Hubo un tiempo -el de mi niñez- en el que eran las madres las que decidían qué comían sus hijos y ellas mismas cocinaban. Hubo ademas una cultura: nada se deja en el plato. Hoy nos alimentamos muy mal. Y para colmo, aunque mamá ya no esté, nos quedaron grabadas sus enseñanzas y nuestros abultados abdomen dan cuenta de ello.pues se nos hizo carne la enseñanza de que nada se deja en el plato.
Me veo niño, sentado a la mesa con mis hermanos.
Y escucho a mi madre:
-Nadie se levanta hasta que termina de comer todo lo que tiene en el plato.
Eran tiempos de sopa diaria y un plato suculento en los que no faltaban los sesos, el hígado, las verduras, las legumbres, los cereales, la leche y los huevos.
Eran tiempos en los que los niños no decidíamos qué comer.
-Se comen las lentejas, les guste o no-, decían los padres. Y no había alternativas.
Hoy miro mi creciente abdomen y trato de explicarlo con la cultura formada en aquellos días.
-Lo que se sirve, se come. Con lo que se tira en la Argentina podríamos alimentar a todos los chicos de Biafra.
Biafra fue el nombre que tomó la región sudoriental de Nigeria al proclamar su independencia de este país e instituirse como una república el 30 de mayo de 1967. Subsistió como Estado hasta 1970. Con 13 millones de personas, Biafra había quedó arrasada por la guerra y necesitaba alimentos urgentemente. Se cree que el conflicto, que duró tres años alentado por las potencias mundiales que querían su petróleo y sus riquezas mineras, cobró la vida de un millón de personas, la mayoría de ellas víctimas de lahambrunay de las enfermedades.
Pero volvamos a nuestro tema.
Los niños de aquellos años no elegíamos la comida.
Tampoco nos llevaban a un nutricionista ni pedían una vianda equilibrada.
Aquellas madres habían aprendido de sus madres y estas de sus abuelas, los valores de la nutrición.
Eran años en los que la comida era parte fundamental de la vida.
Tanto era así que las mujeres pasaban buena parte de la vida preparando comidas.
Y nosotros, aquellos niños sin televisión, juegos electrónicos ni teléfonos celulares, éramos flacos porque nos gastábamos cada una de las miles de calorías que diariamente consumíamos corriendo detrás de una pelota, en la bicicleta o los patines.
Los años pasaron y la cultura quedó.
Hoy me resulta imposible dejar un bife a medio comer.
Y las consecuencias se ven porque a diferencia con aquel chico que pasaba el día corriendo, saltando o pedaleando, este hombre y también los chicos de hoy, vemos pasar la vida sentados. El traste ha pasado a ocupar el sitio de los pies.
Las consecuencias no se ven sólo en mi abdomen.
>>Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad y el sobrepeso han alcanzado caracteres de pandemia mundial. Las cifras asustan. Más de 1.500 millones de personas adultas tienen sobrepeso. En tres décadas -entre 1980 y 2008- la prevalencia de la obesidad se ha duplicado en el mundo y, en la actualidad,más de una de cada 10 personas la padece. En total, 502 millones de ciudadanos en el planeta (205 millones de hombres y 297 millones de mujeres) son obesos.
>> Se calcula que para el año 2015 habrá 2300 millones de adultos con sobrepeso, de los cuales más de 700 millones serán obesos.
>>La obesidad infantil ha crecido casi un 20 por ciento en lo que va del milenio entre niños de 6 a 12 años de edad
>> Las estadísticas indican que aproximadamente la mitad de nuestros niños en edad escolar no desayuna y otro 25% desayuna sin alimentos con buen valor nutricional. O sea que las tres cuartas partes de los chicos que entran en el colegio lo están haciendo sin haber cumplimentado en tiempo y forma, la principal comida del día que es el desayuno. Estamos hablando siempre de datos obtenidos en círculos de mediano a alto poder económico.
Le pido que no cambie de página hasta llegar al final de esta nota.
La obesidad no es una cuestión meramente estética. Tiene que ver con la salud.
>>Las personas obesas tienen un 50% más de probabilidad de riesgo de muerte que aquellas personas con peso normal (mismas edades).
>>El 26% de las personas que padecen obesidad sufren también de hipertensión arterial.
>>El 80% de los problemas con la diabetes de tipo 2 y el 70 % de los cardiovasculares están relacionados con problemas de obesidad.
Ahora bien: si la obesidad tiene que ver más con la salud que con la estética y la mitad de los chicos sanjuaninos tienen sobrepeso, la conclusión es que ha fracasado la política de salud.
Ya escucho las voces:
-Sólo a vos se te ocurre poner en duda la política de salud pública cuando tenemos un hospital que es modelo en el país con la más avanzada tecnología, hemos abierto centros departamentales, el Estado tiene contratado un servicio de ambulancias que atiende a los más necesitados, las obras sociales cubren hasta el 70 y el 100 por ciento de los gastos que ocasionan algunas enfermedades, se está trabajando muy bien en la recuperación de adictos…
-Perfecto, de acuerdo. Pero todos esos adelantos no llegan a configurar una política de salud.
Se trata de grandes progresos de materia de tratamientos pero sigue faltando la prevención.
En una palabra: tenemos la mejor autobomba para combatir incendios. Pero falta una política para prevenirlos. Nos atrae más el trabajo del bombero que el del guardabosque.
Usted dirá:
-¿Es tan costoso hacer prevención?
Trabajar en la prevención es infinitamente más barato que curar enfermos. Casi todo, pasa por la educación:
>>Imagínese que educáramos a los ciudadanos a dar menos golosinas a los más chiquitos y pudiéramos de alguna forma contrarrestar las agresivas campañas publicitarias de las empresas que conforman el paladar de nuestros hijos.
>> Suponga que el ministerio de Educación dispusiera la instalación de kioscos naturistas en cada escuela prohibiendo a los vendedores ambulantes acercarse a menos de cien metros. En una palabra, que sustituyamos la semita con chicharrones, los helados con conservantes y los alfajores del señor Terrabusi por frutas, pasas, jugos,
>> Que apostáramos a volver a cocinar en las casas (dicen que hoy no se cocina en el 50 por ciento de los hogares) o contratar viandas correctamente balanceadas.
>>Que todos (madres, docentes, profesionales de la salud) nos propusiéramos propiciar una cultura deportiva en los chicos. En una palabra, quitarle una hora a las tres que dedican a la televisión y los juegos digitales para dedicárselos a la recreación y el deporte.
>>Finalmente, que no se autorizara la venta de productos que son nocivos para la salud. Por ejemplo, los que traen excesos en materia de conservantes, azúcar, sal o grasas transgénicas.
Muy pocas de estas cosas, simples en su mayoría y de bajo costo, estamos haciendo.
Si mi panza hablara, tal vez diría: -
¡Qué difícil es olvidar lo que se aprende de niño!