Eduardo Alonso fue el hacedor de uno de los hechos más insólitos que me ha tocado vivir: ser designado en un cargo en nombre de la alteza real de un ignoto país. La historia comenzó un día de principios de septiembre de 2.006.

Eduardo Alonso fue el hacedor de uno de los hechos más insólitos que me ha tocado vivir: ser designado en un cargo en nombre de la alteza real de un ignoto país.

La historia comenzó un día de principios de septiembre de 2.006.

En el buzón de casa apareció un sobre con una invitación dirigida a mi esposa Silvia y a mi para cenar en la casa de Eduardo y Mikaela Alonso.



Dos cosas me intrigaron:

Primero que la invitación fuera a través de una nota y no de una simple llamada telefónica.

Segundo, que pidiera que asistiéramos con vestimenta “formal elegante”.



Pregunté a amigos comunes si ellos estaban invitados y me respondieron que no.

De pronto, Aida Laspina nos dijo que ella si estaba invitada, lo mismo que Carlos Fagale, que la invitación también había sido formal y que sólo sabía que concurriría poca gente.



La curiosidad se transformó en una cuestión de fondo en la medida que se acercaba la fecha del 16 de septiembre –la noche elegida- y llamé a Eduardo:

-¿Qué pasa? ¿Te designaron ministro? ¿Te vas de San Juan?

-Nada de eso. Pero no me preguntes más porque no te puedo adelantar otra cosa.

-¿Somos muchos los invitados?

-En total vamos a ser ocho personas.

-Pero… ¿es en serio que hay que ir vestidos “formal elegante”.

-Por supuesto, así dice la invitación.

-¿Y qué vamos a comer?

-Sólo te puedo adelantar que viene un chef de Mendoza…



Con el fin de sacarle algo más, arriesgué otra pregunta:

-¿Llevo máquina fotográfica?

-Sería importante.

-Si es importante, pido también que vayan periodistas.

-Podés hacerlo.



Fue imposible obtener más información.

Así llegó la noche del 16 y allí estábamos con Silvia, “formalmente elegantes”, llegando a la casa de los Alonso.

Además de Aida y Carlos estaban Sergio Gurgic y su esposa Federica Mariconda, todos muy elegantes.



Quiero aclarar que los Alonso son excelentes anfitriones, cuidadosos de los más mínimos detalles y exquisitos a la hora de elegir el menú, los vinos y hasta el puro después de cena.

Y esta vez era cierto: había un chef que había venido de Mendoza. Era Sonia, la hija de Micaela y Eduardo que reside en esa provincia y es una experta en gastronomía.

Después de invitar algunos tragos y hablar de distintos temas sin que nadie hablara ni preguntara sobre el motivo de la reunión, Eduardo se puso de pie, desplegó una bandera y explicó que se cumplian 25 años que había sido designado cónsul general en la República Argentina del Principado de Hutt River Province, estado independiente en Western Australia.

-Esto me convierte en el diplomático más antiguo en esta provincia y esta noche, en nombre de Su Alteza Real, el principe Leonard Casley quiero proponer dos designaciones y espero que los designados las acepten.



A renglón seguido y respetando absolutamente el protocolo de los actos diplomáticos, Eduardo anunció la designación de Sergio Gurgic como delegado honorario de Relaciones Públicas y mi designación como delegado honorario de Información y Prensa sobre lo que acontece “en este principado y sus representaciones en el mundo”.



Por supuesto, ambos nominados aceptamos las designaciones y recibimos los diplomas correspondientes, una bandera del principado, un libro donde se explicaba la historia y hasta un bolígrafo.

Hubo fotos, apretones de manos y el gran abrazo final antes de pasar a cenar. Eduardo confesó:

-Tenía miedo de que no aceptaran las designaciones.



Desde ese día soy el delegado honorario de Información y prensa de un principado. Un cargo que realmente nunca esperé pero que asumo con respeto y agradecimiento. Por Eduardo y por ese extraño principado que espero algún día conocer.

Juan Carlos Bataller

 

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