Corría 1.981 y desde el diario, en Buenos Aires, me pedían telefónicamente que viajara a Módena, para cubrir la presentación dela nueva Ferrari 126 CK.
La noticia era importante para el mundo automovilístico. La escudería del cavallino rampante no ganaba el campeonato de Fórmula 1 desde 1.979, había despedido a su primer piloto, Jody Scheckter, y había dado ese lugar al joven canadiense Gilles Villeneuve quien formaría equipo con Didier Pironi.

Corría 1.981 y desde el diario, en Buenos Aires, me pedían telefónicamente que viajara a Módena, para cubrir la presentación dela nueva Ferrari 126 CK.
La noticia era importante para el mundo automovilístico. La escudería del cavallino rampante no ganaba el campeonato de Fórmula 1 desde 1.979, había despedido a su primer piloto, Jody Scheckter, y había dado ese lugar al joven canadiense Gilles Villeneuve quien formaría equipo con Didier Pironi.
Recuerdo que pregunté:
-¿Interesa una entrevista con Enzo Ferrari?
Del otro lado sentí una carcajada.
-Ferrari no da entrevistas. Olvidate de eso. Lo importante es que estemos presentes.


Realmente, yo no era una especialista en automovilismo.
Pero el nombre Ferrari era para mi algo mágico. Y cuando abordamos el tren con el fotógrafo Roberto Pera, ya iba con la idea de lograr una entrevista con el famoso commendatore.
Había leido mucho sobre el personaje. Decían que, aunque era ya un anciano y había vendido a la Fiat gran parte de las acciones de su empresa, seguía siendo autoritario, malhumorado, cínico, introvertido, despota con sus corredores, obsesionado con el trabajo, perfeccionista y tajante.
Desde la muerte de su hijo nunca participó de una reunión pública, no daba entrevistas a la prensa y tampoco con curría a las carreras.
Pero basta un dato que hoy podemos agregar para advertir la real dimensión del hombre: bajo su dirección (1947-88) Ferrari ganó más de 5000 carreras en todas las categorías y obtuvo 25 títulos de Campeonatos del Mundo.


Y allí estaba, en Maranello, una pequeña ciudad ubicada a 16 kilómetros al sur de Módena.
Maranello es sinónimo de Ferrari. El pueblo creció al mismo ritmo que la fábrica a la que acogía. Los éxitos de Ferrari hicieron que la empresa se desarrollara rápidamente, logrando que casi todos los negocios existentes giraran en torno a la casa del Cavallino Rampante.
En 1963, Il Commendatore fundó el Instituto Professionale per l´Industria e Artigianato (Instituto Profesional para la Industria y el Artesanado), una escuela de aprendizaje en la ciudad, cerca de la fábrica, de los que salen casi todos los técnicos e ingenieros que trabajan en Ferrari. Es por eso que, a pesar de la globalización, un gran porcentaje de los trabajadores de la fábrica son de la zona.


Tras las acreditaciones y luego de sortear las medidas de seguridad, vino la presentación de la nueva Ferrari.
Don Enzo, el gran viejo, no habló ese día. Estaba presente para dar testimonio simplemente.
Eran los técnicos los que explicaban que después de una decepcionante temporada 1.980 se había decidido crear un coche totalmente distinto de la obsoleta 312 T.
Diseñada por Mauro Forghieri la Ferrari 126 CK debía su nombre a que estaba dotada de un motor en V de 120 grados, con 6 ciclindros. La C sintetiza la palabra Competición


