La relación entre los intelectuales y la política en la Argentina podríamos decir que comenzó con los albores mismos de la patria y del periodismo. Mariano Moreno, fue el fundador del primer órgano oficial de información y de cultura: “La Gazeta de Buenos Aires”. Los cuarenta y seis artículos que alcanzó a publicar constituyen no solamente su mejor obra, sino el fundamento de nuestra nacionalidad, la aparición de la vida de la cultura entre nosotros.
La relación entre los intelectuales y la política en la
Argentina podríamos decir que comenzó con los albores mismos de la patria y del
periodismo.
Mariano Moreno, fue
el fundador del primer órgano oficial de información y de cultura: “La Gazeta
de Buenos Aires”.
Los cuarenta y seis
artículos que alcanzó a publicar constituyen no solamente su mejor obra, sino el
fundamento de nuestra nacionalidad, la aparición de la vida de la cultura entre
nosotros.
Pero la relación entre la intelectualidad y la política no
termina con Moreno. Baste mencionar a Echeverría, Alberdi, Mitre, Juan M.
Gutiérrez, Domingo Faustino Sarmiento, Florencio Varela, Mansilla, Paz, Joaquín
V. González, Carlos Pellegrini, Leopoldo Lugones, Jauretche, periodistas e
intelectuales todos.
Hemos nombrado a
Sarmiento, quizás el más grande escritor argentino y fundador de El Zonda cuando
sólo tenía 28 años. Cuando el Gran Maestro llega a la presidencia de la Nación
en 1.868 ya había escrito el Facundo, De la Educación Popular, Viajes,
Agirópolis, Recuerdos de Provincia, había recorrido Europa y los Estados
Unidos y ejercido su oficio de periodista en Chile y Buenos
Aires.
Pero antes de
Sarmiento, San Juan tuvo a Salvador María del Carril que no sólo fue el
gobernador más joven sino que con sus 24 años escribió la Carta de Mayo, trajo
la primera imprenta y puso en marcha el primer periódico, El Defensor de la
Carta de Mayo. Y
estamos hablando de 1.823.
¿Qué pasó
después?
En algún momento de
nuestra historia, los caminos de la política y la intelectualidad se
divorciaron. Quedaron testimonios de representantes de la izquierda o la
derecha, de liberales sano nacionalistas que no llegan a conformar estudios
profundos pues en la base del trabajo es fácil advertir la influencia
ideológica. O libros de economistas e intelectuales devenidos en políticos; los
ejemplos más lúcidos en este campo pueden ser Rogelio Frigerio y Rodolfo
Terragno.
Juan Domingo Perón y
Arturo Frondizi fueron quizás los últimos presidentes que dejaron sus ideas
impresas antes o después de gobernar, aunque ninguno de ellos escribió sus
memorias. Tal vez porque –como afirma el historiador Pacho
O´Donnell- “a
diferencia con lo que ocurre con los presidentes norteamericanos, por ejemplo, a
nuestros ex mandatarios nunca los abandona la idea de volver a ser huéspedes de
la Casa Rosada y temen que esas memorias les jueguen en
contra”.
Aparecieron sí,
libros escritos por encargo como “Memoria política”, de Raúl Alfonsín, “El
último de facto”, de Reynaldo Bignone, “Mi testimonio”, de Alejandro Lanusse y
“Universos de mi tiempo”, de Carlos Saúl Menem. Pero en ninguno de estos casos
aparece un conjunto de ideas sistematizadas que puedan considerarse un legado
doctrinario.
¿Y en San Juan qué
pasó? ¿Alguien recogió el legado de Sarmiento y Del
Carril?
La influencia de la
intelectualidad ha sido realmente escasa. Es como si la acción primara por sobre
el pensamiento.
No hay libros
escritos por gobernantes que hayan incidido en el pueblo o al menos generado
debates de altura.
Hay, por supuesto,
excepciones.
Como puede ser la de
Horacio Videla que ejerció la vicegobernación en la época del conservadorismo y
es autor de una muy documentada Historia de San Juan. O los libros de poesía y
recuerdos del ex gobernador Alfredo Avelín. Pero no hay material que constituya
ideas ordenadas sobre el ejercicio del poder o al menos puedan considerarse
propuestas doctrinarias.
Como tampoco
escribieron libros o dictan conferencias los cortistas sanjuaninos ni los
legisladores.
Si buscáramos un
pensamiento original y que vaya más allá del simple enunciado de medidas
tendríamos que remontarnos a la Constitución cantonista del 27 y, tal vez, a
algunos enunciados de la Constitución del 86 que, si bien no fueron innovadores,
tuvieron la virtud de adelantarse algunos años a lo que sucedería en la Nación y
en otras provincias
Un dato puede ser
esclarecedor sobre la ausencia de
los intelectuales en la política sanjuanina: José Luis Gioja, es el único
gobernador electo por el pueblo que egresó de nuestra universidad. El resto
se formó en Córdoba o Buenos Aires.
¿La política
–la vida institucional en general- está reservada para los hombres de acción?
¿Desprecian nuestros intelectuales la política? ¿Tenemos
intelectuales?
El viernes 18 de
noviembre de 1.921, el gobernador Amable Jones presidió en el Teatro Estornell
un acto político con la poca juventud que lo apoyaba.
Esa noche, Jones
dijo:
-¿Qué se advierte en
esta provincia si se observa con un espíritu de sociólogo, aunque sea poco
experimentado?
No se ve ningún
movimiento colectivo alrededor de grandes ideas, ninguna escuela, ningún
cenáculo, ningún centro donde se debatan cuestiones
trascendentes.
Se percibe un gran
movimiento de ambiciones y apetitos, el culto hipertrofiado de las pasiones, el
triunfo de lo falso y del egoísmo ante el cual el Estado desaparece o es el
pretexto. Esto tiene un origen lejano y no es extraño que los mayores cierren
sus puertas cuidadosamente a la juventud y se encierren en su torre de
prejuicios mientras los adolescentes los desdeñan o los creen
inferiores...
Jones fue
asesinado el 20 de noviembre de 1.921. Fue el último gobernador asesinado en San
Juan.