La siguiente es una nota de Juan Carlos Bataller

Ocurrió en 1995 y el escenario fue el viejo edificio del Museo de Bellas Artes de San Juan, ubicado en la Avenida Rawson.

La denuncia se realizó el 24 de mayo de 1995. La hizo la subsecretaria de Cultura de la provincia en ese momento, María Elvecia García Carmona tras una noticia aparecida en El nuevo diario. La primera versión fue que alguien había forzado una puerta del museo, entró y se llevó la pintura.

María Elvecia García Carmona

En realidad el museo funcionaba en ese entonces en forma muy precaria en un edificio destartalado y casi sin personal.

La policía local, tan poco acostumbrada a grandes robos, tomó el caso como un robo más del patrimonio provincial y se limitó a decir que no se podían hacer muchas pericias porque no se sabía a ciencia cierta cuando había sucedido el hecho.

En esos días, quien esto escribe dirigía El nuevo diario y ante el robo del valioso cuadro escribió esta nota. “Una de las primeras notas que intenté realizar cuando me inicié como periodista, hace ya 25 años, fue sobre el valor de las obras que atesora el museo de Bellas Artes de San Juan.
Inmediatamente recibí una objeción que me hizo desistir de la nota: “Si publica eso nos van a robar los cuadros pues no tenemos custodia por falta de presupuesto”.
Un cuarto de siglo después, a la gente de este diario que investigó el robo del Pettoruti se les dijo, palabras más palabras meno lo mismo.
¡Basta! ¡No nos callemos más!
No ocultemos nuestros problemas. Si no hay vigilancia, que el jefe de Policía se instale con su plana mayor en el museo. O que los cuadros vayan a parar a un banco para que los cuiden.
Tener un museo guardado en cajones (como el Gnecco) y otro del que no se puede hablar por miedo a los ladrones y sólo funciona de lunes a viernes de 9 a 12, es una aberración.
¡Basta!

Por aquellos días, consultado por El nuevo diario, el profesor Luis Suárez Jofré, uno de los máximos exponentes de las artes plásticas sanjuaninas, reconocido a nivel nacional e internacional. Explicaba que la obra robada “está inscripta en la temática del cubismo de la década del ´30 y se denomina “Haz de luz sobre la mesa” y sus medidas son de alrededor de 58×48”.

Agregaba el artista que el Petorutti era una de las pocas obras que tienen valuación en el mercado nacional, “se puede decir que está entre los 200 y 250.000 dólares”, además de tener cotización internacional, junto con firmas como las de Spilimberto, Raquel Forner, Soldi, Berni, Victorica, Guttero, Diomeda, Monvoisin, Franklin Rawson, Amadeo Grass, Fader, que también están en nuestro museo”.

Pero la sorpresa fue cuando Suarez Jofré explicó que el valor económico del conjunto de obras que atesoraba el museo de Bellas Artes “supera en mucho, los 100 millones de dólares; por lo tanto, mal que le pese a la provincia, es lo más valioso que tenemos”.Y agregó “Este museo es una verdadera joya que no hemos sabido cuidar”.

Así era la sala principal del viejo museo de Bellas Artes

Consultado sobre como evitar robos futuros, el profesor Eduardo Peñafort, entonces columnista de El nuevo diario decía que “los sistemas de seguridad de cualquier oficina pública no son eficaces en el caso de los museos, puesto que los valores de las obras son objeto de bandas organizadas internacionalmente. Robos como el del cuadro de Pettoruti no son azarosos, sino que es posible que responda a la solicitud de un coleccionista, dado que el circuito de comercialización es muy restringido. Por ello, la única solución efectiva, además de las alarmas y el control del edificio, es la organización de un sistema de seguridad a cargo de expertos (existe, en los grandes museos, la figura del curador). Resulta conveniente prever algún tipo de seguros que, a su vez, asesoren acerca de la forma de protección ensayada exitosamente en otros museos del mundo”.

“Coincidentemente”, en Capital Federal se organizaba una muestra de la obra de Pettoruti.

En ese tiempo el arquitecto y artista Carlos Enrique Gómez Centurión vivía en Buenos Aires y por sus propios medios se puso a buscar el Petorutti por los círculos de arte de la Capital Federal.
La obra fue localizada  en una renombrada galería de arte de la Recoleta dirigida por Daniel Maman, un galerista muy reconocido en el mundo del arte.

