El miércoles 29 de abril de 2.009, el candidato a presidente de Uruguay, José "Pepe" Mujica, tuvo un encuentro con los intelectuales, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de Uruguay. En esa oportunidad ese hombre que luego ganaría las elecciones y que pasó la mitad de su vida en una cárcel, dijo cosas que deberían leer –al menos- todos los políticos y universitarios argentinos.
El
miércoles 29 de abril de 2.009, el candidato a presidente
de Uruguay, José "Pepe" Mujica, tuvo un encuentro con los intelectuales, en el
Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de Uruguay. En esa
oportunidad ese hombre que luego ganaría las elecciones y que pasó la mitad de
su vida en una cárcel, dijo cosas que deberían leer –al menos- todos los
políticos y universitarios argentinos. Este es el texto completo de ese
discurso.
Queridos
amigos:
La vida ha sido extraordinariamente generosa conmigo.
Me ha dado
un sinfín de satisfacciones más allá de lo que nunca me hubiera atrevido a
soñar.
Casi todas son inmerecidas. Pero ninguna más que la de hoy:
encontrarme ahora aquí, en el corazón de la democracia uruguaya, rodeado de
cientos de cabezas pensantes.
¡Cabezas pensantes! A diestra y
siniestra.
Cabezas pensantes a troche y moche, cabezas pensantes pa’ tirar
pa’ arriba.
¿Se
acuerdan de Rico Mac Pato, aquel tío millonario del pato Donald que nadaba en
una piscina llena de billetes?
El tipo había desarrollado una sensualidad
física por el dinero.
Me gusta pensarme como alguien que le gusta darse baños
en piscinas llenas de inteligencia ajena, de cultura ajena, de sabiduría
ajena.
Cuanto más ajena, mejor.
Cuanto menos coincide con mis pequeños
saberes, mejor.
El semanario BÚSQUEDA tiene una hermosa frase que usa como
insignia:
“Lo que digo no lo digo como hombre sabedor, sino buscando junto
con vosotros”.
Por
una vez estamos de acuerdo.
¡Si estaremos de acuerdo!
Lo que digo, no lo
digo como chacarero sabiondo, ni como payador leído, lo digo buscando con
ustedes.
Lo digo, buscando, porque sólo los ignorantes creen que la verdad es
definitiva y maciza, cuando apenas es provisoria y gelatinosa.
Hay que
buscarla porque anda corriendo de escondite en escondite.
Y pobre del que
emprenda en soledad esta cacería.
Hay que hacerlo con ustedes, con los que
han hecho del trabajo intelectual la razón de su vida. Con los que están aquí y
con los muchos más que no están.
DE
TODAS LAS DISCIPLINAS
Si
miran para el costado van a encontrar seguramente algunas caras conocidas porque
se trata de gente que se desempeña en espacios de trabajo afines. Pero van a
encontrar mucho más caras que les son desconocidas, porque la regla de esta
convocatoria ha sido la heterogeneidad.
Aquí están los que se dedican a
trabajar con átomos y moléculas y los que se dedican a estudiar las reglas de la
producción y el intercambio en la sociedad.
Hay gente de las ciencias básicas
y de su casi antípoda, las ciencias sociales; gente de la biología y del teatro,
y de la música, de la educación, del derecho y del carnaval.
Y en tren de que
no falte nada, hay gente de la economía, de la macroeconomía, de la
microeconomía, de la economía comparada y hasta alguno de la economía
doméstica.
Todas
cabezas pensantes, pero que piensan en distintas cosas y pueden contribuir desde
sus distintas disciplinas a mejorar este país.
Y mejorar este país significa
muchas cosas, pero desde los acentos que queremos para esta jornada, mejorar el
país significa empujar los complejos procesos que multipliquen por mil el
poderío intelectual que aquí esta reunido.
Mejorar el país, significa que
dentro de veinte años, para un acto como este no alcance el Estadio Centenario,
porque al Uruguay le salen ingenieros, filósofos y artistas hasta por las
orejas.
No es que queramos un país que bata los récords mundiales por el puro
placer de hacerlo.
Es porque está demostrado que, una vez que la inteligencia
adquiere un cierto grado de concentración en una sociedad, se hace
contagiosa.
INTELIGENCIA
DISTRIBUIDA
Si
un día llenamos estadios de gente formada va a ser porque afuera, en
la
sociedad, hay cientos de miles de uruguayos que han cultivado su
capacidad
de pensar.
La inteligencia que le rinde a un país es la
inteligencia distribuida.
Es la que no está sólo guardada en los laboratorios
o las universidades, sino la que anda por la calle.
La inteligencia que se
usa para sembrar, para tornear, para manejar un autoelevador o para programar
una computadora.
Para cocinar, para atender bien a un turista, es la misma
inteligencia.
