Recibí otra carta de mi primo italiano –sí, adivinó, el médico de profesión, seductor serial, escritor, pensador, ebanista de excelencia, especialista en vinos y muy buen cocinero- y me anuncia que se ha separado por cuarta vez.

Mi primo Giancarlo Parietti me escribe desde su pueblo lombardo y me cuenta que acaba de separarse por cuarta vez.

“Yo pienso igual que Enrique Jardiel Poncela. El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo.”, me dice.

Le contesté vía mail diciéndole que según investigaciones psicológicas existe una teoría de la correspondencia y que cada uno busca la pareja que cree se merece.

Dicen que desde niños vamos elaboran do un “identi kit de esa persona. Eso es lo que nos permitiría reconocerla cuando el amor llame a nuestra puerta.

La respuesta de Giacarlo fue la siguiente:

“Caro cugino (primo):

Yo no creo en tu teoría. Es más, creo que el amor es simplemente una cuestión eléctrica y química. Son procesos fácilmente comprensibles los que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y explican los signos del enamoramiento.

Seguramente tu has vivido la experiencia: cuando encontramos la persona que nos enamorará se dispara la señal de alarma y a  través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina, que son los neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas.

El resultado es que  el corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto), sube la presión, se generan más glóbulos rojos y hasta se liberan grasas y azucares para aumentar la capacidad muscular.



En resumidas cuentas, el amor es –podríamos decir- un tipo de enfermedad que se esconde en el sistema nervioso autónomo.

A través de nervios microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas, el músculo intestinal, la vejiga y los genitales.

Tu voluntad, querido primo, ya no cuenta. Las órdenes ya no parten de la razón pero a velocidades asombrosas se suceden exigiendo dilataciones, erecciones, secreciones…



El amor, te insisto es simplemente un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas.

Pero el verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la feniletilamina, un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas.

Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxiticina  y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales.

Es entonces cuando nosotros, pobres románticos, decimos:-¡Estoy enamorado!

Y es acá adonde quiero llegar:

Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente.

Tú me preguntarás cuánto dura el enamoramiento.

Bien, según los estudios realizados la fase de atracción no dura para siempre y comienza entonces una segunda fase dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz.

Este segundo estado está asociado a otro proceso químico. Los protagonistas son en este punto las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello –esto lo agrego yo- se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.

Bien caro cugino, espero que esta explicación te haga entender por qué me he separado tantas veces. Nunca tuve paciencia para buscar mecanismos socioculturales que me permitieran conservar la pareja. Además, es tan hermosa la etapa del enamoramiento que, te aseguro, no vale la pena luchar para que el proceso deje de ser sólo químico.

No olvides que si persistes en la intención de desconocer la química si no se han establecido ligazones de intereses comunes y empatía, la pareja, tras la bajada de FEA, se sentirá cada vez menos enamorada y por ahí llegará la insatisfacción, la frustración, separación e incluso el odio”.

Confieso que la carta de Giancarlo me dejó una sensación extraña. Si sus certezas médicas son ciertas y cuando estamos enamorados es como si estuviéramos drogados… ¿qué valor tendrían los juramentos de amor eterno, los contratos matrimoniales y toda la cultura que nos acompaña desde siempre?

 

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