Inmediatamente Gómez Centurión dio aviso a la Policía Federal, la que un rápido operativo recuperó la obra junto a otro cuadro robado en San Juan al Museo Histórico Gnecco que funcionaba en el mismo lugar que el Museo de Bellas Artes..

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Es así como la comisión de la Policía de la provincia que viajó a la Capital, encuentra el cuadro en la galería del señor Mamán. Al parecer, la delegación policial estaba dispuesta a viajar en colectivo, pero para agilizar la investigación, se decide que lo haga en avión, mediante el aporte del Ministerio de Desarrollo Humano.

El galerista Daniel Maman quién aseguró haber comprado el cuadro de buena fe y se quedó “sin dinero y sin la obra”

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Mamán todavía era un desconocido por la policía sanjuanina. Esto es porque cuando se hace el procedimiento policial, son sus dos abogados los que intervienen en la entrega de la pintura, con la explicación de que había sido comprada “de buena fe”. Incluso habría mostrado un recibo que señalaba que había pagado 36 mil pesos por el cuadro.
La pintura ya había sido restaurada, limpiada, barnizada y enmarcada por un reconocido marquista en Buenos Aires y estaba en condiciones de ser trasladada, en pocas horas más hacia Uruguay.

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Julio Sapollnik, director de Salas Nacionales de la Secretaria de Cultura de la Nación, dijo desconocer que se trataba de un cuadro robado

El empresario en arte señaló a Julio Sapollnik y Jorge García como los vendedores que tocaron a su puerta para ofrecerle el cuadro.
Sapollnik y García –se supuso entonces-, habían sido socios en el robo y posterior venta de la obra. La investigación dio a luz que Sapollnik había viajado especialmente desde Buenos Aires para ver la “mercadería” que había en el Rawson.

Y acá viene la gran sorpresa. La pata sanjuanina del robo era nada menos que el ex director de Cultura de la Provincia durante el gobierno de Juan Carlos Rojas, Jorge García quien se encargó de cortar prolijamente la tela y entregársela a Spolinik.

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Cuando identificaron a García, la teoría de la violación de una cerradura quedó rápidamente descartada, simplemente porque el ex funcionario aún tenía llaves de cada una de las puertas del museo, 

Los policías sanjuaninos regresan con la valiosa carga que es depositada en dependencias policiales hasta que el juez interviniente en la causa dispuso su reintegro al organismo responsable, la Subsecretaría de Cultura

El martes 13 de junio de 1995, a las 13, la Policía detuvo en la vía pública a García. En ningún momento se resistió, sí demostraba estar bastante nervioso y asustado.

A principios de agosto, el juez que entendía en la causa, doctor Leopoldo Zavalla Pringles informó a la prensa que “se ha avanzado en los procesamientos judiciales en esta última semana, ya que se dictó la resolución por la cual se establece el auto de procesamiento y prisión preventiva para quienes hasta el momento aparecían como haber tenido algún grado de participación en el hecho, Es decir que han quedado directamente vinculados a la causa.

Se trata del ex director de Cultura Jorge García, quien habría sido el que extrajo la pintura de Museo de Bellas Artes Franklin Rawson: Julio Sapollnik, director de Salas Nacionales de la Secretaria de Cultura de la Nación, que habría hecho el contacto entre García y el «marchant» comprador del cuadro y Daniel Mamán, que es quien adquirió la pintura y en cuyo poder se encontró.

Leopoldo Zavalla Pringles

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El doctor Zaballa Pringles aclaró que esta acción judicial «se considera importante por cuanto las personas citadas ya aparecen como directamente involucrados en la causa, Por supuesto que en distinto grado cada uno, tanto porque el señor Sapollnik dijo desconocer que se trataba de un cuadro robado y el señor Mamán, porque se considera afectado por lo sucedido ya que pagó 36.000 dólares y no tiene la pintura en su poder».

Señaló también que estas personas continúan excarceladas, va que la apelación de esa medida ha sido resuelta. «Si se ha fijado una fianza real con embargo de bienes equivalentes a 36.000 pesos, para el señor García y en 20.000 pesos para los señores Mamán y Sapollnik, igual cantidad para ambos.»

Consultado sobre los pasos siguientes en los procedimientos judiciales, el doctor Zaballa indicó que, «una vez notificados del auto de procesamiento y prisión preventiva, continuará la tramitación con las investigaciones correspondientes, hasta terminar, para que finalmente la causa se eleve a juicio»

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El final de esta historia es que tanto Sapolinik como Maman fueron sobreseídos y sólo García quedó detenido por poco tiempo.

