Se han producido cambios en el mundo. Nadie lo duda.
El requisito básico de cualquier estadista es, pues, saber lo que está ocurriendo. Y actuar en consecuencia.
Para un estadista hoy, su misión fundamental, pasa por crear las condiciones para que la economía pueda generar puestos de trabajo.
Muchos puestos y bien pagos.
Las sociedades que no lo logren van a soportar graves tensiones.
No alcanza ya con aumentar la ayuda social.
Si se crean los puestos de trabajo necesarios, se necesitará menos ayuda social.
Y menos fuerzas de seguridad.
Y disminuirá la desnutrición, la mortalidad infantil, el analfabetismo.
El mejor pediatra, es sin duda un ministro de Economía exitoso.
Pero la creación de fuentes de trabajo significa inversiones.
Y es en este punto donde ha habido un gran cambio en el mundo.
Hasta los años 70, la economía sanjuanina tenía capacidad de acumulación de capitales.
La bonanza vitivinícola, las grandes inversiones hechas por la reconstrucción, permitieron una acumulación.
Hoy esa capacidad, después de corralitos, devaluaciones y exacciones, está muy reducida.
Dicho en otras palabras: es muy escaso el ahorro interno.
Y el que existe no quiere asumir riesgos: opta por el plazo fijo, los fondos de inversiones, la inversión inmobiliaria. O sea que no genera trabajo.
¿Es esa una limitante?
Lo es, desde el punto de vista de la empresa sanjuanina.
Pero no acota nuestras posibilidades.
Ocurre que hoy el capital se ha globalizado.
Ya no existen capitales nacionales o extranjeros, sanjuaninos o mendocinos.
Son simplemente, capitales. Y hay muchos capitales disponibles en este mundo globalizado.
Este es un elemento a considerar para programar el desarrollo.
El objetivo no pasa entonces por generar capitales sino por atraerlos.
Y ahí es cuando entra la función del Estado.
Porque el capital, cuando hace inversiones de riesgos, reclama condiciones.
Si nosotros no ofrecemos esas condiciones, se va a otra parte.
¿Qué busca el capital?
• Busca seguridad jurídica, en primer lugar.
• Una justicia independiente de todo poder.
• Busca honestidad. La corrupción significa coimas, retornos, que no todas las empresas están dispuestas a pagar.
• Busca reglas claras. No se puede estar creando impuestos todos los días ni permitir una evasión que da una gran ventaja a quienes no pagan.
• Busca infraestructura. Nadie se radica en un lugar que no tenga un excelente servicio eléctrico, agua, caminos, gas, aeropuertos de carga.
• Finalmente —o en primer lugar— busca capacidad laboral y profesional.
Ya sabemos, entonces, por dónde pasa una obra de gobierno moderna.
Nadie pide milagros a los gobernantes.
Si pide honestidad, independencia judicial, reglas claras.
Se pide, sí, inversiones en caminos, en electricidad, en aeropuertos.
Y se pide educación. Ya no alcanza con la educación formal. Debemos ir hacia una educación permanente y ligada al desarrollo provincial.
Pensar que la universidad puede ser una isla o que sólo deben opinar sobre carreras y planes de estudio los estamentos de cada facultad es inadmisible en un país que financia con grandes esfuerzos a un sector que –lamentablemente- es absolutamente minoritario en comparación con los que no llegan a graduarse.
Por estos puntos pasa el futuro de San Juan.
En varias de estas cosas ha habido un gran avance, no hay dudas.
Especialmente en el concepto de que necesitamos inversiones y que estas son bienvenidas en todo el mundo.
Solamente un desubicado puede pensar que el empleo público, el subsidio o la empresa estatal pueden ser solución.
Y nadie duda que hay una gran competencia por atraer inversores.
Ese es nuestro desafío.
De eso depende nada más y nada menos que nuestro futuro.
Por eso, cuando se habla de nuevas bodegas, de desarrollo minero, de turismo, de nuevas posibilidades para el comercio exterior, se está definiendo un plan de gobierno.
Se está apostando al futuro.
Lo demás son expresiones de deseos o parches de poca vida.