Tal vez todo sea producto de la edad.
A medida que envejecemos nos vamos sintiendo abrumados por cosas que nos rodean.

Tal vez todo sea producto de la edad.

A medida que envejecemos  nos vamos sintiendo abrumados por cosas que nos rodean.

-- Ya no soportamos esos noticieros de la televisión porteña que sólo hablan de asaltos, muertes, secuestros, accidentes.

-- Nos hastían las absurdas discusiones entre tipejos que se consideran dirigentes porque los invitan a programas periodísticos.

-- Nos rebelan los programas chabacanos, las conversaciones sin sustancia, las jovencitas que se hacen famosas por mover la cola y mostrar las lolas.

Es en ese momento cuando desearíamos darnos un largo baño en agua tibia y jabón y tomar un purgante que nos liberara de tanta mugre acumulada.




Reitero: debe ser producto de los años.

Un amigo me decía:

-Los seres humanos somos todos masoquistas. Gozamos con lo que nos produce daño. Nos atrae lo que criticamos. Y consideramos pecado a todo lo que sea placentero.

Mi amigo me contó una historia que encontró en Internet.

Dicen que un pastor en un país escandinavo los domingos llegaba a la iglesia patinando sobre sus esquís.

Había mucha nieve y el pastor no poseía un trineo tirado por perros, por lo cual debía trasladarse patinando.

Pero en ese lugar, patinar sobre el hielo era considerado culturalmente como una diversión por lo que se desató se desató una gran polémica entre la feligresía:

-¿Es correcto que un domingo, el día del Señor, nuestro pastor llegue a la reunión en patines?

Finalmente los ancianos líderes de la congregación se reunieron para debatir el asunto y cuando llegaron a una conclusión llamaron al pastor y se la hicieron saber:

-Pastor, usted sabe que esquiar es considerado en nuestra comunidad un acto de recreación, de juego, de placer. Y no está bien que el domingo, el día del Señor, usted lo haga. Pero por otro lado sabemos que no tiene otro medio de transporte y que debe llegar desde muy lejos. Es por ese motivo que hemos concluido que si usted ve el patinar desde su casa hasta aquí como un trabajo, como un acto penoso y nada placentero, está bien hacerlo. Pero si usted lo disfruta y lo ve como un placer, entonces no es correcto. La pregunta que esta asamblea tiene para usted es: ¿disfruta usted el esquiar los domingos, o lo ve como un trabajo?




Insisto, muchos de nosotros, pareciera que gozamos con lo que nos molesta.

Y tenemos miedo de confesar cuales son los pequeños placeres que alegran nuestra vida.

Aclaro: no hablamos de los grandes placeres, como puede ser hacer un crucero por el Caribe, comprarnos un Mercedes Benz o encontrar la clave de la felicidad eterna.

Tampoco de las cuestiones trascendentales del ser humano como puede ser el ejercicio de la alegría, la felicidad, la libertad, la satisfacción del hambre, de la sed, de los apetitos sexuales.

No, hablamos de las pequeñas cosas que nos hacen gozar cada día con esta maravillosa experiencia de vivir.

Les confieso que hace tiempo hice una pequeña lista que aun me acompaña y leo cuando me siento deprimido.

Allí aparecen cosas accesibles, que me cambian el humor.

Son mis pequeños placeres. Por ejemplo

> El olor del pan recién horneado

> El olor de la tierra mojada

> El olor a tinta de un diario recién salido de la imprenta

> Escuchar la lluvia sobre mi techo

> Caminar descalzo en verano

> Preparar una comida

> Contemplar el mar.

> Contemplar el fuego de un hogar, mientras chisporrotea.

> Calentarme la cola en la estufa.

> El día que me acuesto con sábanas perfumadas y almidonadas.

> Ver viejas fotos

> Releer revistas viejas, mientras más viejas mejor.

> Viajar en auto un día nublado

> Hacer sudokus en el baño sin que nadie me golpee la puerta.

> Vestir de jeans gastados y zapatillas.

> Vestir de etiqueta

> Cuando viajo en ómnibus o avión mirar la cara de un pasajero e imaginar una historia.

> Desayunar con tostadas con manteca mojadas en el café.

> Tomar un buen vino o un champagne bien helado.

> Recordar historias que a nadie puedo contar

> Cuando viajo, perderme en una gran ciudad y descubrir cosas novedosas

> Recibir un buen masaje

> Pesarme y descubrir que he adelgazado

>El perfume de una joven cuando pasaa mi lado.

>El saludo de la joven que pasa a mi lado.

> En un viaje, charlar con gente que no conozco y nunca volveré a ver

> Charlar con gente joven

> Charlar con un viejo muy culto

> Ganarle al poker a mis amigos.

> Mandarle mensajitos a los bosteros amigos cuando Boca pierde.

> Maravillarme con el verde nuevo cuando llega la primavera.

> Ver florecer la planta que yo planté

> Compartir café con amigos

> La carita de mis nietos cuando les cuento una historia.

> Las sobremesas sin reloj.

> Escuchar música, si es de Serrat, mejor.

> Volver a ver películas que me gustaron como El Padrino, El golpe, Alguien tiene que ceder o Perfume de mujer.



Si le gusta mi lista, se la dejo. Agrandarla o achicarla, depende de usted.

Pero no le mezquine a los pequeños placeres. Son la sal de la vida.

Recuerde que el día que usted parta pocos hablarán de su moral, de su inteligencia o de sus virtudes.

Lo más seguro es que alguien diga:

-¿Te acordás como le gustaba el pollo al ajillo?

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