Lo primero que leí de Alvis Toffler fue El shock del futuro, al comienzo de los años 70.

Luego seguirían La tercera ola, El cambio de poder y La revolución de la riqueza.

Toffler sostiene que la humanidad encara su tercer capítulo.

El primero fue el pasaje de la civilización nómada a la agraria...
La segunda ola fue la Revolución Industrial y la sociedad de masas, la burocracia y las corporaciones.
Y la tercera es la que se desarrolla ante nuestros ojos, con el nacimiento de una sociedad postindustrial.

Lo primero que leí de Alvis Toffler fue El shock del futuro, al comienzo de los años 70.
Luego seguirían La tercera ola, El cambio de poder y La revolución de la riqueza.
Toffler sostiene que la humanidad encara su tercer capítulo.
El primero fue el pasaje de la civilización nómada a la agraria;
La segunda ola fue la Revolución Industrial y la sociedad de masas, la burocracia y las corporaciones.
Y la tercera es la que se desarrolla ante nuestros ojos, con el nacimiento de una sociedad postindustrial.
Un parto que, claro está, no es homogéneo ni simultáneo alrededor del planeta. O, como prefiere decir él, "el cambio no es lineal; puede ir hacia atrás, hacia adelante o hacia los costados", pero para el que será necesario revolucionar el sistema educativo.

Hace un tiempo dijo en un reportaje:
–¿Qué deberían hacer aquellas naciones (como Argentina) que aún fluctúan entre la segunda y la tercera ola?
–Un punto importante sería eliminar todos los sistemas educativos que preparan a los chicos para trabajar en modelos industriales o de factorías.

-¿Cómo es eso?
-Nuestros sistemas educativos hoy simulan el modelo de las fábricas, en las que los chicos siguen un horario fijo de ingreso y salida, y una rutina al estilo de un trabajo cualquiera, lo que estuvo bien mientras duró la sociedad de masas. Preparamos a los chicos para trabajos que, en su esencia, serán una suerte de línea de ensamblaje aun cuando esos empleos resultarán cada vez más escasos, y no avanzamos hacia una economía basada en el conocimiento individual.

-¿Qué debería hacerse?
-Es necesario transformar este sistema masivo de educación, algo que será extremadamente difícil de lograr.

-¿Por qué?
-Es obvio que los sindicatos de profesores se resistirán a estos cambios porque de manera comprensible buscarán proteger sus puestos de trabajo, pero aun así debe darse un replanteo radical de la educación. ¿Cómo se combina lo que hoy aprenden los chicos en la escuela con lo que aprenden en internet o en la calle? El punto es que el modelo en que se mueven es injusto para los chicos. Preparan a los chicos para ayer, no para mañana.

-¿Cómo sería esa escuela del mañana?
-Muy distinta de las actuales. Para empezar, porque debería funcionar las 24 horas del día, ofrecer un servicio adaptado a las necesidades y los intereses de cada alumno y de las empresas, y con un currículo interdisciplinario no sólo en cuanto contenidos, sino también por sus exponentes.

-¿Cómo sería eso?
-La pregunta sería por qué las clases deberían darlas sólo los maestros en lugar de hacerlo también todos aquellos que tengan algo para dar. A su vez los maestros no debieran sólo perfeccionarse entre ellos sino que deberían pasar parte de su tiempo en el mundo real, el del trabajo, el de las empresas.

-¿En qué piensa, en concreto?
-¿Por qué no sumar a las aulas a quienes sin ser maestros, pueden ofrecerles otras perspectivas de aprendizaje a los chicos? ¿Por qué no sentarlos durante media hora, una hora o lo que fuere con un piloto de avión? ¿O con un cocinero, un empleado de oficina o un empresario? Que se genere un ida y vuelta: Que los alumnos puedan preguntarles: ¿qué haces? ¿Cómo es tu vida diaria? Y, más relevante aún, ¿cómo introducir a los estudiantes al mundo actual, a la vanguardia de la tecnología de la información, cuando los maestros conocen tanto o menos de ellas que los alumnos?


Hasta aquí Toffler.
Veamos ahora lo que dice Ray Hammond, un británico que lleva un cuarto de siglo explorando el futuro y que esta vez ha hecho sus proyecciones para las próximas dos décadas por encargo de la industria europea del plástico. Las ha reunido en el libro 'El mundo en 2030' (Editorial Yago) que anticipa una nueva y fascinante realidad con una aceleración exponencial de avances médicos, tecnológicos, energéticos y en las comunicaciones.
Hammond se pregunta:¿Cuántos ordenadores y móviles teníamos hace 20 años y qué uso les dábamos? ¿Soñamos con Internet como lo conocemos ahora? ¿Con descifrar el genoma humano o la clonación de animales?
En veinte años hemos visto grandes cambios. Pero son menores respecto a lo que se viene. Y no estamos educando a los chicos para ese mundo.
El sostiene que en el 2.030, un chico que hoy entra a la escuela con 6 años, estará egresando como profesional. Y se encontrará con un mundo súper-comunicado que avanzará en dos décadas mucho más que en el último siglo. La ' web súper-combinada ' que imperará en el mundo será al menos cien veces más poderosa y barata que la que hoy conocemos. Será el principio del verdadero  "cerebro global" -también del Gran Hermano total- a través de interconexiones neuronales e interfaces biodigitales que ordenarán un mundo plena y permanentemente interconectado.


Dejamos a Toffler y a Hamond.
Quiero hablar de estos temas con amigos educadores y me dicen que es pura fantasía y lo que importa es la experiencia del docente aunque no sepa computación.
Una maestra me comenta que en su escuela no tienen Internet,
Leo en el diario que un grupo de padres no dejan que sus hijos concurran a clases porque no están pintadas las rayas de la cancha de básquet o el ómnibus no pasa a buscarlos.
Estoy viejo para amargarme. Cada uno se suicida como quiere.


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