Siempre sostuve que si Mozart hubiera nacido en Chamical en lugar de hacerlo en Salzburgo, y haber residido en Viena y otras ciudades europeas en un momento de creación musical muy especial, a lo máximo que el Mozart riojano habría podido aspirar es a dirigir la banda de música de la comisaría de Chamical.

Parece una historia más. Una de tantas.

Pero no lo es. Y a medida que vaya leyendo usted descubrirá por qué.

Oscar Gonzalo Saguas tiene 20 años. A los 15 perdió casi por completo la visión por un diagnóstico equivocado de un famoso oculista mendocino.

Hoy ve sólo imágenes muy borrosas, como si mirara a través de un canuto. 
Vive con su madre, un hermano de 3 años y una hermana de 15. Además tiene otro hermano de 23 años, que es casado. El padre no vive con ellos, ya que el matrimonio se separó.
La madre trabaja en hogares de ancianos para mantener a la familia, que vive en una humilde casa de Campo Afuera, en Albardón.

Los Saguas viven en una extrema pobreza. Pero además, son muy particulares.

Cuando el médico mendocino les dio el diagnóstico errado en lugar de buscar alternativas se refugiaron en la fe y se fueron a hacerle una promesa a la  virgen del lugar.

A los pocos días el médico les habló y les dijo que el diagnóstico estaba equivocado y que debían viajar a Buenos Aires para hacerle estudios más sofisticados.

Y allí se fueron, Gonzalo y su madre. Un mes en Buenos Aires, con estudios invasivos, distintos médicos y viviendo de las empanadas y rifas que hacían los hermanos mayores en Albardón. Al final, cansados y resignados,  se volvieron.

Hoy Gonzalo sólo vislumbra formas. Y se conforma con eso. Aunque los médicos dicen que si siguiera el tratamiento podría mejorar su visión.

Lo curioso es que con su ceguera comienza a prestarle mayor atención a la música. Primero como terapia, que le ayudó a superar la depresión.

Pero pronto la música llegó a ser algo más que una terapia.


Y acá aparece otra pata de esta historia.

La municipalidad de Albardón está dando un apoyo realmente importante a la Cultura.

Primero fue el Teatro municipal, un hermosísimo teatro con los más modernos equipos de sonidos, cuidado con un esmero increíble, con cómodas butacas y un escenario muy amplio. Una verdadera joya.

Luego la Casa de la Cultura, una obra monumental como no hay otra en ese ámbito en la provincia

Hoy Albardón tiene exposiciones plásticas, compañías de teatro, bandas y coros, muestras de artesanías y una actividad cultural realmente significativa.

Hasta tiene una Banda Juvenil.

Y esa es la pata que completa la historia.

Porque aquel casi cieguito, el humildísimo joven de Campo Afuera, encontró, a través de todas estas circunstancias, el sentido de su vida.

En pocos meses aprendió a tocar tres instrumentos musicales. Y a cantar realmente bien, con técnicas que ya quisieran muchos profesionales del canto pero que a él le salen naturalmente, como si hubieran venido con su persona..


Hace unos días Gonzalo  se presentó en el programa La Ventana, en lo que se llama etapa clasificatoria. Es decir, el paso inicial antes de entrar en competencia. Canto el viejo tema El reloj, de Roberto Cantoral, acompañado por una pista hecha por músicos albardoneros. Y fue realmente una sensación. El jurado coincidió que, independientemente de su condición de minusvalía, estaban ante un gran intérprete.

Veremos si en la etapa de competencia Gonzalo puede avanzar o sólo será la sorpresa de una noche.

 En estos días, un equipo conducido por la periodista Betty Puga Camporro está filmando un documental sobre Gonzalo, el que ha sido declarado de interés legislativo por la Cámara de Diputados. 
Por ahora, digamos que su futuro es un gran interrogante. Pero hay un futuro. Sin duda mucho mejor que el que podía esperar un chico ciego, muy humilde, de una localidad llamada Campo Afuera, en un departamento de provincia.

Y es en este punto donde vamos al tema de fondo.
Esta historia es una demostración de cuántos talentos se pierden por falta de oportunidades. Y cómo basta una presencia del Estado para que florezca ese talento con toda la fuerza.
Siempre sostuve que si Mozart hubiera nacido en Chamical en lugar de hacerlo en Salzburgo, y haber residido en Viena y otras ciudades europeas en un momento de creación musical muy especial, a lo máximo que el Mozart riojano habría podido aspirar es a dirigir la banda de música de la comisaría de Chamical.

No es casual que en la Argentina surjan los Maradona o los Messi o que los atletas más veloces sean de Jamaica.

Pero cuantos artistas, físicos, médicos, juristas o escritores perdemos por no darles las herramientas para que se desarrollen.

El papel del Estado será cada día más importante en ese sentido.

Si no lo hacemos con una conciencia real de lo que es el desarrollo humano, hagámoslo al menos para evitar que, como ocurre hoy, sigan existiendo en nuestro país un millón de jóvenes que ni trabajan ni estudian, ni practican deportes ni se entusiasman con proyectos artísticos o comunitarios.

Ese millón de jóvenes argentinos son la carne de cañón que alimentan las legiones de adictos a la droga o al alcohol.

Por eso le decía: la de Gonzalo no es una historia más.

Es una historia que tendríamos que multiplicar por un millón.

 

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