Unos subirán más escalones que otros, pero es la misma
escalera.
Y los peldaños de abajo son los mismos para la física nuclear que
para el manejo de un campo. Para todo se precisa la misma mirada curiosa,
hambrienta de conocimiento y muy inconformista.
Se
termina sabiendo, porque antes supimos estar incómodos por no
saber.
Aprendemos porque tenemos picazón y eso se adquiere por contagio
cultural, casi cuando abrimos los ojos al mundo.
Sueño con un país en el que
los padres le muestren el pasto a los hijos chicos y le digan: “¿Sabés qué es
eso?, es una planta procesadora de la energía del sol y de los minerales de la
tierra”.
O que les muestren el cielo estrellado y hagan piecito en ese
espectáculo para hacerlos pensar en los cuerpos celestes, en la velocidad de la
luz y en la transmisión de las ondas.
Y no se preocupen, que esos uruguayos
chicos igual van a seguir jugando al fútbol. Sólo que, en una de esas, mientras
ven picar la pelota puedan pensar a la vez en la elasticidad de los materiales
que la hacen rebotar.
CAPACIDAD
DE INTERROGARSE
Había
un dicho: “No le des pescado a un niño, enséñale a pescar”.
Hoy deberíamos
decir: “No le des un dato al niño, enséñale a pensar”.
Tal como vamos, los
depósitos de conocimiento no van a estar más dentro de nuestras cabezas, sino
ahí afuera, disponibles para buscarlos por Internet.
Ahí va a estar toda la
información, todos los datos, todo lo que ya se sabe.
En otras palabras, van
a estar todas las respuestas.
Lo que no van a estar es todas las
preguntas.
En la capacidad de interrogarse va a estar la cosa.
En la
capacidad de formular preguntas fecundas, que disparen nuevos esfuerzos de
investigación y aprendizaje.
Y eso está allá abajo, marcado casi en el hueso
de nuestra cabeza, tan hondo que casi no tenemos conciencia. Simplemente
aprendemos a mirar el mundo con un signo de interrogación, y esa se vuelve la
manera natural de mirar el mundo.
Se adquiere temprano y nos acompaña toda la
vida.
Y sobre todo, queridos amigos, se contagia.
En
todos los tiempos, han sido ustedes, los que se dedican a la actividad
intelectual, los encargados de desparramar la semilla.
O para decirlo con
palabras que nos son muy queridas: ustedes han sido los encargados de encender
la admirable alarma.
Por favor, vayan y contagien.
¡No perdonen a
nadie!
Necesitamos un tipo de cultura que se propague en el aire, entre en
los hogares, se cuele en las cocinas y esté hasta en el cuarto de
baño.
Cuando se consigue eso, se ganó el partido casi para siempre. Porque se
quiebra la ignorancia esencial que hace débiles a muchos, una generación tras
otra.
EL
CONOCIMIENTO ES PLACER
Necesitamos
masificar la inteligencia, primero que nada para hacernos productores más
potentes. Y eso es casi una cuestión de supervivencia.
Pero en esta vida, no
se trata sólo de producir: también hay que disfrutar.
Ustedes saben mejor que
nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también
placer.
Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que
entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo queda el
placer.
Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un
punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro
disfrute.
¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de
mucha gente!
Qué
bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede
ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales.
No
porque sea elegante sino porque es placentero.
Porque se disfruta, con la
misma intensidad con la que se puede disfrutar un plato de tallarines.
¡No
hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices!
Algunos pueden
pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de Shopping centers.
En
ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa
nueva y de cajas de electrodomésticos…
No tengo nada contra esa visión, sólo
digo que no es la única posible.
Digo que también podemos pensar en un país
donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto
chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la
calefacción.
Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras.
Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar
cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la
humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos.
Los holandeses
andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los
conciertos o a los parques.
Porque han llegado a un nivel en el que su
felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como
intelectuales.
Así
que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento.
En paralelo, mi
modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada
en bicicleteada…
INCONFORMISMO
Les
pedía antes que contagien la mirada curiosa del mundo, que está en el
ADN del
trabajo intelectual.
Y ahora agrando el pedido y les ruego que contagien
inconformismo.
Estoy convencido que este país necesita una nueva epidemia de
inconformismo como la que los intelectuales generaron décadas atrás.
En el
Uruguay, los que estamos en el espacio político de la izquierda somos hijos o
sobrinos de aquel semanario Marcha del gran Carlos Quijano.
Aquella
generación de intelectuales se había impuesto a sí misma la tarea de ser la
conciencia crítica de la nación. Anduvieron con alfileres en la mano pinchando
globos y desinflando mitos.
Sobre todo el mito del Uruguay
multicampeón.
Campeón de la cultura, de la educación, del desarrollo social y
de la democracia.
¡Qué íbamos a ser campeones de nada!
