o palabras menos se están planteando varias universidades que hacen investigación de avanzada.

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● Un grupo de arquitectos franceses están desarrollando un sistema mediante el cual cualquier persona, podrá tener por poco dinero un plano para una casa. Uno llena un formulario especificando número de ambientes, tamaños, pisos, techos, ventanas, presupuesto y hasta código de edificación de su ciudad y le envían distintas opciones, incluidos planos y cálculo de estructuras. Basta la firma de un técnico local para que los planos puedan ser aprobados. Siempre habrá algún profesional dispuesto a firmar los planos.

● Las sucursales de grandes empresas ya son asesoradas por abogados, estudios contables, diseñadores y técnicos residentes en la sede central. Actualmente se están desarrollado plataformas locales que tendrán que competir duramente con grandes estudios que funcionan a nivel planetario.

● Hoy pueden contratarse locuciones, redacción de notas, guiones de películas, composición de canciones y hasta cartas de amor. Todo está al alcance de la mano.

● Ni hablar con lo que ya está en marcha en el ámbito docente, en las plataformas de películas, de música, remises, alquileres y venta de inmuebles, comercio electrónico y todo lo que imagine.

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Podría seguir señalando aplicaciones ya en marcha con decenas de ejemplos más. Pero con esto alcanza para advertir que la tan mentada globalización no sólo se refiere a las mercaderías.
Nuestros profesionales deberán ser cada día más competitivos a nivel internacional si no quieren ser desplazados. Nuestras empresas tendrán que ser también competitivas en precio y calidad. Y nuestros trabajadores deberán ser parte de este proceso transformándose en protagonistas en lugar de simples aportantes de organizaciones que sólo brindan protección o servicio pero que dejan de lado todo lo referente a la formación continua, algo aceptable hace medio siglo pero muy discutible en estos días de grandes avances.
Pensemos simplemente lo que significará para los albañiles la utilización de nuevos materiales en la construcción de viviendas.

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Estas líneas no tienen como objetivo alarmar a quienes hoy desarrollan oficios o profesiones. Simplemente advertir que en un mundo globalizado y de alta tecnología la única forma de competir es con similar nivel de capacitación.
Y que esto no se consigue con aranceles, colegiaciones o protección por decretos.


Fuente: Publicado en El Nuevo Diario, edición 2193 del 24 de mayo de 2026