Desde hace tiempo venimos planteando como desearíamos que fuera San Juan dentro de algunos años.
Arbitrariamente fijamos una fecha: 2035.
Y a partir de esa fecha comenzamos a preguntar a algunos de los máximos referentes en cada tema qué tendríamos que hacer para que este San Juan nuestro, que en los últimos años ha dado un gran salto hacia adelante como ciudad y como provincia, vaya sentando las bases que nos permitan ser uno de los lugares con mejor calidad de vida.
Es así como hemos analizado a través de importantes voceros temas de urbanismo, la ciudad, la atención de la salud, la justicia, el desarrollo minero, la seguridad, la educación, la conectividad digital, las fuentes de energía, el agua, las tendencias sociales y hasta la religión.
Pero el tema no todo pasa sólo por el gobierno ni se agota con obras públicas y privadas, hospitales, cárceles, policías o medidas económicas.
Hay procesos que están en marcha y en poco tiempo van a exigirnos soluciones concretas.
Adelantarse a esos procesos es parte de la tarea que compete a nuestra generación.
Uno de esos temas es el proceso de envejecimiento de la población. Un tema que presenta una serie de desafíos.
Para que tengamos una idea clara de lo que estamos diciendo baste señalar que el 22% de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires tiene ya más de 60 años y que más de un tercio de ellos (El 37%) supera los 75.
Pero esta asimetría se profundiza en algunos casos. Por ejemplo, ya son más los mayores de 70 años (360.000) que los menores de 10 (330.000). Y si se cuentan los mayores de 60, la proporción es exactamente el doble.
En la misma línea, la expectativa de vida es cada vez mayor: en 1909 un porteño aspiraba a vivir tan sólo 48 años; hoy, 76.
Si se tiene en cuenta que cada vez se vive más y que los mayores de 60 años duplican a los menores de 10, se impone la duda sobre si es posible sostener un sistema con tantos adultos que viven décadas luego de jubilarse.
Es que hoy en día no puede pasarse por alto que el envejecimiento de la población puede contribuir a profundizar los problemas económicos, fiscales y previsionales.
Pensemos un poco, hace medio siglo la expectativa de vida de los seres humanos no llegaba a los 60 años.
Comparemos con la actualidad: del total de las 681.055 personas que viven en San Juan, 60 mil tienen más de 65 años. O sea, una edad en la que tanto los hombres como las mujeres ya están jubilados.
De esos 60 mil, 24.500 son hombres y 35.500 mujeres.
Pero si consideramos que las mujeres se jubilan con 60 años, San Juan tiene 48.500 mujeres que superan esa edad.
En una palabra, hoy tenemos 24.500 hombres y 48.500 mujeres con edad suficiente para ser jubilados.
¿Qué papel jugarán en la sociedad del futuro esta legión de seres que ha terminado con su vida laboral?
Pero el problema no termina con un simple cálculo numérico.
Según los datos del último Censo, 7.491 personas tienen entre 80 y 84 años. Esto significa el 1,1 por ciento de la población, una proporción sólo superada en cinco provincias argentinas.
Si sumamos a los que superan ese límite encontramos que en nuestra provincia residen casi 10 mil personas de más de 80 años.
Ahora bien. Estas cifras de hoy quedarán totalmente superadas dentro de veinte años..
Todos los especialistas sostienen que la proporción de las personas mayores de 65 años en la población total aumentará drásticamente en los próximos decenios.
Dos fenómenos se unirán para que ello ocurra.
Por un lado, las familias tienden a tener menor cantidad de hijos.
Por el otro, la gente vive más años.
Existe una predicción estadística que dice que en los países más evolucionados se encuentra entre un 15 y un 17% de población mayor de 65 años y este porcentaje va aumentando a medida que pasan los años, sobretodo, en el grupo de personas de más de 80 años.
La pregunta es si nos estamos planteando este problema que tendrá que enfrentar la nueva generación.
Ocurre que este envejecimiento acarrea un incremento de problemas sociales, políticos, económicos y sanitarios. Por ejemplo:
>>>Se pueden llegar a duplicar y a triplicar los ingresos hospitalarios, con un retraso de intensidad diagnóstica y terapéutica.
>>>Paralelamente, va cambiando el concepto de familia en amplios sectores de la sociedad. Habrá mucha más gente mayor viviendo sola o con limitaciones funcionales o enfermedades crónicas o mentales.
>>>Este problema requerirá, por consiguiente, un mayor esfuerzo de los servicios sanitarios para ofrecer a este grupo de población más alternativas tanto en residencias geriátricas, centros de día, domicilio y hospitales geriátricos que cubran esas necesidades.
>>>A esto deberemos sumar el poco acceso a la seguridad social, a la salud o a los servicios sociales más básicos por parte de una creciente población de este sector. Hoy, difícilmente un jubilado pueda pagar con sus ingresos un geriátrico decente. Mucho menos, un a atención domiciliaria personal.
>>>¿Quién financiará esos mayores costos de atención de los ancianos? ¿Las obras sociales? ¿El Estado? ¿Cada uno deberá arreglárselas como pueda?
Seguramente este análisis merecerá reparos desde muchos puntos de vista. Pero, independientemente de nuestras ideas de familia, de religión o de filosofía de vida, estamos ante problemas sociales con los que no nos hemos enfrentado masivamente en el pasado.
Los desafíos que presenta el envejecimiento poblacional y que los gobiernos deberán enfrentar en los próximos años van aun más allá de la asistencia.
> Las personas mayores son un grupo usualmente excluido de la toma de decisiones, son discriminadas en razón de su edad y ello ocurre con independencia del nivel de riqueza de un país o de los individuos.
> Si para el año 2050, una cuarta parte de la población será adulta mayor, los Estados deberán asegurar la inclusión de millones de personas que, además, “pedirán un papel activo en la sociedad”.
> No nos olvidemos que las personas mayores necesitan protección, pero igualmente requieren disfrutar de la posibilidad de ejercer sus libertades, tomar sus decisiones y, por supuesto, controlar su destino.
En concreto: la sociedad no puede destinar una categoría de “paria social” para un cuarto de la población. O comenzamos a buscar soluciones, creando los espacios y las condiciones que en unos años más serán indispensables o nos enfrentaremos a fuertes tensiones sociales.