Nunca como hoy tenemos tanta tecnología a nuestro alcance. Pero por errores, omisiones, ineptitud o mala fe, somos testigos de descomunales fracasos, de increibles tragedias, de no utilización de recursos disponibles.
En estas elecciones primarias hubo cosas que asombraron.
Por ejemplo, la rapidez con la que se votó.
La digitalización de los documentos de identidad posibilitó que en los padrones hasta figurara la foto del votante.
En pocos minutos uno podía votar, firmaba y le entregaban un troquel con un número.
Pero eso no es todo.
Poco después uno podía entrar en la página oficial que el Ministerio del Interior creó para las PASO y consultar los resultados de los comicios mesa por mesa.
En la aplicación uno podía filtrar por distrito y ubicar la mesa exacta en la que votó para conocer todos los resultados, viendo incluso el telegrama enviado por las autoridades de mesa con la firma del presidente y fiscales.
Fue así como un habitante de Tierra del Fuego podía conocer el resultado en una mesa de Caucete o un sanjuanino averiguar cómo le fue en su mesa a un primo que era candidato en Paso de los Libres.
Hasta acá la tecnología.
Pero ese mismo hombre, asombrado con la rapidez y eficiencia de un mundo digitalizado, se vuelve a asombrar cuando descubre que los resultados nada pero absolutamente nada, tienen que ver con los pronósticos que anticipaban los encuestadores.
¿Fallas humanas? ¿Errores de método?
Increíble.
No estamos hablando de pronósticos deportivos.
A esta altura del avance de la ciencia es imposible confundir 37 con 55 o el orden en el que cada candidato saldría.
La tecnología está dejando al descubierto muchos errores humanos.
Usted, con todo derecho, puede preguntarse si se trata o no de errores.
No deseo entrar en ese terreno.
Lo concreto es que la televisión nos dice casi en forma inmediata si un gol estuvo bien o mal anulado, si fue penal o si la falta era causal de expulsión o el jugador estaba simulando.
Sin embargo, los fallos de los jueces –reitero, sean o no honestos- son inapelables.
Así fue como los sanjuaninos vimos descender a San Martín. Y cada domingo advertimos injusticias refrendadas, legalizadas y aceptadas como simples “errores humanos”.
Nunca como hoy tenemos tanta tecnología disponible.
En todos los campos.
En los automóviles y en los aparatos médicos. En los trenes y en los aviones. En los sistemas de alarma y en los medios de comunicación.
Sin embargo los avances tecnológicos nada pueden hacer ante fallas humanas.
La gente sigue matándose en automóviles super modernos con los más avanzados sistemas de seguridad, los motociclistas chocan entre ellos o contra un poste de luz, los trenes se destrozan en increíbles choques matando a centenares de personas, todos los días hay algunos diagnósticos médicos equivocados junto a otros certeros, la más moderna medicina no puede evitar los virus intrahospitalarios y que se sepa, al menos, nadie ha ido a la cárcel por ser filmado mientras robaba.
Nunca como en estos años hemos tenido tanta tecnología a nuestra disposición. Pero nunca hemos sido partícipes de grandes tragedias por errores o inconsciencia de los humanos. Baste en pensar en Cromañon o en el escape de gas de Rosario, en los choques en cadena en autopistas por efecto del humo de quemas de pastizales o en las inundaciones de La Plata. En los animales sueltos en las rutas o en los grandes incendios por falta de controles oficiales. O simplemente en increíbles fugas de los penales…
Es como si el hombre no pudiera seguir el ritmo de los adelantos científicos.
Vamos detrás de la tecnología y a veces no sabemos cómo aplicarla.
En este caso la desidia ocupa el lugar del error. Lo que, inevitablemente, se transforma en otro descomunal error pues al tener disponible los instrumentos que nos permitan progresar es realmente inadmisible que por desconocimiento o ineptitud no se los utilice.
* Tenemos teléfonos celulares que obedecen a nuestra voz, filman, editan una película, navegan por internet, transforman una fotografía en una caricatura, hacen cálculos matemáticos, nos brindan juegos… Pero en la mayor parte del día no podemos comunicarnos con el vecino porque el servicio telefónico es pésimo. Y lo mismo pasa con Internet. ¿Es sólo un problema de empresas o el error está en los organismos reguladores?
* La justicia sanjuanina tiene uno de los mejores equipos informáticos. Pero los expedientes se siguen cosiendo a mano, muchos de ellos desaparecen misteriosamente y los abogados deben ir todos los martes a Tribunales para tomar nota de los juicios que llevan. Como si esto fuera poco la Justicia tiene un laboratorio forense de última generación, impecable… en sus cajas.
* Otro equipo informático de primer nivel es el del ministerio de Educación. Se lo utiliza en un mínimo porcentaje de sus posibilidades mientras se va agrandando la brecha con casas de estudios públicas y privadas que utilizan a fondo la tecnología y hasta ofrecen carreras completas por Internet.Pero eso no es todo, mientras se invierten cientos de millones de pesos para entregar note books a los chicos, el ministerio no instrumenta los programas necesario para convertir una máquina en un elemento de estudio.
Podríamos seguir hasta el infinito.
Es suficiente.
Los conocimientos y la tecnología se han universalizado.
La diferencia está en cómo se los aplica.
Y es ahí donde el hombre, muchas más veces de lo que deseáramos, comienza a perder.