En la Argentina hay pobreza, nadie lo duda.
Pero hay también una creciente mala educación. Con decirle que sólo en San Juan ya hay 50 mil hogares donde no se cocina. Se han perdido pautas culturales que costará mucho recuperar. Con el argumento que “no tengo plata” hay familias en los que faltan alimentos pero alcanza para el vino.
Con el argumento que “vengo cansado/a del trabajo”, hay otras casas en las que se les dice a los chicos “andá al carrito de la esquina y comprate un pancho y una coca”.
Le propongo algo.
Por cinco minutos, que es el tiempo que le tomará leer esta nota, olvídese de cualquier otro tema y concéntrese en los datos que le voy a dar. Seguramente, le darán una visión más amplia sobre un fenómeno que debería preocuparnos y ocuparnos.
# Aunque no hay cifras oficiales, se da por hecho que ha aumentado el porcentaje de recién nacidos de bajo peso. Esos chicos son los que tienen más complicaciones. Son los chicos que después, cuando adultos, tienen de quince a veinte veces más posibilidades de morirse antes de los treinta y cinco años; son quienes tienen más riesgo de padecer hipertensión, arterioesclerosis, infarto, enfermedades coronarias, diabetes. La mayor mortalidad es entre los que se denominan desnutridos fetales.
# Otro de los efectos devastadores de la desnutrición es la baja talla. La estatura de los habitantes de un país habla de su calidad de vida: Todos los pueblos del mundo tienen la misma potencialidad de crecimiento. Y si no somos todos iguales es porque algunos - los suecos y los holandeses, por ejemplo- se alimentaron muy bien, y tienen vacuna, limpieza, ausencia de pobreza extrema desde hace más de cincuenta años. Mediciones realizadas entre los jóvenes que se incorporan al servicio militar en Italia demuestran que la población aumentó 20 centímetros su altura desde la posguerra a hoy.
# Los chicos se juegan el futuro en la primera etapa de su vida —dicen los profesionales más afamados- Los estudios dicen que en el intervalo de los cinco a los veinte años, los chicos, ricos y pobres, crecen la misma cantidad de centímetros. Es antes de los cinco años cuando se decide todo. Y es en los primeros dos o tres años de vida cuando la alimentación es esencial: la altura en los primeros años de vida tiene que ver con el nivel socioeconómico y no con la genética. No hablamos de chicos bajitos de padres bajitos, sino del síndrome que habla en realidad de quienes padecieron retraso en el crecimiento.
# Se nota gente más petisa —dice la doctora Liliana Micsinsky, de la Casa Cuna de La Plata— Son generaciones más bajas que, luego, genéticamente, tienen hijos petisitos. El principal porcentaje de desnutridos que vemos es el de primer grado, el que nosotros llamamos "efe—o", faltos de olla. Y otra cosa que nos preocupa mucho es lo que llamamos el hambre oculta, los chicos que, a lo mejor, no tienen alteraciones de peso en los primeros períodos pero no se alimentan bien, con los nutrientes necesarios y básicos para un chico. En especial con los micronutrientes, que se llaman así porque con poca cantidad evitan la desnutrición y que son el hierro, el zinc, la vitamina A. La falta de hierro es determinante de anemia. La falta de zinc es determinante en la talla. Hierro y zinc están en la carne. Y el mejor hierro es el de la leche humana."
Basta de datos.
Veamos otro tipo de estadísticas.
Preste atención: se calcula que en nuestra provincia hay no menos de 50 mil hogares en los que no se cocina. O en los que a lo sumo se hace un asado cada tanto o se tira un bife a la plancha.
Y no estamos hablando sólo de hogares pobres.
Hay madres –y padres también, por qué no- que se alimentan y alimentan a sus hijos con fiambres.
Un pedazo de pan con algunos mates puede ser la cena en un hogar pobre.
Unas papas fritas o un “hot dog” puede ser la comida del chico de clase media.
Poco es lo que cambia.En la Argentina hay pobreza, nadie lo duda.
Pero hay también una creciente mala educación.
Se han perdido pautas culturales que costará mucho recuperar.
Con el argumento que “no tengo plata” hay familias en los que faltan alimentos pero alcanza para el vino.
Con el argumento que “vengo cansado/a del trabajo”, hay otras casas en las que se les dice a los chicos “andá al carrito de la esquina y comprate un pancho y una coca”.
Con el argumento de que “no tengo tiempo” muchas madres evitan dar de mamar a sus hijos, con lo que le quitan un alimento insustituible.
No tengo dudas: el mejor plan de salud es el que hace hincapié en la prevención.
Y prevención significa educar.
Es más importante educar a una mamá sobre cómo alimentar a su familia que dar un plato de comida en un comedor comunitario.
Si ya en 50 mil casas sanjuaninas no se cocina, el problema es grave y las consecuencias las veremos en los próximos años.