Lo dije muchas veces: la vida no se puede explicar.

No existen palabras para explicarla, no hay recetas que nos vayan guiando paso por paso, no se ha escrito aun un libro de autoayuda confiable.

La vida hay que buscarla en la memoria.

Y hay que buscarla integralmente, con los cinco sentidos.

Lo dije muchas veces:  la vida no se puede explicar.

No existen palabras para explicarla, no hay recetas que nos vayan guiando paso por paso, no se ha escrito aun un libro de autoayuda confiable.

La vida hay que buscarla en la memoria.

Y hay que buscarla integralmente, con los cinco sentidos.



Ocurre que la memoria guarda más imágenes de las que sospechamos.

Todos los sentidos guardan recuerdos en la memoria.

En mi memoria, por ejemplo,  hay muchas voces.

Mi infancia y mi primera juventud, como la de todos los “muchachos” de mi generación, no conoció ni la televisión, ni las transmisiones satelitales, ni internet ni los teléfonos celulares.

La radio, en aquellos años, era nuestra ventana a la vida.

Las noticias, la música, la compañía, estaban ligadas a ese aparatito que mágicamente nos traía voces.

Y esas voces quedaron para siempre ligadas a nuestras vidas.



A diferencia con los personajes de hoy, que nos llegan de afuera,  San Juan generaba sus propios acontecimientos.

» Los días de carnaval, con sus caravanas, sus chayas, sus bailes multitudinarios, tenían un acento absolutamente sanjuanino.

» Nuestros ídolos deportivos no eran los jugadores del Barcelona o el golfista Tiger Woods sino que se llamaban Victor Echegaray, Vicente Chancay, Payo Matasevach, Raul Venerdini, Elio Ripoll, Guillermo Riofrío, Polo Benegas, Catalini, Martinazzo, Santos Alvarez,

» El futbol local llenaba las canchas, las fiestas populares tenían como protagonistas a miles de sanjuaninos, los carruajes diseñados por Rufino Palomas y los muñecos de Degens, asombraban a chicos y grandes y la San Juan-Coquimbo-San Juan, y los circuitos callejeros, generaban un automovilismo made in San Juanque posibilitaba la aparición de figuras nacionales como el Colorado Zunino o Cascote Juarez.

» Y descubrimos la belleza de las voces sanjuaninas con Minguez- Barboza, los flacos De la Torre, o Los Manantiales


Pero la existencia de aquel San Juan bien sanjuanino no fue obra de la casualidad.

Independientemente de que San Juan fuera gobernado por aburridos militares o apasionados políticos, San Juan tenía como referencia a la radio.

Y vuelvo a mi cajita de recuerdos. Una cajita que entre otras cosas, guarda voces.

Allí están las voces jóvenes de Rony Vargas, de Mario Pareyra, de Hugo Rodriguez, de Nestor Paez, de Cialela, , de Lucho Román, del aparcero Dario Bence, de Guido Iribarren, de Alberto Vallejos y su pandilla.


Pero además están los recuerdos ya de adulto, como periodista profesional, que también guarda mi cajita.

Por ejemplo, las primera elecciones en la España post franquista donde estábamos los representantes de los grandes medios de Buenos Aires y también con su grabador, un hombre de una radio sanjuanina, Lucho Román.

O una tarde en mi casa de Roma, luego de un almuerzo con Rony Vargas que acababa de llegar a Italia.

-¿Cual es el motivo de tu viaje?

-Venimos a cubrir la vuelta de Italia, de ciclismo.

-¿Les interesa esta carrera?

-Sí, porque corre un sanjuanino?

-¿Acaso puede ganar?

-No, no tiene ninguna posibilidad. Pero es un sanjuanino.


Aquella radio, que uno podía escuchar en todo el territorio provincial pero también en Córdoba, en Mendoza o en La Rioja, estuvo en los Estados Unidos cuando el hombre llegó a la luna, en Portugal por un mundial de hockey o en el Vaticano por la asunción de un Papa.

Aquellas voces que hoy forman parte de mis recuerdos, seguramente influyeron más de lo que yo creo en mi pasión por este oficio de periodista.


Hoy, ya en los años del regreso, me pregunto por qué se dan algunos fenómenos.

Hoy, cuando aquella radio nada tiene que ver con lo que se escucha en estos días, cuando algunas de aquellas voces queridas partieron para siempre, otras enmudecieron y algunas demostraron que podían hacer la mejor emisora del país desde otras tierras, me pregunto por qué una provincia como San Juan llegó a tener una radio de tal magnitud.
Algo  tengo absolutamente claro: atrás de cada fenómeno de magnitud, siempre está el ser humano.

Aquella radio no fue grande por sus dueños ni por sus equipos ni porque San Juan fuera algo especial.

Fue grande porque coincidieron muchas voces con hambre de trascendencia, con pasión por lo que hacían, con amor por el contacto diario con miles y miles de anónimos destinatarios. Pero además, porque al frente de ese grupo había un hombre: Quito Bustelo.


Hace unos días me enteré que Quito deja el micrófono.

Seguramente para mucha gente será un simple dato de la realidad.

Pero de todas, fue la noticia que más me impactó.

Nunca pensé que eso ocurriría.

La vida, a veces, es impiadosa. Y debe haber hecho falta mucha agua para ir apagando tanta pasión.

Discutido, querido, contradictorio, ecuánime o sectario, agresivo o tierno. Todo lo fue.  Pero por sobre todas las cosas, fue un grande. Fue el sanjuanino que hizo la mejor radio del interior del país.

Un espejo donde deberían mirarse las nuevas generaciones, tan apegadas a los límites que imponen los poderosos, los horarios, los anunciantes, los libros de estilo, la invasión infame de chimenteros, “mediaticos” y muestracolas.


Serán los años que no vienen solos. Quizás el preanuncio de que los ciclos son inexorables. O tal vez la presencia cotidiana de esas hermanitas peligrosas –melancolía y nostalgia- pero, aunque suene cursi, cada vez que un grande cuelga los guantes, nos sentimos un poco más solos.

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