Los diarios del 4 de febrero de 2011 decían que había muerto el día anterior, de cáncer, en una clínica de Paris.
Pero algo no coincidía: la foto de esa señora madura, entrando en la ancianidad, no se correspondía con la que yo conservaba de aquella María con la que junto a otros periodistas mantuvimos una larga charla en Roma, en el invierno de 1.981.
Los diarios del 4 de febrero de 2011 decían que había muerto
el día anterior, de cáncer, en una clínica de Paris.
Pero algo no coincidía: la foto de esa señora madura,
entrando en la ancianidad, no se correspondía con la que yo conservaba de
aquella María con la que junto a otros periodistas mantuvimos una larga charla
en Roma, en el invierno de 1.981.
La
María Schneider que guardaba mi memoria esa aquella muchachita de una película
emblemática: último tango en Paris,
filmada en 1.972 por Bernardo Bertolucci.
La había visto en Paris, durante un viaje por motivos
periodísticos en 1.977. Y ver ese film, hoy clásico, fue uno de los atractivos
del viaje pues la película -¡Cuando no!- había sido prohibida en la Argentina
por el gobierno de Onganía.
Cuando
hizo esa película María tenía 20 años.
Es
la historia de un hombre de 45 años (Marlon Brando), que acaba de enviudar y
conoce a una muchacha de 20 años (Maria Schneider), actriz amateur. Se
encuentran casualmente mientras visitan un departamento que ambos deseaban
alquilar, en París. La atracción entre ellos es muy fuerte, y mediando tan sólo
unas cuantas palabras, hacen el amor apasionadamente en el piso
vacío.
Tras la pasión, nace el acuerdo: se volverán a encontrar
allí, en soledad y sin preguntarse nombres ni pasado. La relación que se
caracterizará por una fuerte violencia verbal y sexual ejercida por Brando hacia
María, en un afán de dominar también su mente.
La película se caracterizó por su fuerte erotismo, los
desnudos de María y una escena en particular en la que Brando sodomiza a la
mujer, valiéndose de un poco de manteca a modo de lubricante. Suficiente para
que la película fuera un éxito mundial.
Algunos
años después, en 1.981, fui invitado como corresponsal de Clarín para integrar
un jurado de una muestra de cine internacional en Roma. Una vez por semana nos
reuníamos los 20 o 30 periodistas elegidos, veíamos una película y charlábamos
con los actores que daban importancia a la muestra por lo que significaba en
términos de difusión.
María fue una noche. Lo hizo acompañada por otra chica, a la
que presentó como su pareja. Tenía ya 30 años y fama de promiscua y heroinómana.
Una fama que pudo ser cierta o que nació a partir de todo lo que despertó la
película.
De
aquella charla me quedó la imagen de un jovencita desvalida que había vivido
demasiadas cosas para su joven edad.
Nos contó que su padre, también actor (Daniel Gelin), nunca
la reconoció como hija. «Estoy cansada de que me presenten como la hija de
Daniel Gelin, cuando él nunca me ha reconocido. Lo he visto tres veces en mi
vida».
María
Schneider hizo su debut en el escenario con sólo 15 años, sin haber realizado
clases de interpretación. Dos años más tarde, obtuvo su primer papel de
protagonista en el cine, con la película El árbol de navidad de Terence Young.
Actuó en muichas películas. La última fue en 2.009. Y lo hizo junto a artistas
de la talla de Alain Delon. Jack Nicholson, David Bowie Marlene Dietrich o
Gérard Depardieu. Incluso tuvo una gran oportunidad al interpretar un papel en
Calígula pero abandonó el rodaje para ingresar en una clínica
psiquiátrica.
Pero
último tango en Paris fue la película que cimentó su carrera, además de darle
una imagen de mujer lasciva, que le persiguió el resto de su
carrera.
De
aquella noche en Roma me quedó grabado un dialogo con la
actriz:
-Fue
muy realista la escena de la manteca…
-¡Cómo
no iba a serlo! Mis lágrimas, les aseguro, eran reales. ¿O ustedes no lo conocen
a Brando?