El 68 es algo más que un número.

Simboliza a una generación.

Quienes estrenábamos la juventud en aquellos años, nos sentimos hermanados por una cuestión de pertenencia generacional.

Y es así porque hemos experimentado en nuestra piel más cambios sociales y políticos que todas las generaciones anteriores.

El 68 es algo más que un número.          
Simboliza a una generación.

Quienes estrenábamos la juventud en aquellos años, nos sentimos hermanados por una cuestión de pertenencia generacional.

Y es así porque hemos experimentado en nuestra piel más cambios s•••ociales y políticos que todas las generaciones anteriores.

 

¡Ah, si pudiéramos volver al 68!

¡Qué tiempos aquellos!

Los jóvenes de aquel entonces vivíamos en un mundo convulsionado.

Por un lado nos unía el amor por Brigitte Bardot, la actriz francesa que con su desenfado, su cabellera y sus minifaldas no sólo nos había enamorado sino que había impuesto una nueva imagen de belleza femenina.

Pero también nos unía un inmenso deseo de ser protagonistas de la vida pública.


A diferencia con los norteamericanos que nos imponían a través del cine un modelo de juventud rebelde sin causa, reflejada en actores como James Dean, solitarios y atormentados, nosotros estábamos felices con el espíritu coral que guiaba todos nuestros actos.

La calle era nuestro escenario.

Las asambleas multitudinarias eran nuestro ámbito de discusión.

El mayo francés, el cordobazo, la revolución cubana, las guerras por la independencia en Africa, la muerte del Che en Bolivia, el asesinato de Martin Luther King por luchar por un mundo sin odios raciales, la guerra de Vietnam… Todos eran sucesos que marcaban a la juventud y se traducían en manifestaciones libertarias que recorrían el mundo: desde París a México, desde Río de Janeiro a Tokio, desde Berlín a Turín, desde Londres a Karachi.

Pero en cada lugar se articularon con temas que localmente movilizaban, sobre todo a los estudiantes y en algunos casos también a los obreros.

 Brigitte Bardot, 1968



*   *   *

 

Alguien podría decir: “sólo eran fuegos fatuos, que se agotaban en sí mismos”.

Y es cierto.

De pronto, el mayo francés, nos llenó la vida de graffitis.

“El aburrimiento es contrarrevolucionario”, “No sé lo que quiero, pero lo quiero ya”:  “Sed realistas, exigid lo imposible”, “Están comprando tu felicidad. Róbala.” “Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar”. “Somos demasiado jóvenes para esperar.” “Gracias a los exámenes y a los profesores el arribismo comienza a los seis años.” “Decreto el estado de felicidad permanente.” “Prohibido prohibir.” “La imaginación al poder.” “Acumulen rabia.” “Desabrochen el cerebro tan a menudo como la bragueta.”

 

*   *   *


Detrás de aquellas frases el móvil fundamental era político, con una fuerte dimensión ideológica, aunque algunos preferían adoptar el lema ”Sexo, drogas y rock ’n-roll”.
Aquella década fue, junto con la del 20, una en que las utopías se multiplicaron, en que parecía que el asalto al cielo no solamente era posible, sino también probable e incluso seguro.
Fue una década en la que los sistemas dominantes parecían tambalearse, en la que los sueños y las alternativas parecían tener su lugar, en la que los protagonistas era gente muy joven, en la que las fotos son en constante movimiento, decoradas con barricadas, humo, policías, saltos, carreras…En la que todo estaba cambiando.
Aparecían los Beatles, los hippies, los happening, una nueva estructura de familia, la píldora anticonceptiva.
Sí, los nuevos protagonistas eran la mujer y la juventud. El sexo había dejado de ser un tema tabú y con los viejos podíamos hablar de igual a igual.


*   *   *


Pero la vida siguió y aquellas rebeldías se fueron domesticando.
Los Beatles pasaron a ser un recuerdo y John Lennon había sido asesinado.
Ni Rusia ni Cuba habían llegado a ser un paraíso.
Adustos generales estaban en el poder, en lugar de la imaginación, en casi toda América Latina y se había levantado la “prohibición de prohibir”.
La imagen transparente del Che se podía ver en la luneta de algunos Mercedes Benz. Millonarios coleccionistas atesoraban los slogans pintados en tela en la Facultad de Artes de Paris.
Y mientras caía el muro de Berlín, la droga inundaba el mundo, la guerrilla era una mala palabra, explotaba la Unión Soviética y Bush con total desparpajo invadía Iraq, nosotros, los jóvenes de aquel lejano 68, veíamos aparecer las canas, crecer las panzas y pedíamos a nuestros hijos que era mejor “no meterse en cuestiones políticas”.


*   *   *

 
Brigitte Bardot, 2010


*   *   *

Si alguien me hubiera anticipado hace sólo diez años los días que hoy estamos viviendo, seguramente habría sonreido con cierta ironía mientras en mi interior habría pensado: “este tipo está loco”
Hoy, aquellos jóvenes de fines de los años 60, nos vamos poniendo viejos.
Pero de pronto vemos que aquellos años en los que fuimos felices, existieron, que no fueron utopias ni fuegos fatuos, que el mundo cambió.
Los sueños de Luther King no fueron en vano. Estados Unidos tiene un presidente negro, lo mismo que Sudáfrica. Y Bolivia un aborigen.
Pepe Mujica, en Uruguay, dejó las armas y llamó a la unidad mientras recuerda a sus compañeros tupamaros o montoneros desaparecidos.
El combativo Lula ha demostrado ser un gran presidente aunque no olvida los bastonazos que recibió por defender a los obreros brasileños.
Michelle Bachelet no sólo volvió de su exilio sino que tras gobernar Chile se fue con un 85 por ciento de aceptación, según las encuestas.
Otra mujer, Dilma Rousseff, ex jefa guerrillera, es la presidenta de Brasil.

El príncipe de Asturias se casó con una divorciada, la patria potestad es compartida y hasta se pueden casar personas del mismo sexo.

Pueden sucederse presidentes de derecha como los multimillonarios Berlusconi o Piñera, con socialistas, sin que nadie piense en un golpe de Estado.

Ah… China atrae a capitalistas de todo el mundo.


*   *   *


Sí, guste o no, el mundo cambió.
Brigitte Bardot ya no es un símbolo sexual. Prefiere defender a los animales.
Pero aquella imagen que conservan las fotos y películas de hace cuatro décadas, la vemos repetidas en jovencitas que pasan a nuestro lado y a las que quisiéramos decir:
-¡Yo también soy del 68!

 

 

Compartir