Para un periodista de poco más de 30 años, que venía de una provincia pequeña y de costumbres tradicionales y a veces represoras, entrevistar a Ornella Vanoni en Milán fue una experiencia maravillosa. Releer esa nota, treinta años después, tiene una actualidad que deslumbra.

La conocí hace varios años en Milán.

Ella regresaba de una gira porla Argentina. Una gira difícil, con objetivos más políticos -criticar al régimen militar imperante- que artísticos o económicos. Como es fácil suponer, me habían pedido una entrevista sobre temas políticos. Aquella debe haber sido la entrevista más larga del mundo. Duró mucho más de lo previsto.

Y el tema político estuvo ausente.

Porque.. ¿Qué hombre podía resumir a Ornella Vanoni en el tema político? Quién podía concentrar sus preguntas en militares, pobreza, riqueza o democracia, con una militante del amor y de la vida y con una de las expresiones más claras que la creación debe haber puesto sobre la tierra para decir: Esto es la mujer.

Para un periodista ya fogueado en el oficio, que hacía pocos meses había asumido como corresponsal en esa Italia poblada de personajes maravillosos, que recien orillaba los 30 años y venía de una provincia donde se pagaba muy caro hablar con libertad de temas como el amor, el matrimonio, la pareja o el sexo, aquella entrevista quedaría en el recuerdo, en esa cajita con clave indescifrable para cualquier extraño y donde la memoria guarda sus más preciados tesoros. La siguiente es parte de esa charla.

-¿Te has enamorado muchas veces?

-Enamorarse es una enfermedad, un estado de miedo permanente. Es vivir peor y mejor al mismo tiempo. Pero si no estás enamorada te falta todo y sólo esperas estarlo. Es el estado natural del ser humano. Lo malo es que no dura para siempre y lo peor que puedes hacer es mantenerlo a la fuerza.


-¿Y cómo adviertes cuando algo no va más?

-Si con un hombre me doy cuenta que paso las noches mirando la televisión o, lo que es peor, que me interesa más la televisión que él, comprendo rápidamente que la historia terminó. Prefiero ver sola la televisión. Lamentablemente no son muchos los hombres que llegan a sustituir a un buen programa.


-No es fácil terminar una relación, aunque esté agotada…

-Cuando pierdo se que tengo que pagar. Y no imaginan cuánto y cómo he pagado. Pero ¿Crees que cuando la piel, la sangre, el corazón demandan, tu destino puede ser compartir pijamas, pantuflas, aburrimientos, buenas noches y buenos días?.

-¿Y tu hijo Ornella?

-Un hijo es como un hombre. La relación es de odio y de amor. Lo quieres contigo y lo quisieras lejos de ti. Lo quieres independientemente pero también dependiente. Sientes que te quita parte de tu vida y te descubres dispuesta a darle la otra parte.

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Ornella comenzó cantando canciones de “la mala” como llaman en Italia a la delincuencia, la mafia. Fue el primer delirio de una intelectual pequeño burgesa. Su público eran, precisamente, los pequeños burgeses, que gozaban escuchando canciones de la “mala”.

-¿Qué pasó cuando cambiaste ese perfil?

-Al principio no me aceptaban en la música ligera. Tu eres diferente, vuelve a las canciones de la mala, ¿qué estás haciendo en este mundo?, me decían. Aprendí a defenderme con los dientes y también a sonreír. Bajé del pedestal y me mezclé con los otros.

Pero tras pequeños paréntesis, volvía el tema del amor.


-¿Te importa ser amada?

-¿Si soy amada? No lo sé. Lo importante es que me siento segura y bien. Una de las peores herencias que nos dejó la cultura judeo cristiana es el sentimiento de culpa. Nos han hecho creer que somos mejores porque nos aman, porque somos buenos, generosos, espirituales, fieles, previsibles, protectores… ¡Estupideces!


-¿Cuál es tu verdad?

-Cuando amo soy un caníbal. Es como entiendo el amor. Pero también sé que en el amor, el más fuerte es el que más ama. Porque quiere más. Pero quien suscita más amor es quien tiene más intereses, además del amor. Parece que sea inaferrable, que se desvaneciera. Normalmente son los hombres los que tienen más intereses. Pero yo soy una mujer afortunada, con una vida plena en la cual el espacio para el amor se limita en el tiempo. Y ocurre que el inseguro normalmente es él. Entonces necesito tener mucha paciencia.


-¿El amor dura para siempre?

-El amor debe durar sólo el tiempo que es amor. Ni un segundo más. Cuando uno se va, el otro, frecuentemente, continúa enamorado. Y el más enamorado es el que pierde. Por eso soy una caníbal y quiero un caníbal, hasta que agotados nos despidamos. Ni me entrego ni te entregues. Yo tomaré todo lo que pueda de tí y tómame tú hasta donde llegues. Hay personas que son una fuente inagotable. Esos son los amores que más duran. Pero hay otras tan previsibles y repetidas que se agotan en un par de encuentros…


-Hoy con la mujer que trabaja fuera de casa, que gana su dinero, que tiene intereses personales, cambian las relaciones de pareja…
-Con los tiempos el hombre cambió. Las mujeres soportan más vivir solas, quizás porque lo hicieron a menudo. Los hombres iban a la guerra, emigraban en busca de trabajo, tenían el bar y el club. Poco compartían con las mujeres, que quedaban resignadas y apagadas con esta separación. A los caballeros les encantaba. Especialmente porque nunca estaban solos sino en grupos. Pero de pronto terminaron las guerras, ya no hubo emigraciones, el bar pasó de moda. Entonces descubrieron la pareja. Cuando son jóvenes, conservan la barra. Luego se dispersan y llega la idea fija: la pareja. Ya no saben ir solos a una cena ni de visita a casa de un amigo. Necesitan siempre a la pareja. Nos atrapan. Porque el pensamiento de estar solos consigo mismos, aunque sea por pocos minutos, los angustia.


-Habrás vivido esa experiencia…

-No sabes cuantas veces he sentido algunas noches de cansancio total, en las cuales no deseo nada y menos aún estar disponible. Y me he preguntado siempre: ¿Y ahora qué hago?. Como sólo no te bastas me necesitas. Pero ya no somos dos que se buscan, se odian, se aman, se descubren y se ocultan. Ya no eres mi niño rival eterno sino mi pareja, mi compromiso, mi obligación. Comprendo entonces que llega la hora de hacer la valija y seguir cantando al amor en vuelo”.


-¿Por qué nos enamoramos?.

-Mira, cada palabra que decimos ya fue dicha miles de veces. Cada minuto que vivimos ya fue vivido. Hay millones de mujeres que han sentido y sienten lo mismo que yo. Y millones de hombres que piensan lo mismo que tú. Pero dio la casualidad que nos encontráramos los dos. Y fueron las frases y los silencios, tu forma de encender el cigarrillo y de mover las manos, tus ojos astutos y mi ingenuidad fingida. Los dos al acecho y preguntándonos: ¿Será ella? ¿Será él? ¿Llegó al fin?. Y es entonces cuando nos transformamos en caníbales y nos invadimos, tratando de beber toda la copa aunque rompamos el hechizo.

Ornella mujer. ¿Cómo hablar de politica con ella?.


 

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