El mundo cambió y muchos dirigentes no se dan por enterados
El mensaje suena claro en mis oídos.
Y aunque lo haya oído muchas veces, siempre me deprime. O mejor dicho, me deja un sentimiento de impotencia mezclado con una cierta dosis de tristeza.
-Dejá de pensar en cosas que nunca pasarán. El mundo está bien como está.
Es una respuesta a comentarios míos. Y traducida sería algo más o menos así:
-Este pelotudo cree que se las sabe todas. ¡Nos va a enseñar a nosotros!
A estas alturas usted estará intrigado y pensará qué ideas tan peligrosas se le ocurren a este tipo.
Nada que ver.
Son simplemente experiencias que en mi ya larga vida de periodista me ha tocado ver, leer o escuchar. Pero que, transmitidas a dirigentes sectoriales o ciudadanos comunes, encienden luces de alarma.
Veamos algunas:
● ● ●
A fines de 1980 estalla en Turín lo que se conoció como la batalla de los “colletti Bianchi”. Fue en los portones de la fábrica de la Fiat, donde los piquetes de las tres centrales obreras –la comunista, la socialista y la demócrata cristiana, además de los metalmecánicos- impedían que los obreros entraran a trabajar.
De pronto los “colletti Bianchi” (los trabajadores de cuello blanco) comenzaron a desfilar, desafiando los piquetes.
Al principio fueron un centenar.
Poco después ya se contaban por miles.
La marcha comprendía a empleados administrativos, técnicos, ingenieros, personal superior. No hubo forma de impedirles entrar a la inmensa fábrica.
Para los diarios italianos fue la primera expresión clara de un mundo nuevo que asomaba en el gremialismo.
Reitero, estamos hablando de 1980.
● ● ●
A raíz de ese hecho el diario para el que trabajaba me ordenó viajar a Turín. Allí entrevisté a varios de los protagonistas. Esto me dijeron:
-Que algo quede claro. No fue una expresión de apoyo a la empresa. Fue una advertencia a la dirigencia sindical de que existen centenares de miles de trabajadores que no formamos parte de una línea de montaje, que no usamos mameluco como uniforme. Pero que somos tan trabajadores como ellos, tan proletarios como el que más.
Y agregaban:
-Pero también tenemos intereses diferentes y no nos sentimos representados por un gremialismo igualitario.

● ● ●
Ya en aquel tiempo trabajaban en la Fiat miles de trabajadores en estas condiciones. Había empresas, como la Ansaldo, que realizaba obras en todo el mundo que tenía un plantel de 800 empleados entre técnicos e ingenieros.
-¿Y ustedes qué pretenden?-, pregunté
-Entendemos que ya no sirve un gremialismo que se limite a pedir condiciones de trabajo y remuneración igualitarias y sólo tenga como arma de lucha la huelga. Es hora de pasar del antagonismo al protagonismo y sentarnos a negociar de igual a igual con las empresas considerándonos protagonistas del futuro de éstas pero además, dando un marco institucional a los intereses personales de cada trabajador.
-¿Por ejemplo?
-Hoy muchos trabajadores tiene un título terciario o universitario, trabajan ante un escritorio, en algunos casos hablan idiomas. Hay incluso trabajadores que trabajan en sucursales ubicadas en ciudades que no son las propias. Si la tendencia se mantiene, como es previsible, dentro de dos décadas este tipo de trabajadores serán absoluta mayoría.
Reitero otra vez. Era 1980.
● ● ●
Han pasado 45 años de aquellos hechos. Y las diferencias se han profundizado.
En muchas empresas los trabajadores realizan sus tareas ante un ordenador, algunos incluso lo hacen en sus propias casas, tienen dependencias laborales compartidas con dos o más empresas, cambian de residencia varias veces en su vida laboral.
Y aparecen reclamos muy específicos. Por ejemplo: permisos para asistir a cursos de actualización, pago de esos cursos, condiciones de vida en caso de traslados (tipo de vivienda, escuela para los hijos, seguridad personal), posibilidad de lo que se denomina licencia sabática para encarar estudios o trabajos distintos, discusión de la tecnología que utilizará, negociación de la época de vacaciones en caso de trabajar en más de una empresa, situación laboral del cónyuge en caso de traslados…

● ● ●
Se dirá que el sindicalismo no atiende cuestiones personales sino que negocia un piso común a lo que cada uno puede agregar sus propias negociaciones. Es cierto.
Pero ya no existe un mundo homogéneo.
No es lo mismo un canal de televisión de Buenos Aires donde un segundo de publicidad en horario central de Telefe cuesta alrededor de 5 mil dólares que uno en Jáchal o Caucete donde ese mismo segundo se cobra la menos de la milésima parte.
Es absolutamente distinto ser mecánico de la fábrica Renault que del taller de Pepito en Concepción.
Estas diferencias se van a profundizar. Y un sindicalismo que sólo se plantee como verdad única que “a igual trabajo corresponde igual salario” debería considerar que en lugar de apostar a la inclusión y la inversión está fomentando todo lo contrario.
● ● ●
Pero este tipo de problemas no se da sólo en personal con relación de dependencia. Se advierte también entre trabajadores independientes, como puede ser un médico.
Uno habla con un médico que hizo su especialización, asiste a congresos, tiene una experiencia de 20 o 30 años en la actividad y lo escucha quejarse con razón:
-¿Cómo puede ser que la obra social me reconozca por mis consultas lo mismo que al profesional que recién se recibe? Y si cobro un plus pueden hasta suspenderme del sistema y el paciente me mira como a un delincuente.
He consultado el tema con directivos de obras sociales y en todos los casos la respuesta fue la misma:
-Estamos de acuerdo con hacer diferenciaciones. Pero que lo pidan las organizaciones profesionales.
Ahí mueren las palabras.
● ● ●
En fin. Hace 45 años escribí por primera vez sobre este tema.
Pero la respuesta de mis interlocutores cuando simplemente explico otras realidades, es la misma, invariablemente:
-Dejá de pensar en cosas que nunca pasarán. El mundo está bien como está.