Luego y hasta el día de hoy, nada se supo de él.

Sólo quedaron algunos recortes de El nuevo diario, recordando la historia.

Pero quién era este oscuro funcionario que de pronto se transformaba en noticia nacional.

Jorge García nació el 25 de febrero de 1953, en Santa Lucía. De su infancia y adolescencia nada se sabe; sí de los años anteriores a su designación como director de Cultura de la provincia. Venía entonces de residir en Tucumán, donde según algunas versiones, se habría desempeñado en cargos similares en dos municipios de la provincia del noroeste.

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De regreso en Cuyo se instaló en el Barrio Rivadavia Norte junto a su esposa y sus dos hijos. Eran tiempos difíciles aquellos tanto desde el punto de vista económico como anímico: la falta de trabajo, según cuentan, lo sumían en prolongados estados depresivos.

Su mujer, entonces, “bancaba” ambas situaciones, hasta que un buen día consiguió un empleo en la Administración Nacional de Seguridad Social y las cosas cambiaron.

Tanto cambiaron, que dejó a su mujer, a sus dos hijos y a un tercero en camino e ingresó en las filas del gobierno provincial.
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Durante su desempeño en el área de Cultura, tuvo la posibilidad de vincularse con gente de Buenos Aires que le “habría abierto los ojos”. Pudo conocer el valor de las obras del museo y advertir la posibilidad de “colocar” una pintura de la importancia de Pettoruti.

Parte de la nota publicada por El Nuevo Diario en 1995

En esos días viajaba con frecuencia a la Capital Federal, a realizar “gestiones oficiales” que, según algunos artistas locales, “nunca se concretaron como el funcionario las pintaba”.
Vestía entonces con convencional elegancia: de traje y corbata para los actos relevantes, de impecable sport -el blanco en los pantalones y el cruzado en los sacos parecían atraer sus preferencias- para las ocasiones informales, donde también se lo solía ver con modernas camperas de cuero.

Aunque sin alardes demasiado evidentes, solía lucir un aire seductor, sabiéndose poseedor de cierta “pinta” de estilo clásico, aunque dicen quienes lo conocían íntimamente que fuera de las reuniones sociales, su carácter solía traicionarlo con frecuencia, sobre todo en el trato con sus subordinados.
A menudo se lo veía en la zona de los cafés de la plaza “matando el tiempo”, en especial los sábado en la mañana y, en las noches, alternaba con los actos culturales con partidas de póker en el Club Sirio Libanés.
Con la destitución del doctor Juan Carlos Rojas perdió su puesto en el gobierno y volvió a su ocupación anterior, en la oficina de calle Catamarca.

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De esos tiempo de gloria, dicen que conservaba la fantasía de poseer algunas de las obras del Museo de Bella Artes e imaginaba cuánta plata podría sacarles, especialmente a la de Pettoruti.
Con las primeras luces de un amanecer, acuciada por una situación económica apremiante (deudas de juego, en comercios y de orden legal en razón de la circunstancia familiar y particular que estaba viviendo), decidió hacer realidad el sueño de apoderarse de un cuadro y transformarlo en efectivo. El trámite lo llevó en poco tiempo; unos minutos para hurtarlo, unas horas de viaje a Buenos Aires, u par de días para la comercialización, otra media jornada para regresar a San Juan.

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También las inversiones se concretaron rápidamente: cancelación de cuentas pendientes, pago de cuotas alimentarias atrasadas, algunas compritas para su nueva residencia, un automóvil 0 kilómetro y un resto que guardó para los gastos chicos fueron los destinos de los dinerillos.

Tal vez sea cierto aquello de que no hay mal que por bien no venga.

En agosto de 2011 la presidenta de la Nación inauguró el nuevo edificio y el 13 de octubre el gobernador José Luis Gioja abrió sus puertas al público. Los arquitectos Carlos Gómez Centurión, Laura Elizondo y Gustavo Suárez fueron los diseñadores del nuevo edificio ubicado en las antiguas instalaciones del Casino Provincial. El edificio fue remodelado y se le agregaron nuevos cuerpos para adecuarlo a las necesidades de espacio del museo. La obra tuvo un costo superior a los 25 millones de pesos.

Domingo Tellechea, reconocido restaurador, intervino más de 45 obras durante 9 meses para restaurarlas, debido a que muchas de ellas se hallaban deterioradas.

Hoy es uno de los principales museos de bellas artes del país.