Los técnicos hablaban y yo miraba a Ferrari.
De pronto don Enzo dejó la presentación y se fue en dirección a las oficinas.
Su ida no causó sorpresa. Se sabía que ya tenía más de 80 años y que sufría mucho de los riñones.
Vi que Ferrari se iba y le hice una seña al fotógrafo para que me siguiera.
Y lo increíble sucedió. Llegue a las oficinas de Ferrari sin que nadie me preguntara siquiera quién era. Y allí estaba, preguntándole al ilustre viejo:
-Comendatore, soy argentino, ¿puedo hablar un minuto con usted?
Sorpresa. Ferrari me invitó a sentarme a su lado. Y yo, en lugar de decirle que quería entrevistarlo comienzo diciéndole:
-¿Sabe? Desde que era niño escuché a mi abuelo, un inmigrante de la Alta Italia, hablar de usted. ¿Se imagina lo contento que estaría si hoy me viera aquí a su lado?
Lo miré a los ojos y vi que sonreía.
-¿Cómo se llamaba su abuelo?
-Alfredo Parietti.
-Mi padre también se llamaba Alfredo.
-Mi abuelo era mecánico-, dije
-Mi padre era propietario de un taller de carpintería metálica y fue uno de los primeros en circular por Módena en automóvil. El quería que yo estudiara ingeniería pero yo alimentaba otros sueños.
-¿Cuáles?
-Yo quería ser corredor de autos o periodista deportivo o cantante lírico.


Sí, lo increíble estaba sucediendo. Aunque era una simple charla más que una entrevista. Me preguntó de qué signo era y le dije que capricorniano.
-¿Y usted?
-Yo nací el 18 de febrero aunque me anotaron el 20 porque en esos días hubo una gran nevada.
-Lo que son las cosas, yo tengo un hermano, que también se llama Alfredo y nació un 19 de febrero…


Ferrari contó aquel día que estudió hasta el tercer curso de técnica y a los 16 años era ya instructor en la escuela de torneros de Módena. Dos años después trabajaba como empleado en el cuerpo de bomberos.
A los 21 años entró como probador en la CMN, donde le ofrecieron la posibilidad de conducir un coche de competición. Debutó en la Parma Poggio di Berceto, clasificándose cuarto en la clase 3000. En 1920 pasó a la Alfa Romeo, con la que permaneció ligado, más o menos directamente, hasta 1939.


Ferrari me preguntaba de mi abuelo mecánico. Yo le contaba dejó Italia con su madre y un hermano, siendo niño y que aquí quedó parte de su familia, entre ellos algunos hermanos a los que nunca volvió a ver.
Y él me hablaba de su familia.
-Mi papá, Alfredo, murió en 1917, cuando yo tenía 19 años. Por esa fecha también murió Alfredino, mi hermano. Y yo, con 20 años, quedé a cargo de mi madre.

-¿Cómo comenzó con los automóviles?
-Yo comencé construyendo máquinas de precisión y recién en 1.946 me inicio como constructor de automóviles.


Una noche, cenando con periodistas amigos me contaron que a pesar del éxito en las carreras y la extraña atracción que ejercía sobre quienes le rodeaban, Ferrari era un hombre triste y solitario, golpeado por la vida en el flanco más débil de cualquier ser humano: la familia. A su primer hijo, Dino, ingeniero, le diagnosticaron una enfermedad degenerativa e incurable: atrofia muscular progresiva. Dino murió en 1956 a los 24 años causando un intenso dolor en Ferrari. Desde entonces Enzo visitaba todas las mañanas la tumba de su hijo antes de ir a trabajar.

Recuerdo el final de la charla.
-Le deseo muchos éxitos este año. Aunque usted siempre ha tenido éxitos.
-No se equivoque. En la vida he perdido todo: mi mujer, mi hijo Dino, la primera fábrica, la juventud, la buena vista, la pasión por las mujeres, muchas carreras y muchos coches. Casi le diría que me siento culpable de haber sobrevivido. De cualquier forma, no se si es bueno ser exitoso en Italia. Detrás del éxito hay algo terrible. Los italianos lo perdonan todo: a los ladrones, a los asesinos, a los corruptos, menos el éxito."
Enzo Ferrari murió en Módena el 22 de agosto de 1988, a los 90 años.
Aquella tarde en Maranello, quedaría para mi como un momento mágico. El día que mientras se presentaba la nueva Ferrari 1.981 de fórmula 1, don Enzo charlaba en una oficina sobre el abuelo de un joven corresponsal.



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