Una ciudad la conforman muchas cosas.
Digámoslo en términos concretos: San Juan ha dado un gran salto como ciudad en los últimos años.
A pesar de ser una ciudad relativamente pequeña posee un auditorio importante, un estadio moderno, el autódromo, el centro cívico, avenidas parquizadas, un moderno hospital, un museo de Bellas Artes de alto nivel, sala de convenciones, una aceptable hotelería.
Pero San Juan, mis amigos, nunca podría figurar entre las 215 ciudades de mejor calidad de vida ranquedas internacionalmente.

Una ciudad la conforman muchas cosas.

Digámoslo en términos concretos: San Juan ha dado un gran salto como ciudad en los últimos años.

A pesar de ser una ciudad relativamente pequeña posee un auditorio importante, un estadio moderno, el autódromo, el centro cívico, avenidas parquizadas, un moderno hospital, un museo de Bellas Artes de alto nivel, sala de convenciones, una aceptable hotelería.

Pero San Juan, mis amigos, nunca podría figurar entre las 215 ciudades de mejor calidad de vida ranquedas internacionalmente.

Y no podría figurar por nosotros, los residentes de este suelo.

Digámoslo con todas las letras: carecemos de cultura urbana.

La calidad de vida de un lugar –repitámoslo-, no se mide sólo en edificios.

Es fundamental la educación de la gente que la habita. Y tenemos que aceptarlo: somos un pueblo urbanamente inculto.

Un gran sector de la población –por ignorancia o indolencia- no respeta las normas básicas de convivencia. Y mientras un pequeño sector se amarga ante estas situaciones, otros cierran los ojos y algunos dejan pasar por vocación demagógica.

Sería espectacular que un día un intendente anunciara:

-Vecinos, este año lo dedicaremos a educarnos. A partir de este momento habrá cero tolerancia en el tránsito, en la rotura de veredas, en aceptar actos de vandalismos, en respetar las sendas peatonales, en colaborar con la limpieza de las calles en…

Esa sería la mayor de todas las obras: una ciudad segura, ordenada, limpia y con una pizca de alegría.

 

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