Y menos en esos
años, en las décadas de los cincuenta y sesenta, donde el único récord que
supimos conseguir fue la del país de Latinoamérica que menos creció en veinte
años.
Sólo nos superó Haití en ese ranking.
Esos
intelectuales ayudaron a demoler aquel Uruguay de la siesta conformista.
Con
todos sus defectos, preferimos esta etapa, donde estamos más humildes y ubicados
en la real estatura que tenemos en el mundo.
Pero tenemos que recuperar aquel
inconformismo y tratar de metérselo debajo de la piel al Uruguay
entero.
Antes les decía que la inteligencia que le sirve a un país es la
inteligencia distribuida.
Ahora les digo que el inconformismo que le sirve a
un país es el inconformismo distribuido.
El que ha invadido la vida de todos
los días y nos empuja a preguntarnos si lo que estoy haciendo no se puede hacer
mejor.
El inconformismo está en la naturaleza misma del trabajo que ustedes
hacen.
Se precisa que se nos haga a todos una segunda naturaleza.
Una
cultura del inconformismo es la que no nos deja parar hasta conseguir más kilos
por hectárea de trigo o más litros por vaca lechera.
Todo,
absolutamente todo, se puede hacer hoy un poco mejor que ayer.
Desde tender
la cama de un hotel a matrizar un circuito integrado.
Necesitamos una
epidemia de inconformismo. Y eso también es cultural, eso también se irradia
desde el centro intelectual de la sociedad a su periferia.
Es el
inconformismo el que ha ganado el respeto a pequeñas sociedades y a lo que
hacen.
Ahí andan los suizos, cuatro gatos locos como nosotros, que se dan el
lujo de andar por ahí vendiendo calidad suiza o precisión suiza.
Yo diría que
lo que de verdad venden es inteligencia e inconformismo suizos, ese que tienen
desparramado por toda la sociedad.
LA
EDUCACION ES EL CAMINO
Y
amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se
llama educación.
Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar.
Porque
una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer
los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el
tiempo.
Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a
ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras
demandas.
Pero hay que hacerlo.
Se lo debemos a nuestros hijos y
nietos.
Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro
tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al
conocimiento.
Yo
me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores,
después las transmisiones por satélite.
Después resultó que en mi televisor
aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde
Estados Unidos, España e Italia.
Después los celulares y después la
computadora, que al principio sólo servía para procesar números.
Cada una de
esas veces, me quedé con la boca abierta.
Pero ahora con Internet se me agotó
la capacidad de sorpresa.
Me siento como aquellos humanos que vieron una
rueda por primera vez.
O como los que vieron el fuego por primera vez.
Uno
siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.
Se están abriendo
las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a
disposición, todas las revistas científicas y todos los libros del mundo.
Y
probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo.
Es
abrumador.
Por
eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar
en ese torrente.
Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez
en el agua.
Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que
hablábamos antes.
Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben
hacerse las preguntas que valen la pena.
Es como una carrera en dos pistas,
allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para
la navegación trasatlántica.
Escuelas de tiempo completo, facultades en el
interior, enseñanza terciaria masificada.
Y probablemente, inglés desde el
preescolar en la enseñanza pública.
Porque el inglés no es el idioma que
hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el
mundo.
No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros
chiquilines.
Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la
explosión universal del conocimiento.
Este mundo nuevo no nos simplifica la
vida, nos la complica.
Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la
educación.
No hay tarea más grande delante de nosotros.
EL
IDEALISMO AL SERVICIO DEL ESTADO
Queridos
amigos, estamos en tiempos electorales.
En benditos y malditos tiempos
electorales.
Malditos, porque nos ponen a pelear y a correr carreras entre
nosotros.
Benditos, porque nos permiten la convivencia civilizada.
Y otra
vez benditos, porque con todas sus imperfecciones, nos hacen dueños de nuestro
destino. Aquí todos aprendimos que es preferible la peor democracia a la mejor
dictadura.
En los tiempos electorales, todos nos organizamos en grupos,
fracciones y partidos, nos rodeamos de técnicos y profesionales, y desfilamos
frente al soberano.
Hay adrenalina y entusiasmo.
Pero después, alguien
gana y alguien pierde.
Y eso no debería ser un drama.
Con unos o con
otros, la democracia uruguaya seguirá su camino e irá encontrando las fórmulas
hacia el bienestar.
Nos toque el lugar que nos toque, allí vamos a estar
tratando de poner el hombro.
Y estoy seguro de que ustedes también.
La
sociedad, el Estado y el Gobierno precisan de sus muchos talentos.
Y precisan
aún más de su actitud idealista.
Los que estamos aquí, nos acercamos a la
política para servir, NO para servirnos del Estado.
La buena fe es nuestra
única intransigencia. Casi todo lo demás es negociable. Gracias por
acompañarme.