Estamos peor que en 1.800
En aquellos años los curanderos utilizaban hierbas y pócimas “mágicas”.
Hoy son los laboratorios y hasta los lecheros los que lo hacen a través de grandes medios de difusión.
La diferencia es que en la medida que nacieron las universidades y los egresados hicieron valer sus derechos, aquellos curanderos comenzaron a ser perseguidos y muchos terminaron en la cárcel.
Hoy eso no ocurre.
¡Y no es por falta de leyes!
El doctor E. R.
Maturano publicó un aviso el 16 de junio de 1886, en el diario
Allí explicaba que era médico homeópata, con diploma de Chile y de
las Facultades homeopáticas de Brasil y Mejico y que tenía consultorio en la
calle Santa Fe 22, frente al Colegio Nacional.
El doctor Maturano decía que atendía consultas todos los días y que a
los pobres los atendía gratuitamente.
Luego, el aviso pasaba a detallar las enfermedades que Maturano
curaba. Y decía:
Se curan con prontitud las enfermedades
siguientes:
Pleuresía (vulgarmente puntada al costado) en 6
días.
Fiebre simple inflamatoria: en
Diarreas y disenterías por indigestión: en
Suspensión de la orina: queda expedita en pocas horas sin usar
sondas.
Afecciones venéreas: se curan radicalmente de
Afecciones a la garganta: de
Afecciones a la vista: de
Hemorragias, se cortan en breve tiempo,
Apoplejía fulminante, cólicos, fiebre de toda especie, dolores de
oido, crup. parálisis, afecciones del embarazo, de los niños, viruela,
erupciones herpéticas, etc., se curan en poco tiempo siempre que estas fueran de
origen reciente y no se hubiera empleado otro tratamiento, de lo contrario la
cura será en más tiempo.
Todas las demás enfermedades ya sea crónicas, agudas, pueden
combatirse con buen éxito, con nuestro sistema si es que se observa
estrictamente el régimen que se prescribe.
Enfermedades del dominio de la cirujía se curan por la doctrina
hanhnemaniana, sin operaciones quirúrgicas, las que son a veces de fatales
consecuencias.
Hasta acá el aviso, publicado en 1.886.
Digamos que poco antes, en 1869, el gobierno provincial había
aprobado el ejercicio de la medicina y farmacias. El reglamento se lo consideró
más adelantado de lo que podía pedirse para su época y determinaba que “sólo podría ejercer quien tuviera título o
diploma expedido por
Durante la colonia, el ejercicio de la medicina se hacía a través del
protomedicato, una institución
creada por Juan 2º de Castilla en el siglo XV y que existió hasta 1.822, al
crearse en España las Facultades de Medicina, Cirugía y
Farmacia.
Se trataba de un tribunal que examinaba y reconocían la suficiencia
de quienes debían ejercer la disciplina. Era además cuerpo consultivo del
gobierno y asesor de la justicia para las faltas y excesos de quienes ejercían
legal o ilegalmente la medicina.
San Juan de Cuyo dependió en un principio del Protomedicato de Lima.
Luego pasó a depender del de Chile, al crearse este y, finalmente, del de Buenos
Aires.
No obstante, esa medicina ”oficial” era minoritaria pues la
gente, por lo general, optaba por curanderos, barberos, sangradores, hechiceros
y herboristas.
Uno lee estas cosas y no puede menos que sonreir.
La medicina, como ciencia, avanzó mucho.
Pero el ejercicio de la medicina… ¿avanzó?
Resulta que uno enciende el televisor y se encuentra con avisos muy
similares a aquel del diario
Ya no son los médicos quienes recetan sino, por ejemplo, los lecheros
que nos venden yogures con”efecto regulador para personas con tránsito lento
como muy lento”. Otros que reducen el colesterol, que ayudan a crecer o que
fortalecen el sistema
inmunológico.
Pero no sólo los lecheros recetan a audiencias
masivas.
Grandes laboratorios ofrecen por la televisión remedios para
pacientes diabéticos, para bebés prematuros o para lactantes y niños alérgicos a
la proteina de la lecha de vaca.
Las mujeres son inducidas a automedicarse con remedios que
proporcionan “doble alivio para el
dolor menstrual: un antiespasmódico que relaja la zona abdominal y un
analgésico”. Pero además tienen
otro que “despliega una acción espasmolítica sobre la musculatura lisa del
tracto gastrointestinal, de las vías biliares”.
Como en las viejas publicidades, los nuevos curanderos ofrecen sin
necesidad de receta y con venta libre en kioscos y almacenes pastillas para “el
alivio sintomático de dolores de espalda, de cabeza, menstruales, musculares y
de dientes, dolores producidos por artritis, dolores asociados a estados
gripales y para reducir la fiebre”.
Son centenares los productos médicos que ahora nos recetan desde la
televisión. Artritis, reuma, várices, acné, imnpotencia, eyaculación precoz,
hipertensión, dolor de muelas, son cosas del pasado. ¿Para qué va a ir al
médico? Ahora basta con ir al kiosco y adquirir el producto que recetan por
televisión.
Gracias a la publicidad no necesitamos dentistas, nutricionistas,
dermatólogos ni cardiólogos.
En concreto: estamos peor que
en 1.800
En aquellos años los curanderos utilizaban hierbas y pócimas
“mágicas”.
Hoy son los laboratorios y hasta los lecheros los que lo hacen a
través de grandes medios de difusión.
La diferencia es que en la medida que nacieron las universidades y
los egresados hicieron valer sus derechos, aquellos curanderos comenzaron a ser
perseguidos y muchos terminaron en la cárcel.
Hoy eso no ocurre.
¡Y no es por falta de leyes!
En
El delito no es solamente ejercer un acto médico no aprobado, sino
anunciarse para tal efecto, lo cual configuraría simultáneamente un delito de
estafa.
Usted se preguntará: ante esta invasión de pseudos medicina popular..
¿qué hace salud pública? ¿Y las facultades de medicina? ¿Y las asociaciones
médicas? ¿Y los médicos? ¿Y el CONFER?
Seguramente están muy ocupados denunciando a los curanderos que
recomiendan un te de hierbas….