Cuenta la historia que en el siglo XVIII había en el territorio argentino unos cuarenta millones de cabezas de ganado.

Los campos no estaban alambrados y los animales no tenían dueños.

Aseguran que en aquellos tiempos el gaucho, siempre acompañado por su cuchillo, mataba los animales sólo para comer su lengua o los caracues, es decir los huesos que tienen el tuétano. El resto lo despreciaba.

Hoy esto nos parece una barbaridad.

Pero algo así estamos haciendo los sanjuaninos.

Cuenta la historia que en el siglo XVIII había en el territorio argentino unos cuarenta millones de cabezas de ganado.

Los campos no estaban alambrados y los animales no tenían dueños.

Aseguran que en aquellos tiempos el gaucho, siempre acompañado por su cuchillo, mataba los animales sólo para comer su lengua o los caracues, es decir los huesos que tienen el tuétano. El resto lo despreciaba.

Hoy esto nos parece una barbaridad.

Pero algo así estamos haciendo los sanjuaninos.

 

 

Veamos un ejemplo muy sencillo.

Vaya a la verdulería de un supermercado.

Si usted pretende comprar zanahorias encontrará dos propuestas.

La primera, tomar las zanahorias, colocarlas en una bolsita de plástico y pagar entre $1,50 y $ 2 por kilo.

La segunda, elegir unas bandejitas muy elegantes, con la zanahoria cortada en trozos y prolijamente expuestas. Esa bandejita tiene unos 500 gramos y cuesta $4.

La primera opción es de origen sanjuanina.

La bandeja viene de Mendoza.

El ejemplo podría multiplicarse por cientos.

 

 

Es evidente que San Juan ha cambiado mucho en los últimos años.

Pero hay algo en lo que no cambiamos. Especialmente el sector empresario.

Los sanjuaninos pareciera que nos resistimos, estoicamente (¿o será estúpidamente?) a ingresar en la era de los conocimientos.

Vendemos la mayor parte de lo que producimos como productos primarios, sin agregarles valor. Y aceptamos que venga de afuera todo lo que crea trabajo y riqueza.

 

» Dejamos que canales de televisión y radios privilegien los programas foráneos por sobre los sanjuaninos. Algunos simplemente retrasmiten lo que viene de afuera. con lo que cercenamos las posibilidades de trabajo de cientos de sanjuaninos. No sólo los privados, hasta el Estado sanjuanino alienta este tipo de actividades dando publicidad a medios de comunicación que privilegian lo foráneo.

 

» Dejamos que las escuelas obliguen a los chicos a comprar manuales sobre San Juan hechos en Buenos Aires y sin rigor informativo mientras despreciamos el trabajo de nuestros docentes e historiadores.

 

» Permitimos que el PAMI traiga médicos de Mendoza o lleve a operar en esa provincia a sus afiliados, despreciando el trabajo de profesionales sanjuaninos.

 

» Aceptamos que en muchos de nuestros restaurantes sólo haya vinos o champagnes mendocinos en lugar de propiciar que se ofrezcan los productos locales. Hasta la soda viene de afuera. ¡Vaya a Mendoza y trate de encontrar un vino sanjuanino en la carta de un restaurante!

 

» Cerramos los ojos ante la actitud de algunos hipermercados de no vender productos alimenticios, libros y discos hechos en San Juan mientras dejamos que las góndolas las ocupen los productos de afuera.

 

» Muchas de nuestras mejores uvas son llevadas a Mendoza donde se elaboran, se envasan, se comercializan y hasta se les coloca la leyenda “vino mendocino”. Lo mismo ocurre con ajos, tomates y pimientos que salen sin identificar.

 

» Inventamos grandes fiestas departamentales pero en lugar de atraer turistas, contratamos artistas de otras partes que se llevan el dinero.

 

» Además del avance del pan envasado (que tiene altas dosis de conservantes) desde hace un tiempo hasta las tortitas, los sanwuich y las medialunas de las estaciones de servicio vienen de afuera.

 

» Los helados, algo sobre lo que los sanjuaninos fuimos maestros a través de empresas como Soppelsa, Habana, Las Malvinas, La Alpina o Portho Gelatto, están siendo desplazados por los helados industrializados que vienen de Córdoba.

 

» Permitimos que buena parte de los servicios mineros sean proporcionados por empresas radicadas en provincias que se oponen a la minería en desmedro de nuestros empresarios que tributan y dan trabajo a sanjuaninos.

 

» Un dato debería alarmarnos: 800 millones de pesos depositados en bancos sanjuaninos se van a otras provincias porque acá no hay tomadores. Es decir, no aportamos al desarrollo de nuevos emprendimientos.

 

  

Podríamos seguir hasta el infinito.

Pero no son ejemplos lo que necesitamos sino conceptos.

San Juan debe aprender la importancia de incorporar conocimiento y valor agregado a sus producciones industriales, agrícolas, artísticas, intelectuales o científicas.

Un producto terminado (una botella de vino de alta gama, por ejemplo), tiene 20 veces más contenido de investigación, desarrollo, conocimientos y trabajo calificado que la materia prima que lo originó.

Está claro que no podemos seguir siendo productores de oro sin refinar, de productos agrícolas sin identificar, de fiestas para que ganen los de afuera.

Para que esto cambie, necesitamos una educación distinta, una universidad diferente, una concepción de sociedad mucho más madura, una clase empresaria más pujante.

El Estado ha hecho su parte. Las universidades, los bancos y el sector privado no han estado a la misma altura.

Repitámoslo: todos los países pobres y subdesarrollados, venden productos primarios. Todos los países ricos y desarrollados, venden productos con valor agregado tanto industrial como de conocimientos.

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