-Dígale al conductor del programa que está ofendiendo a los televidentes y al pueblo argentino.
La señora, enojada, hablaba al programa La Ventana.
-¿Por qué ofende a los televidentes y al pueblo?-, preguntó el telefonista.
-Porque no usa escarapela. Eso es una falta de respeto y de amor a la patria.
-Dígale al conductor del programa que está ofendiendo a los
televidentes y al pueblo argentino.
La señora, enojada, hablaba al programa La Ventana.
-¿Por qué ofende a los televidentes y al pueblo?-, preguntó el telefonista.
-Porque no usa escarapela.
Eso es una falta de respeto y de amor a la patria.
Bien, este es el tema de hoy.
La señora tenía
razón.
No uso escarapela.
Como tampoco uso crucifijos.
Es más, no uso alianza matrimonial.
Menos aun el escudo de River, club del que soy hincha.
No uso luto ni voy al cementerio a “visitar” a mis seres queridos.
Tampoco creo que quienes ponen avisos fúnebres
pagos
No me haría nunca un tatuaje.
Y me negaría terminantemente a llevar una pata de conejo para la buena suerte.
Por favor: eso no es ser de derechas o de izquierdas, ateo o creyente, marxista o capitalista.
Si quiere usar un
término que se utiliza para nombrar a los animales sin marca, soy orejano.
Quiero dejar
algo en claro.
No me parece mal que alguien use escarapela, alianza matrimonial o crucifijos.
Respeto absolutamente todas las creencias.
Y pido igual respeto por las
mías.
De cualquier forma, vamos a dejar algo en claro:
>Quién usa una escarapela no siente más amor a la patria que yo.
>Quién lleva un crucifijo o cualquier otro símbolo religioso no demuestra ser buena persona o ser un ejemplar representante de su fe.
>Un anillo no representa por si mismo amor ni respeto ni fidelidad matrimonial.
>Quién visita un nicho en el cementerio o coloca un aviso fúnebre no está demostrando nada.
>Y quien lleva
una pata de conejo en el bolsillo tiene tantas posibilidades de ser atropellado
por un colectivo como quien no la lleva.
Escucho decir:
-¿Vos no crees en
nada?
Claro que creo. Tengo creencias, como la mayoría de la gente.
La diferencias,
quizás está en la exteriorización de
esas creencias. Por ejemplo:
>Estoy convencido que la patria se hace
trabajando, estudiando, investigando, enseñando, siendo útil a
>Pienso que la fe es una cuestión absolutamente personal y por lo tanto
no hay necesidad de cantarla a los cuatro vientos. Una enfermera que limpia el
traste a un enfermo terminal, un industrial que crea fuentes de trabajo, las
labores solidarias en distintos campos, son ejemplos dignos por si mismo,
independientemente que se lleve o no un crucifijo.
>Creo, además, que
los recuerdos se llevan en la memoria y el corazón y es más útil honrar a los
vivos y respetarlos en su dignidad que “venerarlos” cuando están muertos o
expresar nuestro dolor con una cinta negra.
>Sostengo, finalmente, a
la vez que expreso orgullo por mi familia, que una familia se nutre de ejemplos,
de enseñanzas, de valores. Y eso no depende de un anillo.
Alguien
dirá: se puede ser una excelente persona y además, honrar los
símbolos.
Tiene
razón.
Como se puede ser un a mala
persona y honrar todos los símbolos.
Nosotros tenemos gobernantes que llenaron la ciudad de mástiles y banderas. Pero no pagaban los sueldos a los empleados públicos.
Tuvimos generales que usaban escarapelas y se cuadraban cuando cantaban el Himno pero al mismo tiempo hacía “desaparecer” personas.
Sabemos de gente
que come ostias todos los días pero evade impuestos, tiene empleados en negro o
vende cosas robadas.
No es cuestión de apropiarse de todos los
símbolos.
No es serio que nos pidan “ponete la escarapela por el campo” como diciendo que quien no se la ponga no apoya los reclamos del sector rural o que quien quiere cobrar impuestos es un antipatriota.
No es lógico pedir la sanción de una ley que “prohiba a los genocidas del proceso usar los símbolos patrios” porque sería atentar contra la democracia en nombre de la democracia.
No me molesta pero tampoco me parece importante que se cante el Himno antes de un match de box o un partido de fútbol.
Como tampoco creo
que se deba bendecir en nombre de Díos a quienes van a matar o morir en una
guerra.
Y acá terminan las reflexiones a raíz del “delito” de no usar
escarapela.
Un “delito” que no se origina en un olvido
sino que ha sido “cometido” con
premeditación y en pleno uso de mis facultades mentales, físicas e
intelectuales.
Las sociedades, mis amigos, son cada día más complejas, más polifacéticas.
Compartimos un
mismo planeta gente de distintas razas, que habla idiomas diferentes, se nutre
de culturas diversas, profesa religiones distintas
La única forma en
la cual todos podamos compartir esta maravillosa experiencia que es la vida es
siendo tolerantes.
El día que todos aprendamos a ser tolerantes y a respetar al prójimo, advertiremos que usar o no usar símbolos no constituye una falta de respeto ni un certificado de amor.