¡Qué rápido pasa el tiempo! Vuelvo atrás y me veo con 13 años, inaugurando pantalones largos e ingresando en la Escuela Industrial. Mi padre era un mediano productor minero que no sólo extraía minerales de plomo y fluorita en Marayes y Arrequintín sino que también los concentraba y vendía en el mercado nacional.

¡Qué rápido pasa el tiempo!

Vuelvo atrás y me veo con 13 años, inaugurando pantalones largos e ingresando enla Escuela Industrial.

Mi padre era un mediano productor minero que no sólo extraía minerales de plomo y fluorita en Marayes y Arrequintín sino que también los concentraba y vendía en el mercado nacional.

Frondicista convencido y funcionario de Américo García en el gobierno provincial, era un apasionado defensor del desarrollo nacional y consideraba a la minería “la madre de todas las industrias”.

Para él, no alcanzaba con la frase “unidos o dominados”. El mundo, para él, se dividiría cada vez más entre “desarrollados o dominados”, independientemente de que los pobres se unieran o no.

Y el tiempo le dio la razón.

Recuerdo que recién en tercer año de la industrial uno elegía la orientación.

Ese fue el momento, con 15 años y seguramente influenciado por lo que escuchaba a mi padre, decidí ser técnico minero.

Luego vendrían los estudios de ingeniería de Minas en la Facultad.

Una carrera que quedó inconclusa por este apasionado y perdurable amor por el periodismo.

Pero todos los años que estudie minería, escuché tanto a empresarios del sector, como  ami padre, a profesores y a estudiantes, hablar con admiración de dos nombres: Rudolph y Matar.

Carlos Rudolph y José Matar, no sólo eran los discípulos de Ruiz Bates, el máximo referente de la carrera de ingeniería de Minas, sino el ejemplo a seguir para estudiantes primero y para profesionales después.

Porteño de origen alemán uno, chileno de Valparaíso el otro, egresaron con las mejores notas y fueron los primeros becados por el CONICET. Viajaron a especializarse en el MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusett, que junto con Harvard eran los mayores íconos universitarios de los Estados unidos y modelo de lo que debe ser la integración entre el Estado, la universidad y la industria. Imbuidos de ese espíritu volvieron para radicarse en San Juan.

Entre otros cargos, Rudolph fue decano de la facultad de Ingeniería y Matar secretario de Minería de la provincia y director nacional de YCF. Ambos fueron fundadores y directores del Instituto de Investigaciones Mineras de la facultad de Ingeniería y para firmar convenios de investigación tecnológica y de formación de recursos humanos, crearon la Asociación Cooperadora del Instituto de Investigaciones Mineras (ACIIM) y luego la empresa IDEMSA, con participación mayoritaria de la Cooperadora y en un 10% del Estado provincial. 

Como la universidad no podía ser contratada directamente, ACIIM e IDEMSA subcontrataban al Instituto para realizar trabajos de investigación.

Ochenta profesionales de la minería llegaron a actuar en este ámbito.

Parecía San Juan año verde.

La universidad se daba la mano con la producción y surgía una industria de conocimientos con mercado internacional.

Se realizaban estudios de talcos, grafitos, diatomitas, calizas y dolomitas para la provincia; de fluoritas, baritina y manganeso para la Nación; de manganeso y oro para YMAD; de hierro para Altos Hornos Zapla; de cobre y oro para La Alumbrera, de uranio para Energía Atómica, de levaduras para el INV, de sorgo para el INTA, de cobre y molibdeno para Pachón.

San Juan y sus prestigiosos técnicos estaban presentes en Farallón Negro, en Bajo La Alumbrera, en Energía Atómica, en YCF, en cuanto emprendimiento de envergadura hubiera.



Pero el sueño no podía durar mucho en una provincia donde generalmente triunfa la Ley de la ligustrina.

¿No sabe lo que es la Ley de la ligustrina?

Observe a un jardinero cuando trabaja en un cerco de ligustros. El arte consiste en que ninguna ramita sobresalga. Si sobresale, hay que cortarla.

Y los encargados de cortar esa molesta ramita que representaban, Rudolph, Matar y el ingeniero Julio Rodolfo Millán, primer rector normalizador de la universidad, entre otros profesionales de prestigio internacional fueron los funcionarios de la gestión de Tulio Del Bono al frente de la Universidad.

La Universidad Nacional de San Juan, a través del entonces rector, denunció por peculado, enriquecimiento ilícito y administración fraudulenta a los profesionales.

Durante el juicio, no pudieron probar nada.

No terminó ahí la historia. La Universidad durante la actual gestión siguió apelando y presentó recursos de casación ante la Cámara Federal de Apelaciones y de Inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia. Al ser rechazados los recursos, la absolución quedó en firme.

Pero para eso pasaron 20 años en los que los investigadores sufrieron el escarnio público.

Hubo una verdadera persecución. Les hicieron 17 sumarios administrativos en tres meses, les impidieron el acceso a oficinas y laboratorios, no les entregaron la correspondencia nacional e internacional que les llegaba, comunicaron a todos los centros relacionados con la minería sobre el juicio que llevaban adelante.



En ese ínterin y luego de ser “ninguneados” haciendo antesalas sin ser recibidos o iniciándoles sumarios por medio de simples empleados, el ingeniero Millán contrajo leucemia y murió.

Rudolph y Matar han logrado salir adelante. Uno tiene 75 años. El otro 76.

Les cortaron a ellos, a la universidad y a San Juan, un futuro brillante.

Quienes iniciaron y fogonearon los juicios, en estos veinte años, han gozado de distintos honores gubernamentales, se han sentado en sillones ministeriales, han viajado por el mundo pagados por el Estado.



La larga noche terminó.

Todas las chicanas jurídicas se agotaron. La absolución de Rudolph y Matar ha sido total. Hasta uno de los jueces llegó a pedir perdón por tanta demora, en nombre de la justicia.

Faslta que las autoridades de la Universidad, pidan perdón.

A los profesionales y a todos los sanjuaninos.

El castigo para los responsables debería ser ejemplar.

Para que nunca se repitan historias como estas.

El castigo no puede ser sólo para los ladrones de gallinas…



El domingo pasado Rudolph y Matar estuvieron en un programa de televisión.

Yo los veía alejarse.

Ya son dos hombres mayores. Pronto serán ancianos.

Les quitaron los mejores 20 años de su vida.

Quizás, si ellos hubieran seguido con sus proyectos, tendríamos otra minería. U otras formas de defender nuestra minería.

Ellos siguen hablando de proyectos.

Se les iluminan los ojos cuando hablan de la elaboración de oro amonedable, de la obtención de cobre directamente utilizables por la industria, del marco institucional para incentivar el cambio de productores de materia primas a materiales elaborados, de los cinco años que hacen falta para formar una nueva camada de grandes ingenieros…

El domingo, reitero, los veía alejarse, y pensaba en mi padre cuando con ese mismo brillo en los ojos hablaba del desarrollo nacional, de la minería como madre de industrias, de dos ingenieros que iban dar que hablar…

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