A partir de la película El Padrino de Ford Cóppola, todo lo relacionado con la mafia tiene un especial atractivo. Entendida como un fenómeno cultural con intereses delictivos, la mafia tuvo su presencia en la Argentina. “Chicho Grande” “Chicho Chico” fueron sus más claros exponentes y Rosario su centro de actividad. Sin embargo, San Juan también tuvo su parte en esta historia. Esta nota habla de la presencia de Galifi y Aghata, la flor de la mafia, en nuestra provincia.

La mafia nació en Sicilia (Italia), quizá en el siglo XII,  como una unión de voluntades destinada exclusivamente a la lucha contra la opresión.

No es realmente una asociación aunque congrega circunstancialmente mucha gente, logrando hasta provocar levantamientos populares. Posee una moral propia de hierro, exige obediencia ciega y, a cambio, defiende a sus miembros con todas sus fuerzas.

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Cuando los italianos de Sicilia emigraron a América, la Mafia los acompañó para brindarles protección y asegurarles la obtención de dinero principalmente por medio ilícitos.
En 1885 la Mafia asoma por primera vez en Argentina a través de un crimen cometido en el barrio de La Boca. Luego ocurrió otro hecho en el Mercado Spinetto, aparecieron las "contribuciones" de los comerciantes a cambio de no sufrir agresiones, y toda la variedad de delitos que hemos conocido a través de anécdotas, libros y películas.

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En 1910 apareció en escena Juan Galiffi, conocido como "Chicho Grande", quien puso un pequeño negocio en un lugar apartado de la provincia de Santa Fe. Desde allí comenzó a dirigir una serie importante de asaltos y robos. Luego se instaló en Rosario y tomó el control del tráfico de verduras.

Este siciliano llegó a la Argentina, con 18 años, en 1910. Y se radicó en Gálvez, Santa Fe. Allí tuvo un vertiginoso ascenso: de empleado fabril pasó a ser dueño de una peluquería, de una cantina y de una carpintería. Compró casas y viñedos en Mendoza y San Juan y caballos de carrera.
Pero dicen que su rol de empresario era una cortina. Galiffi transformó a Rosario en la Chicago argentina. Montó un imperio mafioso asociándose a delincuentes eficaces y desalmados —sus "ahijados"— a quienes delegaba el trabajo sucio.

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Dicen que era un hombre de buenas modales, vestía muy elegantemente, y hasta fue reconocido como propietario de caballos de carrera por el Jockey Club de Montevideo.
La lista de delitos de la banda de "Chicho Grande" es extensísima y se desarrolló a lo largo de muchos años. Secuestros, asesinatos, asaltos a trenes, todo tipo de crímenes.
Llegó a acumular una gran fortuna, convirtiéndose en industrial propietario de una fábrica de muebles y de caballos de carrera que ganaban sospechosamente cada competencia.
Su hija Agatha ("la flor de la Mafia) se convierte en niña mimada de la sociedad rosarina por su educación y belleza.

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Un día apareció otro protagonista de estas historias: Alí Ben Amar de Sharpe, argelino, que se convirtió en lugarteniente de Galiffi y recibió pronto el apodo de "Chicho Chico". Con su llegada, las actividades de la banda mafiosa recibieron un poderoso impulso. Se sumó la trata de blancas, es decir, el tráfico de mujeres que eran explotadas ejerciendo la prostitución.
Con el tiempo se descubrió que Alí se llamaba en realidad Francisco Morrone y no era para nada argelino. Sus orígenes y actividades anteriores siempre fueron un misterio porque él mismo confundía diciendo a veces que había sido jockey en Francia, u, otras veces, ingeniero especialista en cateos de minas. Usaba un título universitario falso que hasta hizo figurar en la chapa que puso en la puerta de la lujosa mansión que alquiló en un barrio selecto.

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"Chicho Grande" comenzó a notar que "Chicho Chico" estaba ganando poder dentro de la organización y que parecía querer quedarse como "capo" máximo.

Sólo podía haber un "capo di tutti capi".
En 1933 los “ahijados de Galiffi” lo ahorcaron.
Se contaba por esos tiempos que lo invitó a una fiesta en su residencia del barrio de Belgrano, lo alimentó opíparamente y luego lo hizo conducir a los fondos de la mansión donde lo mataron de un balazo y lo enterraron.
Galiffi se entregó a la Policía. Dijo que era víctima de calumnias.

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Pero en 1938 se supo la verdadera historia: Alí había sido estrangulado (cuando encontraron el cadáver todavía tenía un cable eléctrico arrollado cuatro vueltas en su cuello) y  enterrado en una quinta de Ituzaingó.

¿Y qué fue de "Chicho Grande"? Antes del descubrimiento del cadáver de Alí, fue expulsado del país por aplicación de la ley de residencia, su banda se disolvió y muchos de sus miembros fueron también expulsados o apresados. Deportado a Italia en 1933 sin pruebas en su contra, Galiffi murió en su cama en 1944 en Milán como consecuencia de un síncope cardíaco durante una alarma aérea durante la segunda guerra mundial.

La Bodega de Galiffi
Nunca nadie pudo probarlo pero no son pocos los que suponen que la bodega cuyos restos aun pueden observarse en la esquina de España y 9 de Julio fue propiedad de Juan Galiffi, el Chicho Grande.
El establecimiento no era muy grande y su dueño visible era don Fortunato Costa, un italiano del norte que un día se vino por estas tierras y con dineros que aparentemente le habían sido proporcionados por “amigos radicados en Rosario” adquirió la propiedad donde funcionaba la bodega y un secadero de frutas.
Dicen que el principal negocio de esa bodega era el préstamo de dinero –la usura- algo típico de aquellos años en los que los inmigrantes venían sin dinero pero con ansias de progreso y voluntad de trabajo.
Cuentan que Costa había hecho muy buenas relaciones con gente del cantonismo y que incluso en ese solar se hicieron reuniones a la que alguna vez debe haber asistido el temible Galiffi.

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Hija de Juan Galiffi, más conocido como Don Chicho Grande, Agatha Cruz Galiffi fue una mujer de particular belleza e inteligencia. Dicen que manejó la mafia en la Argentina, radicada por ese entonces en Rosario, y aseguran que la extendió a nivel internacional.
En 1.972, con la dirección de Leopoldo Torre Nilson se filmó la película La mafia. Relata la historia de los chichos, con Alfredo Alcón en el papel de “Chicho Chico” y José Slavin en el de Chicho Grande, mientras Telma Biral interpretaba a la hija de este, Aghata.

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Pero la vida real de Agatha Galiffi, para los sanjuaninos que peinan canas, difiere tanto de la historia contada en la película como de la novela de Esther Goris.

Agatha vivió en San Juan y tenía propiedades en Caucete. Muchos recuerdan la zapatería que poseía en pleno centro de nuestra ciudad hasta bien entrados los años 80.
Para quienes conocían su historia –real o novelada- los enigmáticos ojos grises de aquella mujer madura, tenían un atractivo sin igual.
Pero a esta altura uno tiene que preguntarse: ¿Quién fue Ágata Galiffi? ¿Qué mujer fue capaz capaz de vivir tantas vidas en una sola?
Aunque las historias difieran la imaginación vuela y desea que sea real la historia que habla de la estancia en San Juan de la mujer que capitaneo la mafia en la argentina.

 

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